domingo, abril 01, 2007

Boy with the curious books

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Miguel Ángel Muñoz convoca un concurso del mejor libro de relatos de 1982-2007. No sólo ya he votado y les animo a hacerlo, sino que (público invisible) desde este rincón se imponen directrices ideológicas claves para seguir formando parte de este selecto club de lectores invisibles.

Ojito, chejovianos. Sugerencias de voto alvysingerianas para evitar una catástrofe. O mejor, dos. Y primero, enumeramos los errores:

-No queremos que gane Raymond Carver. Sería la horrorosa confirmación de que determinados hijitos generacionales adoran tanto a Carver que sólo ven (leen) a Carver. Es mentira ¿verdad?

-No queremos que gane Richard Ford. No nos parece ni de lejos un mal cuentista pero si un cuentista funcional, poco brillante y que basa todo su impacto en una vieja tradición del old american que dominan mejor Sam Shepard. Consideramos que deben de ser autores radicalmente evolucionados a Ford-Carver (y no hablamos de realismo vs. posmodernismo ni otros duelos fangosos) y que han asumido su tradición para innovar más.

Y ahora las sugerencias.:

-Si quiere usted ser un muchacho de bien puede votar....

....a Don Quim Monzó, El porqué de las cosas. Un libro inteligente e inquietante que abre muchas grietas en nuestra vida. Si, el original el perquè de tot plegat es mucho más sugerente y amplio pero el contenido sigue siendo igual.

-Si quiere usted ser un muchacho de notable, un tipo de hombría puede votar...

a Lorrie Moore (que estás en los Cielos), Pájaros de América. No es Carver y no hace falta, y si es tragicómica, como si fuera una mueca irreversible en nuestro rostro.

-Si quiere usted ser un outsider y el primero de la clase, debe votar....

a David Foster Wallace, La niña del pelo raro. En 1989 la vanguardia literaria no asistía a un momento de deificación. No nos confundamos: lo que hizo Foster Wallace fue continuar una línea díficil del relato, dónde la participación del lector es tan importante como el impacto emocional que tiene. Y, claro está, relatos que marcan un punto y aparte.: Lyndon, esa magnífica perversión histórica es el mejor de ellos.

Uncle Wiggily in Connecticut.

"Don't be funny,"

Es como una foto falsamente apacible de Diane Arbus, este cuento. Dos señoras hablando, plácidamente, tomando whisky. Sobre todo y nada a la vez (pero ya lo dice el velocirraptor de las cosas que tanto hablar de todo y nada se termina hablando de algo). Luego podemos pensar que Salinger es el escritor-cerrajero por excelencia, del que podemos abrir todas las puertas. Ramona, la niña triste, y yo nos hemos reencontrado en algunas páginas de Cheever. El ambiente, asfixiante, los cigarrillos, también estan en los no tan lejanos moteles de Sam Shepard. Eloise, con sus preguntas retóricas, está en cualquire página de Birds of América.

"I was a nice girl," she pleaded, "wasn't I?"

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jueves, marzo 29, 2007

El dia que el pop asaltó la literatura

El 24 de Marzo se cerró el NEO3, congreso de literatura última con una conferencia sobre las relaciones entre cultura popular y literatura que llevaron a cargo bajo la supervisión de Eloy Fernández-Porta, Julián Rodríguez, Agustín Fernández Mallo y Javier Calvo.

Fernández-Porta planteó la existencia de una alta cultura pop y baja cultura pop, con sonrisa malévola sabía que no era lo mismo citar a los Arctic Monkeys que a Alejandro Sanz. Javier Calvo dijo que era una cuestión de lugar y momento, y Fernández Mallo aseguraba que quería explorar el pop desde la superfície en un sentido literal y matemático.

Julián Rodríguez entró al trapo sobre si había otra forma de narrar que no fuera pop, si la literatura se podia mover en otros ámbitos que no fueran estos. Yo creo que ahí está la clave: ¿es verdaderamente correcto que otros narradores se muevan en ámbitos que esquiven esta cultura?

O lo que es lo mismo y tal y como sintetizó EFP: ¿Qué tiene más importancia para ti, Giorgio Agamben o Verano Azul?

lunes, marzo 26, 2007

Just before the war with the skimos

Estoy enamorado de Ginnie Mannox. La imagino siempre con su sombrerito dando tumbos por las avenidas del East Side. Y ya ven como fue su historia: Salinger nos hizo que descubriera al mesías. El chico sensible, lo saben. Ginnie tiene y tendrá para mí los ojos verdes. ¡Verdes! Su gorrito es, seguro, rojo y su sonrisa, fijo, un seguido de adjetivos superlativos a cada cual más bobalicón.

La historia de Ginnie no es la de todos nosotros. Nosotros somos la historia de Ginnie. Y aunque parezca un matiz bastante tonto, no lo es. Salinger nos cuenta como a través de una conversa, a través de lo miserable (el dinero que solicita del taxi, la deuda) Ginnie va a descubrir la clase de cosas que todavía no ha podido ver de cerca. Seguramente cuando coja el autobús entre la tercera y Lexington no va a volver a ser lo mismo.

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sábado, marzo 24, 2007

PASAJES: "HERZOG"

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Querido doktor-professor Heidegger. Quisiera saber qué intenta usted decir con la expresión "la caída en lo cotidiano". ¿Cuándo ocurrió esta caída? ¿Dónde estábamos cuando ocurrió?
Saul Bellow, Herzog

miércoles, marzo 21, 2007

Ultimate Sherlock Holmes

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Para compensar todo este torbellino de retrasos holmesianos... próximamente.... un macroespecial que no olvidarán. Mientras debería decir algo al respecto de lo de Neil Marshall ¿eh?

Pero si ya está la genial Young Sherlock Holmes, dirán. La idea de un Ultimate Sherlock Holmes (porqué nada de SH begins ¿eh? tiene que ser Ultimate para que sea molón) me parece muy atractiva siempre y cuando se haga una secuela conceptual de las virtudes de Levinson que deben ser asumidas por cualquier pupilo. La elección de Marshall de momento no me parece pero que Levinson/Spielberg/Amblin ya nos demostró que se puede reeditar a un mito siendo pulposo y fiel a la vez. No intenten irse por los cerros de úbeda pero construyan desde la dinamitzación. Y lean a Kim Newman, por favor. (ya saben lo que le pasó a Bryan Singer con otro símbolo por leer poco y ser nostálgico, ya lo saben).

Noel y yo tenemos una idea genial que debería ser tenida en cuenta por los más poderosos ejecutivos.:
Nuestra historia se estructura en una partida de ajedrez, en blanco y negro, una noche de lluvia con unos derrocados y ancianos Sherlock Holmes y James Moriarty. El corpus narrativo debe ser un largo flashback que corresponda a cada movimiento, por el amor de Nabokov.

domingo, marzo 18, 2007

The laughing man

The last good look I had at Mary Hudson, she was over near third base crying

Me encantan las anécdotas. Sentarse en el autobús, enamorarse, y escuchar una historia de un tiempo que parecía mejor. Así se crean los mitos, me cuentan. Luego pienso que el hombre que ríe podría ser el mismo tipo que cantaba aquello de estar enfadado con el mundo. Luego podríamos deducir que casi todas las historias de Salinger van del fracaso, y de nuevo empezar a formular un montón de teorías. Pero, vaya, en la historia del laughing freak puede que sea la mejor infantil (mano a mano entre Richard Linklater y Tod Browning) del amor adolescente. Es así, anecdótica (aparente), juguetona e inofensiva. Pero luego hay bastante más. Luego está Thirteen, la canción de Elliott Smith, que seguro (o casi), cantó tras tener en su mente este cuento. O al menos eso me pareció a mi.

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Down at dinghy

Al principio, y eso fue la primera impresión, Boo-Boo no parece la madre sino la hija. Parece que hablen, otra vez, de nuevo, de otro chico. Hablan de ella, dos chicas.

"I mean ya gotta weigh every word ya say around him," Sandra said. "It drives ya loony."
"I still can't drink this," Mrs. Snell said. ". . . That's terrible. When ya gotta weigh every word ya say and all."
"It drives ya loony! I mean it. Half the time I'm half loony." Sandra brushed some imaginary crumbs off her lap, and snorted. "A four-year-old kid!"
"He's kind of a good-lookin' kid," said Mrs. Snell. "Them big brown eyes and all."


Nadie habla nunca -nunca- de Mr. Tannenbaum, o al menos eso le parece a Boo-Boo. Harper's, 1949. Cuando se publica el cuento, que termina con una carrera en la playa, los que los leímos por primera vez de forma cronológica ya sabíamos muchas cosas. Sabíamos que iba a ser un día perfecto para Seymour Glass. La carrera en la playa tiene algo de heroico, que sé yo, de despedida, de juego. Mientras exista Boo-Boo todos parecerán niños prodigios. Pues ella es la madre



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martes, marzo 06, 2007

Contraseñas

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Ha muerto Baudrillard y creo que en un momento que su obra se miraba con cierto escepticismo considerando anticuada su teoría del simulacro. A mí me parecía muy interesante el análisis que aplicaba a esta nueva sociedad tras el 11S y me parecía la clave para descodificar toda la serie de culto Alias y sus inmensas virtudes como serie-reflejo de la era contemporánea.

El mejor capítulo que resumía a Baudirllard sin temores ni escrúpulos era aquél en que debían hacer creer a Jack Bristow que vivía en los años ochenta: el macrosimulacro al cuadrado. ¿Por qué? Bristow es el jefe de una agencia de agentes secretos, y éstos no sólo simulan un pasado, sino que también deben simular los secretos ocultos del pasado (puesto que Irina Derevko era también otra infiltrada). La mirada de Baudrillard se basa en la pérdida de lo real y de la identidad frente a un perfecto juego de simulaciones, luego llevado a cabo, casi de manual, la serie ideada por JJ Abrams, relee con gracia las estrategias fatales para cada una de sus secuencias de sexo.

Y si quieren, enfádense pero el problema de Scorsese con The Departed estriba en que no supo leer entre líneas la baudrillardiana excusa que movía el concepto sobre el cual gravita Infernal Affairs.

El mejor de los mundos

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Se descorcha sola (lo juro, estábamos allí) una botella de champán. Sin duda alguna parece el final o el principio ideal para el acto de homenaje a Quim Monzó.

Monzó se preguntó si el final de su trayectoria significaba que tenía una enfermedad terminal y no se había dado cuenta. Sin duda alguna a mi me sabe a pronto este homenaje (por otra parte merecido) a un escritor que le queda mucho que dar. Supongo que a él también: los cuentos de Monzó, lejos de buscar la ambición, se preguntan y abren una fractura sobre nuestra realidad impoluta. Sobre nuestra condición. Él siempre prefiere la cercanía de Bioy Casares a la de Carver.

En sus historias están todas las historias de amor , como diría el sabio, como en Marienbad.

domingo, marzo 04, 2007

Gritos y Susurros

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La mejor secuencia del neoremake El grito 2 es cuando Takashi Shimizu filma la imagen clásica de su espíritu femenino de larga y oscura melena repitiéndose en una serie de negativos de fotografía: es la perfecta definición autoconsciente de un director atrapado por su maquinaria de éxito en Occidente y condenado a reiterarla hasta el infinito. Si uno ve la película, ve como Shimizu introduce demasiados y muy claros mensajes de auxilio al espectador: cuando filma su tercera historia (la, en apariencia, más distante de las otras dos) lo hace con una inusual fuerza y variando completamente el esquema del susto rídiculo. De hecho, al terminar la película el mensaje es que la maldición no terminara nunca...

La senda de los remakes carbonizados alcanza en The Grudge 2 un punto límite (aunque se seguirán rodando, claro) hasta el punto de que Shimizu introduce suficientes claves irónicas que podrían llevarle al triunfo en futuras propuestas: la primera es la forma de filmar las calles de Tokyo, deliberadamente Coppola (Sofia), para rodar su especie de versión chunga de Lost in translation. Lo que en la película es mero apunte y sonrisa ante la rutinaria historia podría convertirse en una auténtica joya de hiperbolizarse todo ese carácter acumulativo e irónico respecto a sus contemporáneos, digamos, serios.
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De hecho la lejanía de dos productos como The Grudge 2 y la última de Sophie Coppola, Marie Antoinette no parece tanta. Mientras que Shimizu está agotado de reiterar los sustos y ya se dedica a hablar en clave, la única diferencia es que Coppola todavía sigue convencida de que está rodando de forma frívola una historia profunda (profunda contradicción que empapa toda su propuesta, esa seriedad malinterpretada por admirados blogueros). Marie Antoinette da también con una funcionalidad posindustrial lo que se espera de ella: una banda sonora tremendamente buena y selecta. una interpretación lógica en apartados de cultura y tendencias (también muy exclusivos) y una repetición de logros anteriores como método claro de personalidad y búsqueda. Y claro que no sé que me da más miedo si la trágica historia del muchacho bañado en harina que aparece en todas las eternas e inacabables partes de la saga o un Jason Schwartzmann castrado como actor
.

For Esme, With Love and Squalor

No tiene mucho sentido hablar de según que historias, porqué son historias para entenderlo todo o al menos practicamente. Es el caso de For Esmé, with love and squalor que es, perfectamente sacada de contexto, una versión salingeriana del esquema hemingwayano empleado en Farewell to the arms. Lo que no significa que esa fuera la intención pero tampoco altera ese resultado.

Al leer esa historia, al leer a Esmé halagando la inteligencia (es el gran momento de nuestro escritor recluso: el del reconocimiento de que hay algo en su conversador) del soldado es un subidón. Posiblemente porqué es como si los hermanos Coen hubiesen rodado, con razon de ser, una película como Salvar al soldado Ryan o algún capitulo de Hermanos de sangre: el resultado hubiera sido una descorazonadora y tristemente genial historia de amor dónde casi cada uno de los gestos (sean divertidos o no) tienen una importancia vital.

No es cursi nunca Salinger. Pero el sargento X abre sus cartas con una precisión de la que luego Chabon, sabedor de las ventajas de la domestic fiction en un mundo posmoderno, se hizo dueño y señorito en muchos de los momentos de Las aventuras de Kavalier y Clay.

Lo mejor es cuando Salinger habla. Lo hace de golpe. Casi malhumorado, como si le pudieramos ver refunfuñando. Pero claro, nunca va equivocado el gruñido.

"It doesn't have to be terribly prolific! Just so that it isn't childish and silly." She reflected. "I prefer stories about squalor."



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lunes, febrero 26, 2007

PRETTY MOUTH AND GREEN MY EYES

"Madame Bovary takes a course in Television Appreciation. God, if you knew how--"

Se trazan siempre muchas líneas sobre cada una de estas nueve historias. La más frecuente de ellas es la charla del autor con lo divino. Salinger juguetea con la anécdota y con su eterno tema místico y nos reta a atravesar lo obvio: se repiten muchas veces God y Christ, eso es, de veras, anecdótico, lo sabe. Sabe también que nos habla de lo humano.

Muchas veces las conversaciones desembocan hacia lugares inesperados. Muchas veces si uno se detiente en las conversaciones se da cuenta de lo absurdo del uso del verbo desembocar. Simplemente transcurren casi, diríase. El cuento habla del paso de las palabras y de nuestras angustias sin muchas vocaciones aparentemente claras: no hay otra atmósfera (mejor, claro) que la de las palabras.


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martes, febrero 20, 2007

D-FENS

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Puede que Noel tenga razón y puede que Un día de furia sea la película más de derechas que pueda hacer un realizador gay (por no salir de sus palabras sabias). Pero sin embargo hay algo en la histeria de este hombre, D-Fens (el nombre ya indica su condición de sublimación hecha personaje), que me inclina a pensar que es justamente lo contrario: y no les hablo de ideologías o indicios sino de aquella predicción de Jordi Costa que decía que la próxima revolución sería de consumidores.

D-Fens es el estadillo del grano de pus más grande que lleva como nombre sociedad neoliberal. Capital: Los Ángeles. Estado de ánimo: Furia, insatisfacción. Mensaje final: Una versión actual (es un decir, lo saben) de Minority Report (el relato). Y me van a disculpar la redudancia pero el final de Schumacher es en el fondo descorazadonador: el sistema puede ser capaz de funcionar y enmendar esas anomalías que genera con una facilidad mecánica.

La escena más perversa de la película es la de D-Fens y el neonazi. No sólo puede servir a los más ingenuos para marcar distancias entre el protagonista (la sublimación del hasta los huevos, simple y puramente) y la ideología neofacha sino que además obliga al espectador a escoger bando: ¿queda otra opción? Lo brillante en su resolución (los que han visto la película, la saben) es la pregunta sobre la ideología. No es que no haya diferencia entre métodos o ausencia, sino que la ideología está definitivamente muerta: ya sólo queda la pura y dura supervivencia que oblgia activamente al espectador a plantearse cada una de aquellas acciones que él (nosotros) consideraba políticamente correctas.

sábado, febrero 17, 2007

PARÁBOLA DE LA ADMIRACIÓN

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Se acaba de publicar Parábola de los talentos uno de esos libros de cuentos de una editorial pequeña, en fin, como suele ocurrir una antología de, valga el oxímoron pesado y metálico, nuevas promesas. Como si una promesa pudiera ser antigua o incertera, como si el talento no existiese ya más allá de la decepción o la falacia.

Y por qué diantres hago yo promoción de una antología que, en general, puede no venirme ni irme. ¿Por amistad? Quizá, si. ¿Por admiración? Ni que fuera tan distinto de la otra pregunta. Si, señores. Les hablo de uno de los incluidos: Matias Candeira.

Las conversaciones con Matías, a poco a poco, se te hacen inolvidables y en el recuerdo se convierten en una pequeña novela de esas en los que lo importante al fin y al cabo son las aventuras con los compañeros, los instantes invisibles y muchas veces inexistentes. Y el secreto está en la admiración, al menos por mi parte. A mi Candeira y su prosa surreal (postreal me gusta llamarla en secreto) me provocan una fascinación enorme y puede que ahí este el secreto en mi aprecio por él, un lazo que se hace fuerte en cada conversa. Es imposible no admirarle, no compartir esas filias y fobias y no llevarle la contraria con la timidez de un universitario que quiere parecer que se sabe. Si es mi amigo, pero lo es porqué lo admiro muchísimo.

Cuando se muere la nevera , incluído en esta antología, es uno de mis cuentos favoritos. No lo es por nada más que es un cuento con vida. Candeira es un escritor muy parecido a Lorrie Moore: en sus cuentos el aire que se respira es el de la autenticidad, y con ellos es capaz de llevarnos a relfexiones mejores que las de cualquier sucesión discursiva de ultrarracionales argumentos pseudometafíscios en cualquier libro de filosofía. De esa emoción nace una percepción del mundo para el lector completamente nueva y no miento, que mucho cuento malo he mamado ya. Tiene uno de los principios más bellos:

Un día va la nevera y se muere, en un gesto incomprensible.

Y está esa perplejidad que nos rodea ,casi postexistencialista. Ese absurdo que ya se ha convertido en una rutina, en un pesar mientras transcurren nuestros días.

Lo cierto es que no es posible.
Está muy claro lo que ha ocurrido.

viernes, febrero 16, 2007

DE DAUMIER SMITH'S BLUE PERIOD

If It Made any real sense --and it doesn't begin to --

Puede que con esas cartas que mandaba, fuera Salinger el advenizo de aquél otro amante del género epistolar que decía que si estaba chiflado tanto mejor.

I'm tempted of say that Thursday evening was peculiar or perhaps macabre, but the fact is, I have no bill-filling adjectives for Thursday evening.

Puede que con De-Daumier Smith's Blue Period descubriera muchas más cosas sobre el antes y el después, prosiguiendo una inevitable y casi diría, con los ojos cerrados ante lo que es un libro favorito, mística ruta de lectura. Aquí no era tanto la aparición de ese maravilloso dibujo de Jescuristo como ese estudiante falsificador rondador de escuelas que tanto se parece a Max Fischer, otro genio de la mentira como la más vieja y sincera forma de comunicación. O esa prosa, de humor enloquecido e imparable, que me recordó en su primera lectura a los cuentos de Woody Allen con un pie costumbrista y el otro como siempre reformulando alguno de los temas contemporáneos. Tobias Wolff quiso contarnos como él fue Salinger en Vieja Escuela y hay un momento muy Daumier-Smith: Si aquí el protaognista descubría el talento tras una vulgar monja en clausura, allí era el plagio de un relato de una chica inconsciente. En ambas el descubrimiento conlleva cierto desencanto, cierta bajada de la realidad y un choque, bellísimo, íntimo, entre sensaciones divinas causadas por humanos. Quizá podamos hablar de ese gran tema pero es que Salinger hasta para eso se dedicó a hablarnos de todo a la vez.

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jueves, febrero 15, 2007

SANTA PATRIA

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Lo comentaba todo el mundo: la visión japonesa del asunto tiene que ser (aún) mejor. De hecho era la idea perspectivista lo realmente interesante en la apuesta de Clint Eastwood. Y ahí lo tienen: Banderas de nuestros padres es una película perfectamente triste y valiente, como pocas y llena de motivos.

Cartas desde Iwo Jima es aburrida y es una definición de eso que Nacho Vigalondo llama drama mazacote. Es una forma errónea de entender el lado japonés: a través de la mutación mimética a su tópico y cine, cuyo resultado es poco menos que extravagante.

El caso es que es curioso lo extraño en que se complementa la película con Inland Empire de David Lynch.: en ambas los directores intentan reeditar sus mejores virtudes. La diferencia con Lynch es que su resultado es comparable a una visión más cercana a Deconstructing Harry que otra cosa, y la versión de Eastwood es asmática y agotadora por reiteración.

Puede que a los exóticos les guste pero sus virtudes están por completo anuladas ante un discurso harto tópico e hiperbólico más propio de la comedia que de la verdadera reflexión, como ya digo siempre la hipérbole no acostumbra a gustarme en un drama. Y es que amigos la colección de suicidios es risible. Por no hablar del protagonista, y la confusión que tiene el espectador entre idiotez y candidez en toda la película.

Clint ha confundido empatía con (intento) de simulación, de mutación. Debería haberse conformado con contar con sus propios recursos poéticos, que tienen un origen cultural (norteamericano, él) para acercarse al otro lado. Ello no significa que la idea siga siendo mejor que el resultado y que tenga una escena memorable que resume lo que luego se redunda hasta el flato: la del coronel encarnado por Watanabe charlando con sus amigos norteamericanos en una cena. Y la película puede dar pie a que quizá se empiezen a hacer superproducciones bélicas contadas no ya desde el otro lado sino por el otro lado. Ya hay claro, pero yo hablo de cantidad.

Flags of our fathers.

martes, febrero 13, 2007

DIEZ NO LOGOS SOBRE LA LITERATURA Y POP (VII)

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Eloy Fernández-Porta es miembro de honor de este Rincón desde siempre. Ahora se presta generoso a ofrecernos un adelanto de su próxima disquisición imprescindible en formato de ensayo llamado Afterpop: La Literatura de la Implosión Mediática. En exclusiva un adelanto.

VII. TUS FILIAS SON POP : TUS FOBIAS SON PULP.
La distinción entre órdenes o géneros culturales puede plantearse a partir de un esquema psiconalítico. El ámbito del pop es el de la filia, el goce del objeto y de la novedad entendido como goce obligatorio, compulsivo. Lo ejemplifican dos episodios de American Psycho de Bret Easton Ellis en que Patrick Bateman dedica varias páginas a comentar la discografÌa de dos de sus grupos favoritos: Huey Lewis and the News y los Genesis post-Peter Gabriel. En ambos casos su descripción del objeto de consumo como objeto de goce está recorrida por un siniestro candor: es una combinación de crÌtica musical blanda a lo Rolling Stone ("la mejor y la más interesante banda que surgió en Inglaterra en los años ochenta") con epifanÌas sentimentales de mal gusto ("¿Acaso algún grupo ha presentado en términos más íntimos los aspectos negativos del divorcio?") y apelaciones autobiográficas ("lo que hace que esta canción sea tan excitante es ese final con el narrador que nunca se entera de nada"). El goce naif del Bateman-comentarista-de-rock aclara mucho sobre su papel como asesino: se comporta como un modelo ideal de consumidor que vive y siente los mensajes publicitarios al pie de la letra, con una intensidad que ni siquiera un fan podrÌa sentir. Es una perversión parecida a la que tiene el agente Cooper de Twin Peaks, que encuentra "delicioso" y "exquisito" hasta el pastel o donut más vulgar. "°Tiene usted el estómago de una hormiga!", le dice su compañero de aventuras: en efecto, la filia comercial es psicótica y sólo puede redundar en el crimen. En su adaptación al cine de la novela Mary Harron tuvo una excelente ocurrencia: cruzó el capítulo sobre Huey Lewis con el del primer asesinato de un colega de trabajo, de manera que Bateman le clava el hacha en la cabeza a su vÌctima mientras comenta, extasiado, la canción "HipTobe Square". El que intenta venderte un disco quiere sajarte la cabeza: paroxismo y crimen: tal es la psicosis del consumo.
Freud define la fobia como un temor irracional que causa reacciones p·nicas, y cuyos orÌgenes cabe rastrear en la historia personal o en elementos psicosociales. El personaje literario que mejor representa la fobia de nuestro tiempo es Cayce Pollard, la coolhunter que protagoniza la novela de William Gibson Pattern Recognition (Mundo espejo). La clarividencia social y comercial de Pollard est·ádirectamente relacionada con una experiencia traumática: "El muñeco de MichelÌn fue la primera marca comercial ante la que manifestÛ una reacción fóbica. Tenía seis años." A partir de ese trauma originario Pollard desarrolla una reacciÛn contra todas las marcas corporativas; especialmente significativo es su ataque de Tommyfobia (de Tommy Hillfiger) en los primeros capÌtulos de la novela. Esta idea del pulp como inconsciente del pop se ha desarrollado también en el cómic independiente norteamericano. En un texto autobiográfico Daniel Clowes describe su reacción ante la portada de un número de la revista Strange Adventures que representaba a un matrimonio convencional con niños pasando un domingo en el jardÌn, jugando en la piscina bajo el sol: "me eché a llorar y empecé a darme de cabezazos contra la pared por lo angustiosa que me parecÌa esa situación". Esta representación de la reacción fóbica al pop coincide con la de una historieta de la serie de Charles Burns Misterios de la carne en que una mujer huye hipando histéricamente de una sala de proyección en que pueden verse las im·genes de una hamburguesa y una cama de matrimonio. La huida fóbica –s·lvese quien pueda– no lleva, en estos y otros casos, al purismo, sino a una reescritura de la lÌnea secreta de la cultura popular contra la principal.
La aparición de una nómina o enciclopedia de referentes junto con la puesta en escena de una reacción p·nica constituye el doble movimiento, de an·lisis y repulsión, que define a la literatura como crÌtica de la cultura: historizar la cultura contempor·nea (por medio de un archivo seleccionado de sus casos) e histerizarla por medio de la crisis fóbica.

viernes, febrero 09, 2007

TEDDY

Salinger era un profeta como Philip K. Dick. Pero de otra manera, supongo, aunque no tan distinta como les pueda parecer. Teddy es un niño prodigio que ya ha visto la verdad, lo sabe todo y eso lo hace maravilloso al leerlo, un poco como Salinger que cuando descubrió lo que Teddy quizá iniciase ese santo silencio. Y el uso del cristianismo, como estigma de Palmer Eldritch, también une a estos dos genios en los vericuetos de la realidad, en los misterios ocultos tras los márgenes de la percepción humana. La verdad es que todavía no he podido olvidar cuando Teddy exclama ¿Se acuerda de la manzana que Adán comió en el Edén, como se cuenta en la Biblia? –preguntó-. ¿Sabe lo que había en esa manzana? Lógica. La lógica y demás cosas intelectuales. Eso es lo único que tenía dentro. Así que (esto es lo que quiero señalar) lo que tiene que hacer es vomitar todo eso si quiere ver las cosas como realmente son. Quiero decir que si lo vomita, no va a tener problemas con trozos de madera y cosas así. Ya no verá las cosas acabando todo el tiempo. Y sabrá qué es en realidad su brazo, si le interesa saberlo. ¿comprende lo que quiero decir? ¿Cree que lo ha entendido?

miércoles, febrero 07, 2007

Vigilar y Castigar (III)

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En la sensacional Wanted Mark Millar es capaz de arrancar de cuajo varias reflexiones foucaltianas sin complicarse la vida: desde luego la sencillez no era el talento del filósofo francés, pero sus reflexiones no escapan a nuestro escocés favorito que aunque no le suene Foucault da igual: es una referencia casi obligada para saborear tanto su obra como lo hago yo, Millar es un gourmet del sarcasmo inteligente.

En su visión de estos supervillanos que pueden matar, robar o violar, se oculta una estudio incluido en la obrita de marras la mar de interesante: la inspección jerarquica y la sanción normalizadora. Lo impresionante al principio de Wanted es como Wesley Gibson aprende esa reiterada y amadísima y certera idea del saber es poder (también la usa Dick pero en términos próximos a otro clásico de lo que ya hablaré más adelante) a través de una arbitrariedad: Gibson en definitiva descubre la falsedad y el derrumbamiento de su hastío (luego en el desarrollo de la obra, las cosas cambian pero hablo de ese momento inmediatamente inicial) a través de ver como su mediocridad no era más que una función orgánica. Los delincuentes son aquellos que no cumplen las tareas que se les han asignado.... y en este caso algunos de estos delincuentes presiden la jerarquía.

sábado, febrero 03, 2007

Vigilar y Castigar (II)

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La técnica penitenciaria y el hombre delincuente son, en cierto modo, hermanos gemelos.(...) Aparecieron los dos juntos y uno en la prolongación del otro, como un conjunto tecnológico que forma y recorta el objeto al que aplica sus instrumentos(...)
MICHEL FOUCAULT

En su última colaboración en la serie de Lobezno, el guionista Mark Millar termina con una historia autoconclusiva llamada Prisionero Número Zero que fue acusada de antisemita, como viene siendo habitual en la obra del escocés y esta vez la excusa era que transcure en un campo de concentración nazi.
Partiendo de una situación basada en Watchmen , en la que se le da la inversa a la situación del prisionero / guardas, Millar teje una reflexión muy interesante también no sobre el funcionamiento del sistema penitenciario (que sería algo harto obvio) sino que a partir de un espejo histórico no deforma sino que muestra la figura de Lobezno (el icono) como un espectral fantasma inmortal, que se niega a morir tras miles de fusilamientos. El juego de espejos es muy interesante: por un lado Lobezno ejerce de espíritu vengador de una conciencia ausente en un entorno de una atmósfera irreal y opresiva (la presencia del frío, de la nieve).

Por otro lado la inteligentísima jugada de Millar es aplaudible: no por el hecho de escoger a un oficial nazi para que nos cuente la historia (el principal motivo por el que se escandalizan los críticos, claro) sino por el hecho de observar como la línea de la locura y la cordura puede tener relación con esos actos inmorales como son la tortura y el asesinato arbitrario. Millar es optimista: Foucault creía que estábamos vigilados y programados en nuestra conducta por la sociedad misma que se encargaba de castigar lo anormal, Millar cree que aún es posible en lo más sombrío avivar la llama de lo subversivo. Y lo dice sin usar discursos pegajosos, oiga.

AB: Me tienen ahí, al pie del cañón, en Papel en Blanco, en Sin Seudónimo.

martes, enero 30, 2007

Vigilar y Castigar

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"Una historia sobre lo asquerosas que se pueden volver las personas cuando todo en lo que creían empieza a hacerse pedazos"
NOEL CEBALLOS

Ya ven que ya se hicieron unas reivindicaciones muy sabias sobre esa épica zombie que es The walking dead. Así que, será cuestión de exámenes, apetece hablar de esto hoy aunque no haré algo que ya está bien explicado. Me centraré en uno de los momentos más apasionantes e inteligentes.

Seguridad tras los barrotes (Safety Behind the Bars) es uno de los más maravillosos acercamientos a Foucault y Zizek sin pretensiones ni señalizaciones. Pocas veces he visto Vigilar y castigar tan bien sintetizado sin que por ello se pierdan los zombies. Si bien es cierto que tal como dice Noel la serie es sobre la condición humana (creo firmemente que el título es una alegoría referente a los vivos y a las reglas por las que han decidido regir su ya extinto mundo), yo redundaría en que insiste mucho en la moral y el comportamiento humano.


La escena más foucaltiana en ese sentido es cuando Rick dice que es el jefe porqué él es el sheriff. Hace referencia a un orden impuesto por otra cárcel (la de la sociedad, que ya no existe) y se erige líder él por su placa. Y nadie le discute porqué están enseñados a confiar en ese tipo de orden moral.
Lo interesante, y una pirueta un tanto zizekiana, es la llegada a la cárcel: Dexter, Andrew, Axel y Thomas. Cuando llegan a la cárcel hay paz, y es curioso, a priori, porqué se trata de delincuentes.


Tras el derrumbe de la URSS y la llegada de la democrática libertad, en Rusia las cosas fueron de mal en peor como ya sabemos. La formación de las mafias rusas no responde tanto a un instinto de delincuencia sino como a un instinto de orden y seguridad (una fe) que si se encontraba con la férrea dictadura comunista. Con los protagonistas de este capítulo ocurre lo mismo: necesitados de un orden moral necesitan formarse pequeños grupos o… volverse locos.

Thomas, el preso responsable del asesinato de dos niñas, es una muestra de esta explosión de locura tras la libertad (sin cárcel, sin reglas). La decisión que adopta al final Dexter de echar a nuestros protagonistas no deja de ser lógica: venidos del mundo libre (es un decir) han traído una terrible espiral de sangre a la cárcel. Los presos vuelven a su hábitat con ilusión ¿Por qué? Allí ya han encontrado su propia función y no están dispuestas a cambiarla o a que se la arrebaten.

lunes, enero 29, 2007

1408 (UN RELATO)

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El otro día leí algo muy cierto sobre la literatura (y enmarcado todo en la velocidad de las cosas). Y mientras espero lo obvio, ayer releí Paranoia: Un canto de Stephen King.: la sensación que tuve fue aún mejor que la de la primea lectura. La primera lectura fue mi entrada en el kingverso, me regalaron una vieja edición de Historias fantásticas que me llamaba la atención por la portada, que era básicamente una calavera que me traía reminiscencias del Cryptkeeper (en eso estaba yo admirado a mis doce). Paranoia parece un Raymond Carver pasando por el filtro de la anfetamina creativa. O sea que es excelente y caníbal, aunque eso ya lo sabíamos.

1408 es la nueva adaptación oficiosa, de Hollywood del nativo de Maine. Mientras continuo redundando les dejo aquí el relato en word: es más que recomendable y resume con una gracia simpar esos logros de intertextualidad que tan bien vió Portnoy en su dia. Disfrutenlo porqué la película pinta poco más de una sonrisilla cómplice.

¿Es Dreamcatcher recomendable? Por motivos que no vienen al caso es un libro que ojeo durante el trabajo. Veremos si lo pesco. Cell me sigue pareciendo un posible y seguro divertimento.

viernes, enero 26, 2007

LOS 10 DEBUTS (Novelísticos) MÁS ACOJONANTES DEL SIGLO XX (y II)

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5. The Damnation Game de Clive Barker.
Lo más parecido a un desvirgamiento estético por parte de cualquier adolescente que se acerque a este primer Barker: reescritura del Fausto en clave perversa (y barkeriana.: llena de incestos sexuales, mutilaciones cafres). Si a los que vieron Hellraiser ese Londres ya les pareció sucio prepárense: en esta maravillosa novella Londres es el infierno con niebla y frío.
The Welles Syndrome: Cabal e Imajica deberían hacer que no tuviésemos en cuenta los agradecidos caminos con los que no bifurcamos.


4. Carrie de Stephen King.
Esto es: la primera menstruación lectora. Va, sin chistes obvios, el debut de King es un motivo, más que suficiente (y DePalma aparte), para acallar a sus más enfurecidos y convencidos detractores: una maravillosa historia sobre el lento aprendizaje (de niña a mujer) revestida con una sanguinaria y desoladora venganza.
The Welles Syndrome.: Esto sólo fue un prólogo: después llegó Richard Bachman, Salem’s Lot, Apocalipsis, It y un montón de horror stories inolvidables.

3. Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides.
Posiblemente el día de la resurrección de JD Salinger justo enfrente de nuestra casa. Posiblemente un jardín dónde también se dan la mano John Cheever o hasta el más aterciopelado David Lynch. Posiblemente el más justificado síndrome de envidia (malsana) de debut. Y el más aterradoramente cercano.
The Welles Syndrome: Middlesex es, en fin, otro intento de reescribir la big big big american novel, muy interesante. Eugenides escoge largos períodos y eso da al lector la posibilidad de asimilación.

2. V de Thomas Pynchon.
A pesar de que ya vivimos en una era pynchoniana, acercarse a esta novela de más de 40 años sigue suponiendo enfrentarse a un montón de páginas que van muchísimo más deprisa que el lector, y sumergirse en la cloacas del caos de un mundo, el nuestro, que a veces es más extraño y más bello. Esta novela sigue siendo la gran revolución narrativa del siglo XX, aún vigente. Sigo preguntándome, como los anarquistas de Egipto, como los cazadores de reptiles, que diantres es V. Quizá ya lo sepamos.
The Welles Syndrome: Superadísimo: a la espera de Against the day, El arco iris de la gravedad es una obra que propone, tal como dicen los sabios, la ciencia ficción al revés capaz de superar tan gran debut.

1.Cosecha Roja de Dashiell Hammet.
La novela (negra o no) más importante en terrenos mitológicos para mí. Y encima una primera novela. Es una historia tan universal (la del comportamiento humano, claro) que ya pueden ser samuráis, cowboys, gángsteres, o demás: Poisonville seguirá siendo nuestro infierno perfecto.
The Welles Syndrome: Con El halcón maltés Hammet creó otro mito a la altura de la fascinación de este primer viaje.

Protesten, sus plegarias serán escuchadas. ¿DFW? (no he leído la broma infinita) Y recuerden muchos de los no citados ya están aquí. Solo podía repetir uno.

jueves, enero 25, 2007

LOS 10 DEBUTS (Novelísticos) MÁS ACOJONANTES DEL SIGLO XX (I)

Muchos de los imprescindibles ya estaban en mi otro top de novellas, así que intentaré repetir sólo uno.
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10. Esperanto de Rodrigo Fresán.
Ordenada por los días de la semana y a priori cosida como si de un vago remedo de Easton Ellis se tratara, nada más lejos de la realidad. La primera entrada del lector a Canciones Tristes se hará inolvidable: no sólo se va a reencontrar con el gran mito de la flatulencia en próximas entregas, sino que verá en Esperanto (suerte de profeta) una voz y un canto generacional sin malos directos.
The Welles Syndrome: Fresán corona en Esperanto una suerte de nueva literatura en habla hispana: su obra posterior es tan superior que parece que su debut sea una pequeña nimiez. Y no lo crean.

9. Fight Club de Chuck Palahniuk.
Lo más parecido a un puñetazo al mundo editorial, al lector, y a los estupefactos (otros autores). Este debut arranca de cuajo, y como si fueran dientes oiga, las letras de la palabra de marras y es capaz de dejar al más astutillo merodeador ideológico en pañales. De un ritmo indudable y un contenido radiográfico a estas alturas memorable (¿acaso fue algún día menos?) la novela se desliza por el más poderoso terreno de Stephen King hasta la verdadera conspiranoia tradicional de la Santa Escuela de los Entrópicos.
The Welles Syndrome.: Palahniuk siguió en línea ascendente pero parece renegar aún de haber entregado su mejor trabajo. Su última Fantasmas deja al autor en un abismo, entre el exceso autoconsciente y la incredulidad por falta de (verdadero) riesgo.


8. Trampa-22 de Joseph Heller.
Un vistazo mortal al divertido horror de la guerra, una descomunal novela anticipatoria que ayudaría a entender un momento determinado (la guerra del Vietnam) y también a que naciesen otros mitos como MASH. El capitán John Yossarian más que un testigo es, prácticamente, un muerto viviente en avión en una guerra considerada aún como una victoria.
The Welles Syndrome: Es tendencia (oficiosa) pensar que la obra posterior de Heller no sobrevivió a tamaño bombardeo literario. Pero rescaten por allí Good as Gold (Tan bueno como el oro) muchos de ustedes van a descubrir al mejor y más desatado humor judío a costa de una situación genial: ¿y si hubiese un presidente de los estados unidos judío? A reivindicar.

7. El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers.
Pocos debuts que dejan al lector sin palabras como éste (¡literalmente!). Con una raza y estilo sureño común con otras autoras como Flannery O’Connor, el de McCullers es un viaje silencioso a través de los rincones del alma humana más pantanosos. Imprescindible.
The Welles Syndrome: Puede que en novelística McCullers ya diera su mejor do de pecho, pero no hay que desdeñar su excelente labor como cuentista, con un lenguaje delicadísimo. The ballad of the sad café es un ejemplar a rescatar desde ya.


6. Player Piano de Kurt Vonnegut.
Estupenda puesta en el ruedo de Vonnegut: una novela que juguetea muy bien con ese tema que pasea con envidiable normalidad por toda su biblografía, la tecnología y su influencia en nuestras existencias. Puede que los dilemas de Paul Proteus sea lo más parecido a una ciencia ficción que bucea en terrenos sociales y subversivos. Como siempre fue.
The Welles Syndrome: Una broma: Madre noche, las sirenas del Titán, El desayuno de los campeones, Matadero 5….

PD.: Los muchachos de
Papel en Blanco me han escogido como uno de sus miembros (¡y sin seudónimo!). Y quizá piensen: tan joven y ya prostituido. No, hombre no. Básicamente escribo lo mismo que aquí pero más breve y algo más rápido. La similitud de los temas es alarmante, ya ven que lo del cambio de discurso me cuesta un horror. Si me ven convertido en un gigoló impostado rollo JT Leory, avísenme.

miércoles, enero 24, 2007

KAPUSCINSKI, EL TIEMPO

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Me lo dijo Mycroft ya. Una mala noticia porqué muere el más hábil historiador o mejor periodista de los que teníamos en activo. Ryszard Kapuscinski dijo que no era oficios para los cínicos, pero también sabía que no era para los ingenuos.

En uno de mis libros favoritos, Ébano, el autor retrataba con una implacable verdad lo extraño del paso del tiempo. Contaba que la espera de los africanos en sus paradas de autobús no se les hacía eterna, ni nada por el estilo, a pesar de estar algo así como más de un día o casi dos, o muchas veces más. El motivo que daba es que, simplemente, no había otra cosa que hacer.

La pobreza ya no genera revoluciones, sino acomodamientos. El pobre trata de encontrar algún lugar de adaptación. La adaptación es la única respuesta del pobre. El dinamismo se da en las emigraciones: pero sólo una minoría sigue ese camino.

martes, enero 23, 2007

PLAYGROUND PIGS

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Previously on Hermano Cerdo:
Un sensacional duelo que jamás existió entre Heidi Julavits y Ruth Franklin.

Y en el número de hoy.: ensayos sobre la inédita House of the leaves de Mark Z. Danielewksi, con reivindicación incluida. Y el último cuento de Lorrie Moore. Y nuestro jazz-writer favorito, JS de Monfort.

Y un premiable y mucho me temo que muy habitual cameo en el staff de la redacción. Premio para el que lo adivine. Descarguenlo aquí, y sean felices. Miguel Habedero, once again. Por suerte.

domingo, enero 21, 2007

White Noise

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En el principio (del final del siglo XX) Bret Easton Ellis fue la luz y faro de la literatura norteamericana. Todas sus críticas favorables podrían resumirse tal búsqueda de google: crítica+brutal+sociedad+consumo (los hay que descubrieron a América).
En el principio (del siglo XXI) Bret Easton Ellis fue el símbolo de los pasados de moda, y en todas sus críticas negativas se apreciaba otra inequívoca frase (comparativa, desquiciadamente inoperante como argumento analítico) búsqueda de google: Chuck+Palahniuk+es+mejor+que+Easton+Ellis (los hay que leyeron El club de la lucha para llevar a la librería de segunda mano American Psycho).

Ninguno de nosotros se conocía de verdad porque todavía no éramos una família. Sólo éramos un grupo de supervivientes en un mundo sin nombre.

Supongo que debutar con algo tan fascinantemente redondo como Less tan zero requiere tiempo. Y no para el escritor (sólo) sino para los lectores: hay que asimilar todo esto, este clásico que parece provenir de la profecía de Jim Morrison en The End en la que anunciaba the children are insane…. y ver después por dónde transitar. Bret Easton Ellis pasó por ser el representante y gran salvador de la novelística norteamericana más nihilista (¡Norman Mailer sacó sus guantes para defender American Psycho!) al sobrevalorado de “la década”. Ni una cosa ni otra, entre Menos que cero y esta, Lunar Park han pasado la alargada Las reglas del juego, la imperfecta y divertida American Psycho y el resacón de la reiteración por abuso, Glamourama.

Aparentemente Lunar Park es otra jugada ellisiana planteada igual que Glamourama: el divertimento bajo la excusa de remitirse al esquema de un bestelling de calidad (en la primera Ludlum, en esta The Shinning del maestro). Pero si uno percibe, más allá del formalismo del Exchange del presente por pasado, se da cuenta de que Ellis inicia su más interesante travesía metaficcional y autoindagatoria hasta la fecha. Lo que supone (a falta de leer sus relatos) y teniendo como otro destello la estimable andanza de Bateman, una digestión correcta de su primera obra y además un inicio de empezar a transitar otros caminos, sin que ello signifique que no siga siendo el estilo de Ellis con su posthemingwayana frase breve (que aquí adquiere su verdadera y mejor forma)


Se hizo un silencio de complicidad, de conspiración

Y rinde cuentas a Stephen King (maestro y preceptor al fin y al cabo de él y Palahniuk), pero también, en este caso a lo que él considera (en este mismo orden) sus dos autores favoritos: Philip Roth y Don DeLillo. Del primero relee Patrimonio a su manera, y del segundo esa esquizoide paradisiaca vida en la que uno intuye el Ruido de Fondo.

Este Easton Ellis no aboga a la metaficción por gusto, a este Ellis le confunden con Jay McInerney, le joden los calentones con su estudiante de taller y es, en efecto, el mismo bastardo que era de esperar como padre.
Tiene esta novela un par de motivos para leerla porqué sí:
-Parafreseando de memoria una frase tonesiana de Laboratorio infernal: al menos servirá para que muchos descubran a Stephen King.
-Y sin salir del nativo de Maine: que Easton Ellis no beba (que se puede mamar, echar un trego o emborrachar), sino situe en su misma escala de valores referenciales a Roth , DeLillo y King, no sólo es coherente sino que además me provoca una complicidad más que sana con él.

sábado, enero 20, 2007

PASAJES: "THE WIND-UP CHRONICLE"

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Noel ha conseguido con su campaña un imposible: que Buffy me empieze a gustar. De la antipatía, a la sonrisa cómplice. Es un paso agigantado en mi indiferencia. A través de su perversa estrategia de paralelismo con Veronica Mars, está lográndolo.
Yo debo vengarme: secretamente ya llevo muchos meses y sólo contando conmigo para el propósito de hagamos que Noelio lea a Murakami (Haruki). Y nada mejor para convencerle que avisarle de los peligros que conducen a la alergia murakmiana:
-Es el escritor de moda (¡aghs!)
-Le comparan con Paul Auster (¡glups! Cuanta imaginación hay suelta).
Dicho esto ya podemos iniciar la campaña poniendo un párrafo de The wind-up chronicle:
Oye, señor pájaro que-da-cuerda – dijo May Kashara, quizá solo sean cuestiones mías, pero creo que cada uno de nosotros nace con una cosa diferente en el centro de su existencia. Y esta cosa, cada una de estas cosas distintas, se convierte en una especie de fuente de calor que mueve desde el interior a cada uno de los seres humanos. Yo también la tengo, claro, pero de vez en cuando se me escapa de las manos. Se dilata y reduce a su antojo dentro de mí haciéndome temblar. Yo querría comunicar esta sensación a los demás. Pero nadie lo comprende. No debo explicarme bien, pero es que los demás tampoco me escuchan. Fingen hacerlo, pero no escuchan de verdad. Por eso, a veces, me impaciento muchísimo y acabo haciendo cosas sin ton ni son.

lunes, enero 15, 2007

PARECE UNA TONTERÍA : CLOWES & TOMINE

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Justo antes de que un vistazo al calendario revelara que la ausencia de exámenes me ha convertido en un suicida contrarreloj (esto es…algo más de lo habitual) y antes de empezar a organizar la carrera por los apuntes, las interminables pilas y las tutorías indeseables reflexioné un poquito sobre dos autores a los que temo que se confunda: Daniel Clowes y Adrian Tomine.
Como para hablar de la majestuosa Ice Haven necesito algo más de tiempo, he digerido más rápidamente dos obras que agrupan relatos cortos de ambos autores, las últimas: Caricatura y Sonámbulo.


Muchos mencionan habitualmente el problema del post-carverianismo y digamos que la angustia existencial de los personajes de las historias de Sonámbulo termina volviéndose clichés en contra del autor y de su pretendida visión de la soledad. Es decir, la previsibilidad y la mecánica asimilación de los resortes narrativos es tan tópica, tan carente de inventiva más allá de algún fugaz instante de lograda melancolía que el resto se nota demasiado impostado, y sobretodo da una visión bastante limitada de la cotidianeidad reduciéndola demasiado a lugares comunes, las elipsis se revelan algo calculadas y carecen de la verdadera emoción (se releva, de forma harto obvia, lo inútil de la obsesiva búsqueda de la emoción).


El postcarverianismo anestesió al relato norteamericano de tal manera que prácticamente muchos escribían como si Carver fuese idiota (Ángel Zapata dixit). Tuvo que venir Lorrie Moore y por citar su opus mayor ya puestos, Pájaros de América para poner un poco en su sitio esto de la evolución carveriana y ofrecer algo nuevo.


Me parece muy inexplicable el forzado paralelismo entre Daniel Clowes y el autor de Short Cuts. No es que no exista tal paralelismo, para mí lo alarmante es la lógica que se le ve en que exista, o deba existir. Y no es repelencia, pero los retratos de Carver en sus historias toman siempre hombres corrientes de una sociedad anónima: destartaladas casas, casi desérticos paisajes (la importancia de sus paisajes siempre tristes, siempre moteles, es clave). Tampoco hay asimilación de su lenguaje ya sea mediante a la presencia de dibujo frente al guión (esto pasa en Tomine, es un recurso de emular la sutilidad del escritor tan eficaz como fácilmente desactivable y tópica) pero es que tampoco hace falta.

Para mí Clowes esta mas cerca en contexto a David Foster Wallace (y no sólo por compartir una admirable actitud frente a sus propuestas: la del experimento como único dogma) o algo más lejano también bebe de cierto retrato urbanita de las novelas de Philip Roth, sus retratos suelen tomar acción en un contexto completamente contemporáneo y posmoderno: urbes desoladas, recuerdos de gente excéntrica (podrían perfectamente ser entrevistas con hombres repulsivos). Tomine, en cambio, si que malinterpreta a Carver y sigue, con su sello, la senda estética clowesiana en sus ilustraciones, pero es otra historia. Caricatura, un entrañable y coherente greatest hits descontextualizado sacado de Bola 8, funciona perfectamente y sus historias van siempre algo más allá de sus posibilidades, ya sea componiendo a trazos y flashbacks a un personaje, o amparando su fuerza en un genial narrador lacónico.

viernes, enero 12, 2007

FLY ME TO NEPTUNE

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El pecado capital de las series de televisiones que me aqueja es un estigma durísimo: Buffy no me apasiona. La respeto y me parece medianamente divertida pero no he sufrido esa total conexión con el buffyverso que tanto añoro. Aún así me parece un clásico y no reniego de sus virtudes ni mucho menos del gran Whedon.

Por eso, Verónica Mars supuso mi reconciliación con el buffyverso por otros medios. Estos días completo la primera temporada y me parece netamente absorbente, pero sobretodo tras Brick (¿habrá una cool cult [noir] movie cada año? Ya llevamos dos) incluso añoro una fusión de unos universos tan digamos, paralelos.

¿Se imaginan a The Brain dando pistas a Mars y Wallace? ¿Un duelo entre The Pin, Weevil y Logan? Yo sí, pero al margen de ello me gusta mucho el elemento más ácido de la serie y es la jerarquía que reina en Neptune o sea ausencia de clase media, proporciona momentos muy interesantes y plenamente noir.

Rob Thomas es consciente de que el elemento social ha sido siempre una parte indispensable para el chandleriano / hammetiano noir, sea éste posmoderno o más tradicional. Por eso un personaje tan cargado de rencor y fuera de la ley Weevil, es, por ejemplo, mucho más simpático que la mayoría de los 09ers y es uno de mis preferidos. El hecho de que Mars se alíe con él para descubrir todo el tumulto que hay tras el asesinato de su mejor amiga Lilly (y otros misterios) es una jugada coherente con el excelente concepto de su creador.

Espero que siga así (pronto inicio la segunda temporada!): este noir como verdadero relato social es el que funciona en nuestra sociedad y no el malgastado melodrama realista que nace de la impostura.

martes, enero 09, 2007

REVOLUCIONARIOS Y REVOLTOSOS

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J. siempre me habla de los revolucionarios y revoltosos. Él, kantiano de corazón, me advierte del peligro de los segundos. Oliver Stone siempre ha sido un revoltoso con conciencia moral (lo que no quiere decir nada, porqué el sátiro es, obviously, un moralista de tomo y lomo) como buen budista (Jesús Palacios, dixit) y así lo ha demostrado con World Trade Center. A mi Stone siempre me ha parecido ideal para entroncarlo con Bret Easton Ellis. Y estos días leo también a otro hijo putativo de Ellis: Chuck Palahniuk. Fantasmas no es que me haya defraudado en un sentido estricto pero si que me ha parecido que delata a un autor muy revoltoso más que otra cosa (Fresán decía otro que no ha leído a Ballard) pero que como su maestro tiene raros momentos de verdadera radiografía. Por eso Fantasmas me recuerda tanto a Glamourama: puede ser divertida, ok, pero a mi me agota. Puede ser esa la intención, ok, pero no hay nada mucho más allá de la intencionalidad (que tampoco es que sea gran cosa más allá de la honestidad) de Palahniuk que pasa a convertirse en otro post-King y sale de esa interesante ambivalencia que se podía permitir en otras novelas (y la penúltima esta dentro de esa ambivalencai pese a que digan que hay varias etapas). Y lo digo siendo de los pocos que la atmosférica Diario: Una novela me gustó. Fantasmas es muy divertido pero a Palahniuk le ganan por goleada sus compañeros de generación como el verdaderamente revolucionario Foster Wallace. Quizá este revoltoso tenga piezas interesantes que darnos porqué tampoco conviene pasar a la infravaloración: clásicos los tiene y sin ir más lejos su penúltima novela me parece muy inquietante. Quizá tenga pendiente por escribir la gran novela pos11S como dijo Portnoy, pero ojo que Don DeLillo va a meterse de lleno en la humareda con su nueva novela que llegará en Junio: Falling Man.

Y la última de Ellis es, confirmando mi teoría de los extremos, otra historia muy interesante….

domingo, enero 07, 2007

ZWIGOFF & CLOWES 2

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Art School Confidential se convirtió un poco sin quererlo y visto el irregular resultado de la estimable Ghost World en lo que iba a ser la película definitiva sobre Daniel Clowes, teniendo en cuenta que Terry Zwigoff estaba ya curtido de la novatada y que el autor se encargaba de nuevo del guión.

El resultado es bastante satisfactorio y tiene un elemento un tanto curioso: si el Clowes autor con sus personajes neuróticos y curiosos nos recuerda (puede recordarnos) a algunos neuróticos urbanos de Philip Roth, la película tiene una ironía de una herencia inequívocamente woodyalleniana lo que demuestra otra vez la extraña conexión paralela que hay entre escritor y cineasta.

Art School Confidential es una comedia tan divertida como irónicamente previsible (el tratamiento de la historia tiene ecos muy woodyallenescos, propio de sus primeros libros de relatos o del Allen más desenfrenado de Deconstructing Harry en el que readaptaba muchos de éstos primeros trabajos) y que encuentra sus mejores momentos en sus constantes puyas contra el mundillo artístico y un estupendo reparto dónde sobresalen los actores que están estupendamente aprovechados (¡quién me diría a mi que Matt Kesslar podría estar tan adecuado, o que John Malkovich podría volver a las alturas!). Puede que sorprenda su tono de comedia oscura que adquiere al final pero no pierde ese raro sentido del humor que tan bien caracteriza a Clowes y a diferencia de Ghost World uno no tiene la sensación de que el cómic era m superior (o al menos distinto), a esa percepción ayuda el equilibrio del guión que apuesta por un desarrollo que se dilata un tanto hacia al final del todo. La desaparición de algunos secundarios se hace un tanto repentina y reduce su presencia a meramente anecdótica (pensar en Bardo) aunque hay que reconocer el envidiable trabajo de Clowes adaptando perfectamente a Jerome Platz, perfecto en el andrógino Minghella.

viernes, enero 05, 2007

I'LL WALK ALONE

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Million Dollar Baby me ha parecido con el paso del tiempo y tras caer KO una película enormemente sobrevalorada. La culpa en general habría que atribuirla al guión de Paul Haggis (aunque Eastwood tampoco escatima ciertos toques algo tópicos) de una ramplonería telefílmica. Sin embargo Eastwood no es capaz de ofrecer nunca un producto del todo malo, quizá por su briosa habilidad para construir personajes a través de una sutilidad y tristeza muy similar (que no comparable) a la de autores como Ernest Hemingway o Sam Shepard, que me producen al menos unas sensaciones muy parecidas.

Creo que Banderas de nuestros padres viene lastrada por un uso abusivo de la voz en off un tanto explícito, y creo que la culpa puede estar de nuevo en Paul Haggis que con su vulgar Crash ya demostró su escaso gusto por la sutilidad y su tic por la machaconería. Lo que me gusta de la película es su gusto total por recrear atmósferas, un don que ya elevaba en muchas ocasiones su anterior película de la vulgaridad y regalaba momentos muy emotivos.

Para mí la clave de la película, está en la escena previa al desembarco en el que subidos en un navío de guerra los soldados esperan nerviosos. Suena primero una pieza de Artie Shaw y luego, la locutora advierte de que no todas las chicas les esperarán. Luego suena I'll walk alone de Dinah Shore.

El resto del film es cine ético (Zizek dixit) de mucha valentía con una estupenda reflexión sobre el heroísmo (entendido como impostura imposible de remediar y mucha sangre que ocultar), Ford y Fuller de la mano, y un personaje inolvidable como es Ira Hayes.

miércoles, enero 03, 2007

GUÍA HOLMESIANA PARA JÓVENES INVESTIGADORES: BIBLIOTECA SELECTA DE LECTURAS SECRETAS (I)

[....]indagar en el siempre inabarcable mundo de los bootlegs, oficiales y oficiosos (ya saben, Holmes se enfrenta a Jack el Destripador, o el doctor Watson es en realidad Arthur Conan Doyle travestido y sin sífilis)
JOHN TONES

El joven detective debe tener como linterna un libro llamado Sherlock Holmes. Biografía del experto maestro Paul M. Viejo que sirve para situarse un poco en el intricado mundo de las cronologías (que él ya aclaró en la primera entrega, por cierto) que rodean al mito. Y después al adentrarse debe tener en cuenta la modernidad de Holmes como icono pop pionero y la modernidad que hay también en sus mismas secuelas no oficiales.

Adrian Conan Doyle, hijo del autor, perpetró las historias según rumores basándose en los papeles ocultos de su progenitor de historias futuras. Lo hizo con la complicidad de John Dickson Carr, un autor de muy reivindicables novelas de misterio con un ojo puesto en los ambientes sobrenaturales clásicos (Inglaterra, historias de fantasmas, crímenes extraños) y el whodunit. A mi lo que me fascina del asunto es lo anticipatorio de su propuesta (no digo original) en el sentido de que se inventan historias ya mencionadas en las que pertenecen al canon, creando y explorando el universo del que son partícipes todos los fans a través de este acceso a los archivos secretos de Watson, o sea los casos que no debían publicarse para evitar escándalos.


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-LA AVENTURA DE LOS SIETE RELOJES.
Recomendada para: ¿Completistas? Todo lo contrario para divertidos investigadores dispuestos a ver más allá del legado continuista y apreciar los valores hiperbólicos y personalísimos del relato. También para jóvenes cronodetectives.
Una madeja enmarañada: Habían llegado hasta mí, de cuando en cuando, ciertos vagos rumores acerca de sus actividades: que lo habían llamado a Odesa cuando el asesinato de Trepoff […]
Un escándalo en Bohemia.
Una joven llamada Miss Forsythe recurre a Holmes para que averigüe el porqué de un tal Charles Hendon que tiene la extraña manía de destruir relojes. Sólo con este punto de partida (completamente trivial como dice Watson o mejor aún, absurdo) ya merecería ser adorado, pero además contiene deliciosos diálogos de doble sentido y muy sugerentes metáforas incorporadas por un Dickson Carr en un estado de gracia monumental deconstruyendo toda la mitología de Holmes con toda la ironía que era necesaria (y sin caer en la gruesa caricatura).
El informe:
—Me desespera el hacerlo, Mr. Holmes, aunque voy a intentarlo. Durante el pasado año, fui muy feliz con mi empleo en casa de Lady Mayo. Debo decirle que mis padres fallecieron, pero que recibí una esmerada educación y las referencias que pude obtener para ocupar la plaza vacante, fueron afortunadamente satisfactorias. Lady Mayo, he de reconocerlo, es en cierto modo de apariencia repelente. Es de la vieja escuela, augusta y severa. Sin embargo, para mí ha sido la amabilidad personificada. Fue ella quien sugirió que tomásemos las vacaciones en Suiza, temiendo que el aislamiento de Groxton Low Hall pudiera deprimirme el ánimo.
En el tren, entre París y Grindelwald, conocimos... a Charles. Debiera decir Mr. Charles Hendon.
Holmes se había retrepado de nuevo en el sillón, juntando las yemas de sus dedos, según era su hábito cuando se hallaba de talante judicial.

—¿Fue esta la primera vez que encontró al caballero?

—¡Oh, sí!

—Ya veo. ¿Y cómo trabaron conocimiento?

—Pues de una manera trivial. Mr. Holmes. Estábamos los tres solos en un compartimiento de primera clase. Los modales de Charles eran tan correctos, su voz tan bella, su sonrisa tan cautivadora...

—No lo dudo pero le ruego que sea precisa en los detalles.

Miss Forsythe abrió de par en par sus grandes ojos azules.

—Creo que fue la ventanilla —dijo—. Charles (debo decirles a usted que tiene unos ojos notables y un poblado bigote color castaño), se inclinó y solicitó de Lady Mayo el permiso para bajar la ventanilla. Ella asintió, y a los pocos momentos nos hallábamos todos charlando como antiguos amigos.

—¡Hum! Ya veo.
—Lady Mayo, a su vez, me presentó a Charles. El viaje a Grindelwald transcurrió rápida y felizmente. Pero no bien hubimos traspasado el umbral del “Hotel Splendide”, cuando ocurrió el primero de los horribles sobresaltos que han hecho desgraciada mi vida desde entonces... A pesar de su nombre, el hotel es más bien pequeño y encantador. Al instante supe que Mr. Hendon era un hombre de alguna importancia, aunque él se había descrito modestamente como un simple caballero que viajaba con sólo un criado. El gerente del hotel, Mr. Branger, se aproximó y se inclinó profundamente ante Lady Mayo y también ante Mr. Hendon. Este cruzó algunas palabras en voz baja con Mr. Branger, quien volvió a repetir la profunda reverencia. Con lo cual Charles se volvió sonriente... y de súbito se alteró toda su compostura...
Aún lo estoy viendo allí de pie, con su larga casaca y su sombrero de copa, y con un grueso bastón de paseo bajo el brazo. Su espalda estaba vuelta un semicírculo ornamental de helechos y siemprevivas que encuadraban una chimenea de baja repisa y sobre la cual se hallaba un reloj suizo de exquisito diseño... Hasta aquel momento yo no había parado mientes en el reloj. Pero Charles, profiriendo un grito ahogado, se abalanzó hacia el hogar. Alzando el pesado bastón de paseo, lo abatió contra el reloj, asestándole golpe tras golpe hasta dar con él, hecho triza, en el suelo...
Luego, giró en redondo y regresó lentamente. Sin media una sola palabra de explicación sacó de su bolsillo la cartera y entregó a Mr. Branger un billete de una cuantía superior a diez veces el precio del reloj, comenzando luego a hablar volublemente de otros asuntos... Ya puede usted imaginarse, Mr. Holmes, que todos los presentes nos quedamos, como es fácil comprender, de una pieza.
Mi impresión era que Lady Mayo estaba asustada, a pesar de toda su aparente dignidad. Sin embargo, juraría que Charles no se había sentido asustado, sino simplemente, furioso y resuelto. En aquel momento me fijé en el criado de Charles, que se encontraba de pie al fondo, en medio del equipaje. Era un hombre pequeño y flaco, cuyo rostro estaba poblado con unas patillas desmesuradas; rostro que traducía tan sólo una expresión de embarazo y, aunque me duela pronunciar la palabra, de profunda vergüenza también... No se pronunció ni una sola palabra, y el incidente fue olvidado. Durante dos días, Charles estuvo tranquilo y sereno, pero a la tercera mañana, cuando nos encontrábamos para desayunar en el comedor, sucedió de nuevo. Las ventanas de la estancia tenían sus cortinones corridos casi por completo para preservarla de la reverberación del sol sobre las primeras nieves. El comedor estaba bastante lleno con otros huéspedes que ya se hallaban tomando su desayuno. Sólo entonces observé que Charles, quien acababa de regresar de un paseo matinal, llevaba todavía en la mano su pesado bastón.

—¡Respire este aire, señora! —estaba diciéndole alegremente a Lady Mayo—. ¡Lo hallará tan vigorizador como cualquier comida o bebida!

En esto hizo una pausa y lanzó su mirada hacia una de las ventanas. Abalanzándose hacia ella golpeó con fuerza en el cortinón y luego lo descorrió a un lado para dejar al de descubierto las ruinas de un gran reloj, cuyo diseño era el de un sonriente sol.
Creo que me hubiese caído desvanecida, de no haberme sostenido Lady Mayo por un brazo... —Miss Forsythe, que se había, despejado de sus guantes, se llevó ahora las manos a las mejillas, oprimiéndolas—. Pero Charles no solamente destrozaba los relojes, sino que los enterraba en la nieve, y hasta los ocultaba en el armario de su habitación.
Sherlock Holmes, que había permanecido todo el tiempo recostado en su sillón, con los ojos cerrados y la cabeza sumida en un cojín, abrió ahora los párpados.

—¿En el armario? —exclamó frunciendo el entrecejo— ¡Esto es aún más singular! ¿Cómo se dio cuenta de tal circunstancia?

—Para mi vergüenza, Mr. Holmes, me vi obliga a interrogar a su criado.

—¿Para su vergüenza?

—Es que no tenía el derecho de hacerlo. En mi humilde posición, Charles nunca hubiera... Quiero decir que yo no podía significar nada par él...¡Yo no tenía derecho!

—Usted tenía todo el derecho del mundo, Miss Forsythe — replicó amablemente Holmes —. Así pues usted interrogó al criado que ha descrito como pequeño, flaco y con patillas desmesuradas. ¿Cuál es su nombre?.

—Su nombre creo que es Trepley. En más de una ocasión oí a Charles dirigirse a él llamándolo “Trep”. Y juraría, Mr. Holmes, que es la criatura más fiel de toda la tierra. Incluso la vista de su tozudo rostro inglés, era un alivio para mí. Él sabía, adivinaba, mi am... mi interés, y por esto me contó que su amo llevaba ya enterrada o escondido, otros cinco relojes. Aunque rehusaba a confesarlo, puedo decir que el pobre hombre compartía mis temores. ¡Pero Charles no está loco! ¡No lo está! Usted mismo debe admitirlo así, a causa del incidente final.

—¿Sí?

—Sucedió solo hace cuatro días. Debe usted saber que el departamento de Lady Mayo en el hotel, incluía una salita con un piano. Yo soy apasionadamente aficionada a la música, y acostumbraba a tocar, después del té, para Lady Mayo y Charles. Había apenas comenzado a hacerlo en aquella ocasión, cuando entró su criado con una carta para Charles.

—¡Un momento! ¿Observó usted el sello?

—Sí; era extranjero. —Miss Forsythe pareció sorprendida—. Pero seguramente la cosa no tendría importancia, puesto que usted...

—¿Puesto que yo...qué?

Una repentina expresión de aturdimiento, se manifestó en el rostro de nuestra clienta, y luego, como para ahuyentar alguna perplejidad, se apresuró a continuar su relato.

—Charles abrió el sobre, leyó el contenido de la misiva y se puso mortalmente pálido. Con una exclamación incoherente, se lanzó fuera de la salita. Cuando nosotras descendimos media hora más tarde, sólo descubrimos que él y Trepley habían partido con su equipaje. No dejó mensaje ni recado alguno. No lo he vuelto a ver desde entonces.

Celia Forsythe inclinó su cabeza, y las lágrimas se deslizaron de sus párpados.

—Ahora Mr. Holmes, yo he sido sincera con usted y quiero que usted lo sea igualmente conmigo. ¿Qué le decía usted en aquella carta?

La pregunta era tan alarmante, que me eché hacia atrás en mi silla. El rostro de Sherlock Holmes no tenía expresión alguna. Sus largos y nerviosos dedos, se hundieron en una tabaquera persa, y comenzó a llenar una pipa de arcilla.

—En la carta, ha dicho usted... —, confirmó él más que preguntó.

—¡Sí! Usted escribió aquella carta. Vi su firma. Es por esta razón que estoy aquí.

—¡Válgame Dios! —observó Holmes. Permaneció silencioso durante unos minutos, envuelto en el humo azul de su pipa y con la mirada fija y como ausente, posada sobre el reloj de la repisa.

—Hay ocasiones, Miss Forsythe —dijo por fin—, en las que uno debe reservarse sus respuestas. Sólo tengo una pregunta más que hacerle.

—Diga, Mr. Holmes.

—A pesar de todo, ¿mantuvo Lady Mayo su amistad con Mr. Charles Hendon?

—¡Oh, sí! Incluso intimó mayormente con él. Más de una vez la oí que lo llamaba Alec... seguramente era un apelativo intimo... —Miss Forsythe hizo una pausa, con aire de duda y hasta de sospecha— ¿Qué es lo que ha querido usted dar a entender con esa pregunta?

Holmes se puso en pie.

—Tan sólo, señorita, que me agradará mucho intervenir, en este asunto por usted. Según tengo entendido, usted regresa a Groxton Low Hall esta noche...

—Sí. Pero seguramente usted tiene otras cosas que decirme además de esto... ¡Aún no ha contestado a ninguna de mis preguntas!

—¡Bien, bien...! Tengo mis métodos, conforme Watson puede decirle. Pero, ¿le parecería conveniente acudir aquí, pongamos por caso, dentro de una semana, a partir de hoy, a las nueve de la noche? Gracias. Espero tener entonces algunas noticias para usted.

Era claramente una despedida. Miss Forsythe se puso en pie y lo miró con tal aire de desamparo, que yo sentí la necesidad de prodigarle alguna palabra de consuelo.

—¡Cobre ánimo, señorita! —exclamé, tomando suavemente su mano entre las mías—. Debe usted depositar toda su confianza en mi amigo Mr. Holmes y, si puedo decir esto, también en mi.


Con lupa:
Me abstuve de interrumpirlo, para no aguijonear su mordacidad.

—¿Dónde está el crimen Watson? ¿Dónde esta la fantasía, dónde ese toque de lo outré* sin el cual un problema en sí es como arena y hierba seca? ¿Acaso los hemos perdido para siempre?
—¡Mr. Holmes! —prorrumpió, sin preámbulos—. ¡Charles está en Inglaterra!

<<—¡Qué imbécil soy! —Exclamó Holmes dando un puñetazo sobre el escritorio—. Creo que habló usted algo de lo aislado que está este lugar. Watson ¿quiere hacer el favor de alcanzarme ese plano de Surrey?...Gracias. —Su voz se tornó más áspera— ¿Qué es esto...qué es esto? <<—¡Santo Dios, Mr. Holmes! —exclamó Lady Mayo—. ¡No me acordaba de que ya soy muy vieja! Mi juventud fue la época de conducir velozmente, ay, y de vivir aprisa, también. —¿Fue también la época de morir pronto? —preguntó mi amigo—. ¿De una muerte, por ejemplo, como la que puede sorprender a nuestro amigo Charles Hendon esta noche?

Lecturas recomendadas: Historia (winrar).