domingo, octubre 01, 2006

NADIE ME ENTIENDE

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Rodrigo Fresán es algo así como jazz (a pesar de que él prefiera el rock-pop) en la literatura. En el sentido de que a partir de unas melodías improvisa, una y otra vez historias distintas, que conforman una. Rodrigo Fresán es, también, la clase de autor que como Woody Allen o Enrique Vila-Matas empieza y termina en sí mismo de una forma muy personal. Lean cualquiera de sus magníficos artículos para Página/12 o Letras Libres. Es él. Luego ojeen sus libros. Es él mismo, again. Todo su trabajo conforma un universo propio en el que todo se va interconectando, casi como un tapiz de su amado Thomas Pynchon.

Esperanto es, de entrada, una primera novela bastante imperfecta. Es un vestido con pequeñas rasgaduras. Pero es gracias a esas imperfecciones que la novela se disfruta más. ¿Cómo? Con sus tres ingredientes secretos: Modestía, autoparodia, inteligencia. Y los hay raudales, suficientes como para que esta novela con sus virtuosismos, sus sentencias, sus diálogos divertídisimos y su grandiosa galería de personajes se convierta en una de mis favoritas, consciente, claro de que es como la vida: llena de irregularidades en su ritmo, a veces pareciendo que no arranca, pero finalmente contándonos algo y sobretodo, logrando que nos veamos nosotros mismos en este personaje desencantado y grandioso que es Federico Esperanto, cantautor argentino de 35 años, que vive otra de esas semanas, con el lector.

Fresán se introduce a él mismo (o quizá el reflejo mediático que se produjo con él tras Historia Argentina) bajo el nombre de Woodstock Baby, aunque todos, absolutamente todos, tenemos la certeza (la certeza del domingo, como diría su héroe) de que él está en las carnes de este hombre que pasea junto a sus fantasmas por las arenas de la patagónica Canciones Tristes.

Ensayo sobre los días de la semana que conforman el microcosmos de nuestras existencias, relatos atomizados por estos días, paseo por la Argentina esquizofrénica pero verdadera, y sobretodo diversión e inteligencia. Lo que no oculta que con esa juventud que necesita drogarse para pensar, no sea un diagnóstico bastante negro sobre nosotros mismos y que, con toda probabilidad, Fresán haya escrito sin enterarse una grandiosa novela generacional.

"Las canciones de los Beatles ya no eran canciones, eran signos de pertenencia y de reconocimiento, señales inequívocas de comunión más allá del tiempo y del espacio. Sí, esas canciones eran un privilegio y escribir canciones era un privilegio, descubrió Esperanto a la vez que comprendía que el conductor del automóvil podía llegar a ser su padre fugitivo o su hija súbitamente adolescente y ahora capacitada para alcanzar los pedales."

Digresión.: Hoy a la 1.30 (maldita la hora, lo sé) La 2 en un arrebato incontrolable emite Pauline en la playa, la mejor cinta de Eric Rohmer (bajo mi subjetivísimo punto de mira, claro).
AB.: El espíritu patriota.

5 comentarios:

Miguel Sanfeliu dijo...

Fresán me parece muy interesante. He leído muchos de sus artículos y su libro "Historia Argentina", pero en cuanto pueda seguiré con más.
Gracias por el aviso de la película.
Saludos.

Shangri-la dijo...

Hoy, 2 de octubre de 2006, zarpó de puerto desconocido una embarcación sin bandera que la identifique: SHANGRI-LA. DERIVAS Y FICCIONES APARTE.

Rosenrod dijo...

Fresán, Rohmer...

buenas compañías para atravesar el día.

Un saludo!

Unknown dijo...

Hola, Alvyn.
No sé, yo le perdí la fe a Fresán hace tiempo, y ahora sus artículos no me parecen tan interesantes. Quiero decir, cuando te lees la The Paris Review y el Harpers y eso, te das cuenta de que ya no es tan interesante. Su nota sobre "Everyman," que esperé con ganas, fue decepcionante.
Aún así, uno no deja de reconocer que gracias a él mucha literatura que ahora disfrutamos tuvo en él su primer eco; de otra manera nos habría pasado de largo.
Me gustan sus artículos de chismorreo literario, pero francamente no me gusta mucho su manera de comentar libros, sin evidencia fáctica a la mano, sólo aseveraciones grandilocuentes.
A lo mejor sólo estoy pasando por una clásica etapa de negación y después de un tiempo me reconcilie.
Un saludo a todos.

Francisco Ortiz dijo...

Defiendo a capa y espada las novelas imperfectas, como tú, porque están más llenas de vida.