jueves, agosto 17, 2006

BREVES (II) DE LIBROS

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Estos días sentía la necesidad no muy justificable de leer novelas cortas, breves, intensas, a sabiendas de la fugacidad de varios cuentos o de la imposibilidad de poder leer un buen novelón. Yendo a las bibliotecas de parientes saqueé El viejo y el mar de Hemingway. Es realmente un Hemingway accesible para todos[1], y un libro que se lee perfectamente como esa Moby Dick light y crepuscular que reconcilió a crítica y autor, cuando todo parecía perdido. Se lee con emoción y agrado pero no es el mejor del ganador del premio Nobel: si el ideal para pasar una agradable noche de verano, calmado por el viento y leyendo las peripecias de este Santiago trasunto del eterno capitán de todo barco literario, Achab.
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Después, Estrella Distante, se me presentaba como una oportunidad ideal para leer de una vez por todas a Roberto Bolaño. El resultado ha sido espectacular: es, indudablemente, un trabajo sumamente borgeano y por ello virtuoso. Pocos consiguen ser borgeanos de la manera que lo es Bolaño, sin rasgo alguno ni subyacente de los molestos academicismos excesivos. Girando en torno a la fascinante figura del criminal-poeta Carlos Wieder es una novela sobre el pasado y como esto repercute sobre nosotros, pero contado a través de una narración que se va multiplicando, repleta de anécdotas casi autobiográficas (neonazis, Blanes, detectives de homicidios)y alguna autorreferencia que demuestran que es una obra adjunta a La literatura nazi en América [2], (otro trabajo que parece sumamente borgeano). Como buen maestro es fabulosa la capacidad de asimilar a los grandes y de abrir infinitas posibilidades literarias. Además es una pieza maestra: atrapa al lector sumergiéndole en el estado de ánimo del narrador. Y es imposible olvidar a la Philip K. Dick Society, y a Graham Greenwood presidente de la misma, que busca la llegada del peculiar wargame diseñado por Wieder. Y tras Bolaño no puedo evitar releer con pasión otra vez El Jardín de los senderos que se bifurcan, y comprobar como el relato que da título al libro es además un relato infinito que uno nunca parece querer parar de leer, porqué gira sobre si mismo como el mismo Borges. con una inteligencia infinita.


[1] FRESÁN, RODRIGO. El pescador pescado. Letras Libres, Octubre del 2003. Léanlo aquí.
[2] PORTNOY, ALEX. Estrella Distante. El lamento de portnoy. 8 de Mayo del 2005. Léanlo aquí.

4 comentarios:

Mauricio Salvador dijo...

Amigo Alvin, la verdad es que las novelas cortas son lo mejor. Es interesante lo que dices de El viejo y el mar. Es interesante, por ejemplo, que digas que es "un libro que se lee perfectamente como esa Moby Dick light y crepuscular que reconcilió a crítica y autor". En sus últimos años, en una carta a no recuerdo quién, Hemingway se preciaba de haber conseguido con este libro la clase de prosa que siempre soñó. Un libro que, como dices "se lee con emoción y agrado" [..] "ideal para pasar una agradable noche de verano, calmado por el viento y leyendo las peripecias de este Santiago trasunto del eterno capitán de todo barco literario, Achab." Creo que eso es lo que principalmente uno busca al leer un libro, emoción, goce estético, y pasar una noche agradable de verano. Otra novela corta (que un amigo llama "el último gran poema norteamericano") comienza así: "This is a story to be read in bed in an old house on a rainy night." Es el comienzo de Oh What a Paradise It Seems, de Johny Cheever, que pienso que debería estar en una buena lista de novelas cortas (ahí tienes otro pretexto para que convoques a otro concurso). Sin embargo, no me parece que el adjetivo melvilleano le hubiera hecho mucha gracia a Papá, teniendo en mente lo que consideraba de Moby Dick y del lenguaje usado en Moby Dick, un lenguaje a millas de distancia de la transparencia y sencillez que Hem buscó para El Viejo y el Mar; lo mismo podría decirse del tema y de las obsesiones de sus autores. Quizá lo que los una haya sido la obsesión por el lenguaje, en el sentido práctico. Hem no volvió a alcanzar el lenguaje que logró en El Viejo y el Mar, la búsqueda de lo que él llamaba "la frase verdadera" y he ahí una posible causa para la muerte de un escritor cuya vida era reflejar la vida en una frase verdadera. La crítica, como dices, reconoció este libro de Hemingway dándole el Pulitzer y ayudando a consolidar su candidatura al Nobel.
El libro de Estrella Distante me gustó mucho, lo mismo que los cuentos de Llamadas Telefónicas y la última parte de 2666. Una novela corta que en lo particular me encanta se llama A Theft, de Saul Bellow, lo mismo que Desayuno en Tiffanys.

Mauricio Salvador dijo...

Por cierto, mi voto va para El ladrón de Shady Hill...

Alvy Singer dijo...

Pues es eso lo que me fascino de la novelita: como Hemingway rechaza ser Moby Dick sin poder dejar de serlo.

Cuando dice goce estético acierta plenamente: la novela es un bellísimo paisaje o estampa accesible a todos los lectores.

Y en la construcción de Santiago, no olvidemos la habilidad de Hemingway: a través de la reiteración de recuerdos (el gran DiMaggio ; el chico ) en su protagonista compone siempre la poética de su capitán y emocion a todos.

PD: Pues sí, pienso convocar el concurso de las mejores novelas breves. Y hacerme con la de Bellow.

¡Un saludo!

Francisco Ortiz dijo...

El viejo y el mar es mejor de lo que muchos creen, me alegra que lo menciones.