viernes, octubre 26, 2007
La imaginación de los demás: Una metacrítica penitente
El caso de Los Cronocrímenes es particularmente alarmante por la forma en que se han abordado las críticas. Coincidirán conmigo en que nunca está de más lanzar algún puyazo sobre las directrices de una película (yo mismo encomendé a Bryan Singer a leer a Umberto Eco por su lectura de Superman harto previsible) pero nunca había visto un caso tan claro de, digamos, intrusión creativa. La imaginación de los demás, al parecer, es mucho mejor que la del creador: no hay crítica, por ejemplo en este párrafo.
"Me imagino la entidad distinta que podría haber alcanzado este producto ofreciendo el mismo papel, sin ir más lejos, a un Manuel Alexandre en plan mad doctor y con un pequeño toque a lo Berlanga. Y es que, precisamente, en sus tímidos acercamientos a la comedia, es en donde mejor funciona Los Cronocrímenes. "
Está sugiriendo una directriz ideológica que debe tomar una película para ser buena. Está pues, con la mediocridad abierta del espectador, insinuando que él hubiera sido mejor creador. La sensación de ausencia de intermediación verdadera (no hay en Spaulding voluntad alguna de analizar por qué corrientes literarias, estéticas o argumentales o incluso de tempo se mueve los Cronocrímenes) es alarmante. Otro párrafo particularmente interesante de su review, breve y sintética:
"A pesar del cariño con el que ha afrontado su puesta en escena (y eso se nota), la previsibilidad que se desprende de algunas escenas (como ocurre, por ejemplo, con la de la primera llamada telefónica) o las ansias por rizar el rizo en su parte final, lastran, en parte, las buenas intenciones de un film que, pese a sus irregularidades, se merecería una pronta distribución por estos lares. "
La peor condena que puede recibir una película, en eso estaremos todos de acuerdo, es la de la normalidad. Lo peor es que la normalidad se incorpore a una película completamente distinta: "las ansias de rizar el rizo lastran las buenas intenciones" dice el crítico Spaulding. Es especialmente extraño el comentario porqué tiene más de diagnóstico que de metafórico, de doctor que de crítico: se detecta una patología (ansias) y se habla de que tiene buenas intenciones. Parecidos comentarios pueden oírse en el despacho del director o en, precisamente, la opinión popular que se caracteriza por su falta de criterio.
Por supuesto, Spaulding no tiene ningún problema (moral) en hablar de valentía a la hora de criticar una película tan previsible como Promesas del Este (la valentía de Cronenberg supongo que está en el acto de prostituir su talento a cambio de dos actores mediáticos, una amplia campaña de prestigio sólo rebatida por Noel Ceballos y un argumento mucho tan previsible como el de cualquier thriller de inmigrantes al uso, variante antena 3). Queda claro pues lo que es ansioso para Spaulding y lo que es valiente.
Ivan Sáinz-Pardo dice que la película podría haber sido más subversiva, luego aclara: más gamberra, más sangrienta, más divertida, más aterradora. Luego se queja: los personajes son esquemáticos, a pesar de ser una película de género. Antes dice que es una versión acomplejada y contenida de la imaginación de Vigalondo. No entiendo, de hecho nunca entenderé, las reviews que proponen síntomas médicos sin mayor explicación. Resulta que los Cronocrímenes (resulta, digo) no es que no quiera ser más gamberra sino que bajo las propuestas que resumen su inicio, no quiere ser más gamberra. La crítica de cine no debe ser, jamás, una intrusión descarada en la imaginación de los demás: es un ejercicio mediocre cuando juzgamos obras cuyas propuestas escapan al canon, a lo previsible y a los dogmas impuestos por Hollywood.
Que la opinión de estos señores es muy respetable, no seré yo quien lo discuta, pero que ofrecen más dudas que conclusiones, esto ya va siendo hora de decirlo. Y bien altito.
sábado, octubre 20, 2007
Gente que sabe
Mesa redonda: “Nuevas tendencias narrativas”presentación de los libros La grieta, de Javier Fernández y Circular 07. Las afueras, de Vicente Luis Mora. Presenta el profesor y escritor Eloy Fernández Porta.Universidad Pompeu FabraC/ Ramón Trias Farga, 23-25(Villa Olímpica, metro cintadilla).
Vota mi Vacío: Apuntes a la poética de fotolog
l título de la web es preclaro, se trata de ir buscando cuerpos (de tener la ilusión de ser “El cuerpo del día” y todo eso) y votarlos en una escala numérica de 0 a 10. Hay momentos especialmente delirantes de poesía subpop, que dejan cualquier párrafo salvaje de cualquier novela de Easton Ellis (anterior a la estupenda Lunar Park) a la caducidad más absoluta, como un collage de un tipo mezclando su cuerpo con las marcas Vans y Hilfiger.En nuestro imperio de emular de forma masiva la forma de las imágenes (el fotolog como sentimiento de importancia y valorización y estandarte de la vida social activa) Vota Mi Cuerpo es ya la explosión de lo explícito: somos directamente objetos, ya puntuables sin concesiones. Resulta díficil resistirse a un montón de historias llenas de una poética abiertamente deforme y solondziana cuyo final es facilísimo imaginar fuera de campo.
jueves, octubre 18, 2007
Estamos en el aire
En el principio hubo una conversación colectiva del messenger. Tones lo explica mejor que yo, con ese aire de historia legendaria que debe tener todo relato contado por (y sobre) un mito. Y desde aquí fuimos reclutando, desde el secretismo y las esotéricas listas de correo, lo que sin duda sería bautizado con suma verdad como La Liga de los Blogueros Extraordinarios. No hizo falta ninguno más y los que hicieron ya los reinventamos por el camino.
Y desde la idea, desde el aluvión de locuras con el que, todos escritores, inventamos nuestro particular Babel llega Eunice. Ella ha diseñado y ha convertido en realidad el sueño entrópico de miles de mails. Miento: ha creado una capilla sixtina pajera. La ha repintado, le ha dado un aire de justa y retroalucinante revista tipo TP o TeleIndiscreta para la ocasión. Ha hecho del caos y el desorden, unas ideas ordenas y preclaras. Dedicarle un párrafo es tacañería preconcebida, pero cuando visiten la web ustedes entenderán porqué lo digo y porqué no sé que más añadir, apenas un Oh... G-g-racias.
Y ahora sí, se abre el telón y ustedes leen Elitevisión. Una obra colectiva destinada al análisis pormenorizado y minucioso de las series. Una locura imposible ahora ya probable. Un nuevo testamento destinado a que las series más intrínsecamente molonas perduren para siempre. Y yo, estaré ahí dándolo todo con Batman: The Animated Series y Pinky y Cerebro. El resto, es cosa vuestra, señores invisibles tras la pantalla.
miércoles, octubre 17, 2007
Sleuth
il y no deja de resultar tan injusto como lógico que Shaffer (que escribió también cosas tan maravillosas como Frenzy o The Wicker Man durante los setenta) terminara escribiendo adaptaciones al cine de Agatha Christie, autora que precisamente superó con su obra teatral.La Huella es una parodia del mecanismo general de las novelas de Christie que es el de reunir una serie de sospechosos y terminar delatando al culpable de la forma más inesperada posible. En este esquema Christie alcanzó la genialidad, cualquiera que haya leído El asesinato de Roger Ackroyd sabe que es imposible resistirse al grado de delirio de la autora respecto a sus mecanismos. Shaffer ejecuta una parodia al presentar dos sospechosos como protagonistas del juego: Sleuth es un intercambio constante y juguetón (infinito, tal vez) entre criminal y detective que usa sólo la inteligencia (del espectador y de sus personajes) como única herramienta del espectáculo, como hacían el Leroux del Misterio del Cuarto Amarillo o el Bioy Casares de los misterios de Isidro Parodi.
Precisamente Sleuth se llama mi nuevo juego detectivesco favorito: te creas un usuario y escoges que tipo de detective quieres ser. Con esta broma referencial Sleuth resume además las distintas fases de la novela negra con más preclaridad de la aparente: tal vez mi favorito sea el que se dedica a interrogar y a observar. Una de las virtudes más ignoradas de los videojuegos son su capacidad para sintetizar y releer géneros clásicos, y en este caso a través del guiño tejer una suerte de deconstrucción del género al poner en evidencia todos sus engranajes pero también tienen una capacidad de reinventarlos jugando desde el conocimiento de causa.
De venganzas y postmostrenquidades
esentativa, claro) la crítica de The Brave One de Antonio Peris Grao para Miradas de Cine. “No hay innovación alguna sobre las tramas vistas en los 70” dice el señor Peris Grao. Lo que no dice, por pudor intelectual supongo, es que tampoco hay diferencia alguna de su crítica con las de este tipo de filmes en los 70. Es exactamente igual de rancio, cambia quizá la furia: “no tiene siquiera el valor de reivindicar abiertamente el fascismo que defiende, camuflándolo para quedar bien entre republicanos y demócratas”. Toda la ficción vengativa se reduce a eso: fachas, republicanos y demócratas. Atención también al “de ahí a las peripecias de Seagal o Van Damme no hay más que un aumento de presupuesto y destrozo”. Y remata con un paréntesis “(de coches, de decorados, de argumento)”. Es significativa la mención (final, porqué es un chiste pero termina en delación) del argumento porqué sigue el crítico en su disyuntiva (política, tal vez moral) pero esta vez aumentada: el cine va de fachas y buenos argumentos. La cinefilia, a diferencia de los aumentos de Van Damme, no cambia muchachos.*
Otra perla de Miradas de Cine: “Señor Vigalondo dirige bien y tiene una buena voz, pero hay muchos actores en paro.” Es de Manuel Ortega, en su breve review de los Cronocrímenes en la crónica final de Sitges. El crítico Ortega tiene la gentileza de aclarar en los comentarios que el imperativo es un error: el verdadero es el optativo. Así pues queda claro que, a veces, el error tipográfico mató al listillo bloguero.
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Noel demuestra que me equivoco otra vez (y van). Su post sobre el gran Blondini es especialmente interesante porqué confirma una suerte de discurso en todo su blog, obliga al lector a esperar que el autor lo bautize. Uso el postmostrenquidad por cortesía más que por comparativa, porqué una vez más volverá a sorprender.
martes, octubre 16, 2007
Estuvo un rato mirando el mar, como adormecida; después se levantó y fue a buscar el libro. Se movió con esa libertad que tenemos cuando estamos solos.
Por un premio Nobel de Literatura Precognitivo
Los abajo firmantes creemos, tras multitud de conversaciones acerca de las curvas de Hayden Panettiere y el alcance intelectual de los pedos de los guionistas de Lost, que deberían entergarse, desde 2008, premios a la obra posterior, porqué no hay nada más maravilloso que la seguridad del laureado. Mi propuesta para 2008 es Diego Zuñiga (uno de los firmantes, pero creemos que esto no debe importarles en la medida que no importa mucho que una feminista gane 40 años después del feminismo). El motivo para premiar a Zuñiga es claro: se trata de un amigo y de un agregado a mi messenger. Por si fuera poco, los que aquí firman, creen que va a escribir como mínimo cuatro obras maestras: Henry Miller y la Falta de Chocolate (2010), Prefiero Lorrie Moore a las poetistas chic (2012) y Ese Jabato enamorado de Bigas Luna (2014). Consideramos la labor de compromiso político de Zuñiga importante: dentro de veinte años se unirá a la revolución de los estornudos, provocación artística ampliamente opositada en Latinoamérica por la predominante corriente Tosidaria. Por lo tanto concluimos que debemos premiar a Zuñiga por lo extremadamente tierno y gracioso de sus títulos y por su compromiso con las onomatopeyas más clásicas relativas al acto de estornudar.
Y para terminar esto, saludo al vecindario y Pueblo Bloguero y os encomiendo que dejéis vuestras firmas ahí abajo, apoyando un premio que será capaz de hacer justicia a los olvidados, años antes de que triunfen. En definitiva nuestro Nobel premiará con una mirada en el futuro y con una visión iluminada de nuestros nuevos narradores, creando una nueva forma de entender el arte contemporáneo.
Con Dos Cojones
Alvy Singer
(y sus asombrosos amigos)
Pablo Toro
Diego Zuñiga
AutoBombo: Cronocrítica (SIN SPOILERS!) / Masacrando Jardines / Hostias como Bronsons (parte 3).
domingo, octubre 14, 2007
¡Love Hurts!
Rob Zombie entiende el remake como pirueta intelectual o al menos suicida de la que sólo se puede salir indemne con revisión verdadera, no con calculada reproducción. Su Halloween es capaz de ponerse al lado de Amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004) en otro nivel sin demasiadas preocupaciones y convertir cintas como La Niebla, en películas ya demostradamente desalmadas.
Predomina en este Halloween un cambio que pocos sabrán valorar: Myers ya no es la figura en la sombra, es el protagonista absoluto de la película. En su primera parte, Zombie ofrece una explicación completamente distinta de los primeros 5 minutos de la original de Carpenter y, de paso, (Des)dibuja al doctor Loomis como un doctor sombrío y oportunista. Myers es siempre el fracaso: el de su pesonalidad al matar siempre cuando no se siente bien, el de una família desestructurada, y el de Sam Loomis. El fracaso que vuelve para recordar que no lo hicieron bien, en forma de huracán, para... ¡buscar a su hermana! Lejos del suspense original, esta masacre desbocada presenta a un Myers que sólo quiere estar con su hermanita. Y dicho esto no estoy siendo sentimental, aclaro: Myers sólo quiere estar con su hermana pero no quiere que estén los que no son su hermana.
Zombie esquiva el psicologismo de guardería al presentar la white trash family e inunda la segunda parte de humor pajero (la muerte de Paul y el asunto de la sábana es un guiño sólo para conocedores de la original) y sexo y sangre en dosis más generosas, a pesar de que es su película más sutil. El final de la película cierra el círculo y obliga a la família Myers a terminar llenándose de sangre. Myers pierde su condición de icono (abstracto e intangible) para reconvertirse en un personaje, tan trágico y desfasado en su amor como imparable en su fuerza (un auténtico god of thunder, como prometen los acordes que abren la película). Y Zombie gana.: ha convertido su Halloween en una historia profundamente suya.
PD: Cronocrítica en ochoymedio (habrá versión extended, uncut y delirante en este blog cuando la película se estrene)
sábado, octubre 13, 2007
Breve crónica de Sitges
Muy interesante ha sido este Halloween: lejos de aplacarse, Zombie juega en dos ligas. En la del humor pajero de toda la vida (¡lo de la sábana!) en su segunda mitad y en la de la poesía desfigurada de la primera (¡Love Hurts!). El equilibrio es estupendo y ha hecho una película donde el protagonista es, por fin, Michael Myers. Pero es OTRO Michael Myers y las apariciones del sheriff Brackett, y de Laurie y sus amigas son más bien anecdóticas.
Y para terminar el Grindhouse: esa metapelícula que transcurre en una galaxia con anuncios de pastelería, incitaciones para ir al cine pero... ¡sorpresa! Sus dos platos me sabieron a poco dado el recorte de metraje. Igualmente, un viaje a una galaxia, literalmente irrepe
jueves, octubre 11, 2007
Blade Runner: Entre el sinsabor dickiano y el odio a Orión

Mi postura ante la película es distinta a los amantes y a los detractores. Yo prefiero el sexo ocasional con Blade Runner. Cuando leí la novela de Philip K. Dick en la que se basa ya me di cuenta de ello: la obra de Dick es sumamente distante, de hecho es otra obra y no tiene ninguna parafernalia del cine negro, más bien se trata de una reflexión de los límites de lo humano (y de la realidad humana) como viene siendo en la obra del norteamericano, con un futuro alucinado y más que postapocalíptico, el futuro de Dick es de una resaca postlisérgica, haciendo hincapié en Deckard como una metáfora perfecta del hombre de clase media atrapado con su esposa en un hogar, que encuentra en su trabajo una excusa para huir (y en el universo de Dick siempre hay gente que se marcha, hacia delante y por algún motivo para tratar de encontrar sentido a las cosas). Yo no tengo ningún problema con que Blade Runner no sea fiel a su material de partida: de hecho, nadie parece tener con que se convierta la fábula sociopolítica más eficaz en forma de relato de Dick en una última media hora de llantos, abrazos y Max Von Sydow haciendo de James Cromnwell. Blade Runner no juega como Minority Report al parecido para luego distanciarse: directamente empieza en un futuro en el que no hay tercera guerra mundial y si una idea del pasadomañana ciertamente anacrónica pero también preciosa: la película de Ridley Scott tiene una imaginería deudora de los tebeos de Moebius y su historia del detective espacial en ese mundo derruido es precisamente eso, un tebeo bastante divertido de Metal Hurlant llevado a cabo por un Hollywood mucho más saludable (en términos de recepción) como era el de los 80, capaz de, un año antes, adaptar Heavy Metal con un erotismo e imaginación desbordantes. Blade Runner, como es habitual en los registros hollywoodienses, fue un fracaso y también es más mojigata (y menos valiosa) que la cinta de Gerald Potterton, pero es capaz de divertirnos, lo que no es poco.
La famosa y célebre sentencia cinéfila que sella a Blade Runner como cine negro del futuro y como comentario acerca de temas profundos como lo que nos hace humano no podía ser más equivocada. Blade Runner no es cine negro del futuro, sino noir EN el futuro. No hay nada variado en el esquema de búsqueda de los culpables pero a diferencia del noir chandleriano, la cinta de Ridley Scott no consigue ni analizar la sociedad del hoy (más allá de la belleza de sus imágenes) ni trazar ningún diagnóstico propio de la ciencia-ficción. Por eso considero la película de Scott como fantástico a secas: hay en ella un detective, taciturno y perfecto en Harrison Ford, un villano poco sorprendente, y un final que, en su pretendida reflexión sobre lo humano y lo replicante, no es más que algo sumamente clásico: equiparar al criminal (los replicantes) y a sus perseguidores (blade runners) a su mismo status. Tampoco hay en ella búsquedas de estas reflexiones: en este sentido Blade Runner es una crónica de la interpretación que todavía sigue. En lo que es una sencillísima y me atrevería a decir orgullosa, historia de entretenimiento modélico, unos han visto la traición a San Dick (como si convertir a Nicolas Cage en payaso no fuera un crimen verdadero) y otros la metafísica, en todo caso el enfrentamiento de los segundos al sacro laudatorio de lo primero, tiene una desventaja: el del condicionamiento previo. Blade Runner no esconde nada tras sus luces de neón: acaso la voluntariedad de hacer una película a la vieja usanza utilizando ensamblajes poderosamente tebeísticos sin otro placer que el del artificio.
domingo, octubre 07, 2007
No os acerquéis a LO banal
The irresponsible self de James Wood es, además de un libro de ensayos sobre literatura norteamericana (por ende, occidental) maravilloso, una herramienta para determinar el diagnóstico de la falacia que se vive en ciertos ambientes (dogmas) literarios en el que lo postmoderno, mal entendido claro, se ha instalado para siempre. Wood es mucho más listo y polémico de lo que aparenta, quizá porqué él puede y nosotros somos un puñado de fans al aire. El crítico toma como ejemplo una de las novelas más horrorosas de Salman Rushdie: Furia. Wood concluye que la visión de la América corrupta de su protagonista es exactamente igual de idiota que la visión de la América gloriosa y de Mickey Mouse.Precisamente, Fantasmas (y en menor medida, la tolerable Superviviente) juega en esta liga (y también un autor tan deshonesto a ratos como es Chuck Palahniuk): la de ofrecer una visión, venga adjetivémosla compuesto (postmoderna, ultraglobal, neonihilista), tremendamente banal que se excusa en estar en contra. No, el sensacionalismo del que bebe Fantasmas no nutre un corpus ácido, capaz de sublevar sus formas, no, regodea a lo que es, sin más, un libro banal. O como diría, alguien más sabio que yo: Palahniuk ofrece su crítica de la cultura antisistema basándose en su percepción que tiene él sobre Adbusters. Lo que no deja de ser ingenuo, igual que sus lectores que ven una quimera dónde sólo hay una vulgaridad revestida de acidez. La transgresión de Palahniuk es paupérrima y eficaz, en la medida que el sensacionalismo e impacto de sus novelas nos haga creer que jugamos en otra liga. En otras palabras: Palahniuk es el artista del bestseller del siglo XXI, el creador de placeres idiotas profundos. Y ahí es dónde entra Terrorista: una novela que es capaz de defenderse como entretenimiento inteligente por un autor que no engaña a nadie desde su inicio (esa overture llena de erotismo tan propia de su universo), criticado por un escritor tan inteligente como David Foster Wallace (no tiene cojones el tipo de meterse con Moody y Palahniuk: ah, publican en McSweeney's o algo) por la de otro capaz de revender a Stephen King, Easton Ellis, Ballard, DeLillo o la pulp fiction revestida de nihilismo idiota. Porqué en Fantasmas, sólo hay una sucesión de hechos brutales justificados entre sí como postnovela y supracrítica hacia algo de lo que se es un simple e hipócrita cómplice.
sábado, octubre 06, 2007
Cine legendario

Una semana antes de poder ver Los Cronocrímenes, no llegué a tiempo. La película agotó sus entradas para el doce y el trece, lo que es, por encima de cualquier bobada o decepción adolescente, una noticia excelente, algo de lo que nunca sabremos estar lo suficientemente alucinados debido a la rapidez con lo que ocurre (véase la cronología: Texas-Sitges y la, ya era hora, fulgurante carrera de la película, y aún asi es poco). No deja de ser poético y me gusta pensar que mítico. Regreso al Futuro 1&2 forman parte de un cine de estirpe legendaria y la película de Vigalondo igual: cuando entre a una sala de cine, y espero que sea pronto, a ver las morelianas aventuras de Héctor sabré que ya llevaba mucho tiempo antes viéndolas, imaginándolas, suponiéndolas. Igual que cuando aparecio The power of love, el estéreo gigantesco y el áeropatín: la primera película de Vigalondo está destinada a ser leyenda. Diantres, fueron dos años de búsqueda pero valieron la pena. Y aquí igual: uno debe esperar lo que haga falta para terminar sentado en la oscuridad dispuesto a mirar un proyector que se ha convertido (como mi reproductor de vídeo en el 2000) en algo muy parecido a la máquina imaginada por Bioy capaz de capturar las almas e inventar miles de realidades hasta el infinito.
miércoles, octubre 03, 2007
Best seller Metafísico
rtística justo en el tiempo en que Philip Roth pasó de la comedia al opus máximo de la narrativa: cuando en los noventa cerró con justicia poética su magnífica saga del Conejo (consideramos Rabbit Remembered un epílogo en forma de novella, publicado en 2001 otro resumen). Y Updike asistió a su incorporación al segundo plano de una forma un tanto brusca pero no injusta: contemporáneos como Philip Roth empezaron justo en esa década a publicar obrita maestra tras otra (pensar en El teatro del Sabbath, Pastoral Americana hasta llegar a Elegía) y Richard Ford se destapó definitivamente con su otra saga paralela a los Rabbits, la de Frank Bascombe. A partir de ahí, asumiendo que sus hits estaban ya hechos, Updike ha ido siendo un magnífico crítico, cuya labor debería editarse prontito ya en castellano porqué es tan prolífica que da bastante vergüenza.¿Qué queda entonces? Corre Conejo como esa novela-crónica con secuelas a la altura, la magnífica Parejas como una síntesis a todo lo que vendrá después y Lo que queda por vivir, libro de cuentos precioso, que a falta de leer sus early stories y demás, se revelan como un legado literario magnífico. Entonces podemos leer Terrorista en la modalidad que yo llamo best seller metafísico (estoy estudiando en incorporarla a mi currículum): un hit escrito por un autor de prestigio que tiene la misma simpatía y el mismo espíritu que Gertrudis y Claudio, el retelling Shakesperiano. Y metafísico porqué ese es el tema de Terrorista (no el 11S que se revela una circunstancia) como el resto de obra de su autor: la existencia de Dios, el sentido de las vidas y demás mandangas propias de un pope superado a caballo entre la generación New Yorker y la tradición literaria judeoamericana.
Terrorista es Harry Angstrom protagonizando un nuevo episodio de 24. Jack Levy es un trasunto de todo héroe updikeano pero en un tono crepuscular que hace parecer Sin Perdón un canto a la alegría de vivir: nunca habíamos sentido a un personaje de su autor tan envejecido, tan rodeado de asco en todos sus sentidos (físicos, existenciales) que cuando vemos a este señor TAN decrépito tener algo tan intrínseco como fe en la humanidad no nos puede parecer menos que emocionante. Ahmad, por otra parte, es la antitésis de nuestra imagen terrorista: no sólo no es el clásico yihadista, sino que es algo así como un teenager con una excentricidad llamada islamismo que le llevará a un disparate. Updike desgrana humor y sensibilidad pop: las andanzas del joven Ahmad en el instituto, saliendo con la chica del Chico Malo (jefe de una banda de latinos) y luchando contra éste es tan clara y divertida que uno no puede dejar de sonreír.
Parrafo de Spoileracos (Salténselo)
Si en El Cabo del Miedo Jordi Costa habló de la victoria de Scorsese sobre Spielberg, en Terrorista podemos hablar de la victoria de Updike sobre su género (el superventas: subderivado de la actualidad más oportunista). Cuando en Terrorista se supone que deberíamos encontrar persecuciones y tiroteos, Updike crea su tensión como en el resto de sus libros: con deliciosas escenas de sexo (bastante sorprendentes para los no iniciados en su autor, siendo el superventas un género completamente mojigato cuando no directamente naif en cuestiones de sexo) y lapsos de tiempo que le dan al libro una estructura de crónica temporal muy similar a la de los Conejos. Si nadie con dos dedos de frente protestó por el intrigante happy ending del remake de Scorsese, el de Updike no debe llevarnos al engaño: es un happy ending en la medida que sepamos discernir hasta qué punto es satisfactorio que Jack Levy logre que Ahmad no cometa el atentado. Pero su existencia, igual de nihilista, también llega a su fin. ¿Empieza la de Ahmad? Dudo mucho que tras su fortuito encuentor con Joryleen vaya a salvarla. Updike es un viejo zorro y no ha cambiado ni un ápice que antes: este es el mismo final que el de Corre Conejo. Una decisión irreversible y aparentemente feliz para el protagonista, y una elipsis en medio de la narración con un rumbo a lo desconocido.
Parrafo de Spoileracos (Termina Aquí)
El libro es honesto pero además agradablísimo: hay en él un montón de reflexiones bastante sencillas pero no por ello deshechables (sobretodo en su planteamiento del debate del relativismo postmoderno y la fe islámica, que se resuelve de forma humanística) y un entretenimiento inteligente completamente asegurado. La crítica, equivocada, parecía esperar de Updike la nueva palabra de la narrativa post11S. Esta nueva (y última) palabra del hecho que lo cambió todo es una novela que transcurre precisamente en el ruido de fondo de las torres que se mantiene en las orejas de sus víctimas tras muchos años: se llama El Hombre del Salto y la escribió, quién sino, Don DeLillo. Ésta es divertida y está facturada por un gran escritor orgulloso de que hace muchos años que no lo es, que suple su falta de ambición por una dosis inusual de inteligencia en un género que parece muerto y envuelto en conspiraciones explotadas sin gusto por el delirio o la creatividad. Y con este panorama, Terrorista es de una sofisticación inesperada y nada molesta en su estilo literario, que demuestra que seguimos estando ante un tipo insobornable.
viernes, septiembre 28, 2007
La gente de bien y otras cosas de interés
que se promete sibarita y sólo un poco más esquivo de tantos exámenes. Aunque ya veremos. Al grano, arrinconados:John Tones ha escrito mucho estos días Y muy bien. El sensei oficial del blog ha hecho de todo: dar buenas noticas ; reformar nuestra definición de la poesía y convertirse en detective borgeano del pixel just for one day. Pero además, hay más buenas noticias: alguien-que-ya-sabemos rescató la maravillosa guía de las 45 comedias adolescentes, claro está, el Doctor Zito sirvió en bandeja una conversa bufandera entre él y yo, pero la mejor noticia, por los siglos de los siglos, la había dado Vigalounge.Para acabar con la crítica Freudiana: Las listas de Metterling
jueves, septiembre 27, 2007
(Not) Easy To Love
de Holiday, que convertía el sarcasmo en tragedia y es la misma sensación que obtengo al terminar de ver Todo Lo Demás: hay un montón de sarcasmo y risas, pero a poco que uno piense intuye el sinsabor. Wilson, que había trabajado con codo con Benny Goodman para aprender las bases de un buen trío, llevó al jazz orquestral a un territorio sumamente melancólico y contó con cómplices muy preparados para ello como Roy Eldridge o Lester Young. El saxofón tenor de Lester Young, qué compartió con Holiday una de sus grabaciones más exquisitas (7 cedés editados por Verve, el tesoro obligatorio de cualquier investigador de la belleza), es el que cierra la película de Allen con There will be another you. La arrolladora belleza de Holiday arrastra siempre a Jerry Falk en la tienda de discos: que el personaje diga que odia los cedés no es una forma de nostalgia, sino de escuchar la música y entender el cine, Allen no sabe hacer películas digitales y remasterizadas. Y Todo Lo demás es una definición bella de ello, sin más nostalgia que la de la reflexión.Si Misterioso Asesinato en Manhattan fue otra aventura de Annie y Alvy (que al final sí terminaron juntos), Todo lo Demás es una revisitación planteada desde el desdén, tan válida y tan necesaria como las aportaciones de Charlie Kaufmann y Michael Gondry. El personaje de Christina Ricci es Amanda: tan neurótica como sexy, apenas proporciona otra cosa a Jerry que disgustos. Pero su atracción hacia ella es tan inevitable que no puede no estar con ella. Tras la sinuosidad de Ricci se esconde una neurosis y un egoísmo tan ejemplar como contradictorio: cuando rompen sellan su relación con el sexo que no tenían en meses.
Allen teje su resituación de la crónica de Alvy en un mundo definitivamente peor: él perfila a su mejor personaje, David Dobel, loco psicopáta hijo de la paranoia sionista y del miedo post11S (amante de las armas y maestro de nociones casi imaginarias, un Pepito Grillo en estado puro), esta vez irse a California es una salida. Por eso, posiblemente, Todo lo demás no gustó tanto a los críticos no conocedores del Allen: hacía falta entender el valor que tuvo California en anteriores propuestas del maestro, para comprobar la melancolía existente en ésta. Ello no es óbice para crear estupendos personajes secundarios, directamente emigrados de Broadway Danny Rose: Paula y Harvey proporcionan los momentos más singularmente cómicos de toda la función. Si a eso le añadimos una presencia de gags casi continuada adobada con ese tono desencantado el resultado borda la perfección: Anything Else es casi un testimonio a una despedida de Nueva York, que encontraría en Melinda y Melinda en la última película, hasta ahora, del genio en su escenario habitual.
Mero Allen

Pura Anarquía reproduce con fidelidad el chiste de Woody Allen acerca de Nietzsche, lo varia y lo vuelve a poner en lo que es una declaración de amor: una especie de fiesta concéntrica de todos sus relatos para, de forma irremediable, terminar yendo más allá. Como en aquél momento de Deconstructing Harry que Allen se congregaba con sus personajes, Pura Anarquía recopilatorio de los últimso veinticinco años funciona como triunfal regreso más que como voluntarioso greatest hits, por mucho que a ratos tenga de lo segundo, no puede evitar ser más de lo primero.
Las locuras de Allen ven su irreverencia actualizada (ese relato de Garcia Márquez queriendo guionizar los Tres Chiflados) y con una frescura divertidísima, sorprendente que recupera el sabor de antaño (y sino vean Tirar demasiado de la cuerda, relato de chistes mecánicos de un autor que logra suenen novísimos): Mere Anarchy, precioso título original estropeado en su traducción, es la confirmación de que Allen sigue muy vivo para sus seguidores y para los que no son tantos, capaz de garantizar un humor y unas risas que todavía, a la espera de una cierta continuidad en la obra del aventajado Todd Solondz y que pueda ver con toda la calma del mundo Californication, no ha encontrado un sucesor a la altura. ¡Y ni falta que hace! Como si de un regreso a su etapa más juguetona se tratara, Mere Anarchy demuestra que Allen puede volver a escribir como si todavía dirigiera Bananas o El dormilón, y esto no es un consuelo, es una constatación. En el apartado de reproches, puede que muchos hubieran preferido más de sus célebres obras en un acto o que el chiste de receta Nietzscheana les suene a planto recalentado: pero nada más lejos de la realidad, un autor capaz de reproducir en un juicio a personajes de Disney su universo personal y que todo ello funcione harmónicamente (entre sonrisas y fascinación) no está nada cuerdo ni aplacado por el tiempo.
lunes, septiembre 24, 2007
Un acercamiento al Allen Teatral: Adulterios
Adulterios es una broma muy bien encajada. Parecen tres variaciones sobre la infidelidad pero no, ahí su mayor sorpresa pese a que en las tres obras tengan relevancia. Son tres variaciones sobre tres Allens distintos: el primero, Riverside Drive, sobre el de Delitos y Faltas o Match Point ; el segundo, Old Saybrook, sobre Deconstructing Harry o Stardust Memories y el último, Central Park West, entroncaría en su vena Maridos y Mujeres.
Riverside Drive es un Allen teatral pero también hace desear al lector que ojalá su somnífera Cassandra se hubiera parecido a ella: es un retelling de Match Point pero desde el final y que toda surge en un acto (como el resto de obras) como diálogo entre psicótico vagabundo y el hombre infiel y débil. Maravillosa de principio a fin, su variación dostoievskiana es del todo interesante: el hombre psicótico, casi una fantasia, aparece para salvar la vida de un hombre corriente (y empuieza y termina con gags del mejor Allen) todo por amor al arte. Es maravillos como eso nos lleva a sus personajes artistas-locos de Balas sobre Broadway más que a las variaciones Ripley de sus últimas películas.
Old Saybrook es estupenda: una reflexión acerca de las decisiones narrativas que mueven la ficción, que contiene a un Allen loco y al que sin duda es el mejor de las tres obras. Su capacidad para ir liando la historia nos sorprenderá y enamorará: Max Krolian, el escritor-autor, es el verdadero alter ego alleniano y la verdad es que pocos se podrán resistir a amarla como una reconstrucción del bloqueo creativo y de la historia de infidelidad como algo que se puede combinar con la amargura y el mejor de los happy endings.
Central Park West es una tragicomedia en un único espacio muy inteligente (un piso típicamente neoyorquino) también, donde se demuestra otra vez que alterego Alleniano reside muchas veces en sus personajes femeninos: Phyllis representa aquí el pensamiento alleniano al dedillo y la variación de los maridos, la ausencia de un personaje abiertamente neurótico hacen de esta obra deseable para que él la lleve a la gran pantalla.
El resultado en conjunto es muy desigual: la primera y la última no están a la altura de la pieza central, la más divertida y espectacular (en sus giros, cada vez más locos y bellos). A pesar de ello es irreprochable y hasta deprimente ver como Allen consigue variar mejor sus esquemas en otros medios que no en sus películas: el Allen teatral es, siempre, más juguetón y menos sujeto a la presión de añadir una serie de características que bien podrían haber sido esquivas. Adulterios son tres obras que nos demuestran la validez de Allen como ensayista de la infidelidad capaz de aunar una reflexión de calado moral con un chiste y de llevarse al límite de una forma que no lo hemos visto nunca desde hace, al menos, tres años.
jueves, septiembre 20, 2007
Cassandra me da sueño
-Spoileracos Included -
La última gran película de Woody Allen, Melinda y Melinda, concluía con el grupo de amigos que sirve de eje para la reflexión acerca de las dos historias, firmando la victoria definitiva de la comedia sobre la tragedia. Acto seguido, Allen nos da la espalda y firma Match Point, una reactualización de Delitos y Faltas pero centrada en la ascensión en la escala social como algo paralelo a la ausencia de moral que tenía mucha más ironía de la que se veía. La segunda parte de su trilogía londinense, Scoop, aunaba ya sorprendentemente comedia que romance, y a pesar del espectacular regreso de Allen como Sid Waterman, la cosa era mucho más light de lo habitual. Cassandra's Dream el cierre de su aventura londinense es la peor de todas: la comedia aparece casi súbitamente, como intentando sobrevivir en la mente de un creador que ha renunciado a sus principios y se ha vuelto un payaso con ganas de ejecutar tragedias del todo plúmbeas, nunca superiores a las que hace referencia (Dostoievski, Shakespeare, Eurípides) y renunciando casi siempre en su esencia de lo trágico, tramas de auténtico y puritito cine negro.
Mientras que Match Point se dedicaba a mantener suspense con un giro final estupendo, El sueño de Cassandra es una película mediocre dirigida por un director genial. Esto significa: actores colosales, un personaje estupendo (el tío Howard, incomparable), escenas con ideas realmente buenas (¡esas pistolas de madera y ese asesinato alargadísimo y con errores!), alguna frase inequívocamente cómica (¡Por dios deja que vaya a ver su madre!) y un descubrimiento para el recuerdo: mucho más expresiva y elegante que Scarlett Johansson está Hayley Atwell, cuya voz y gestos llenan la pantalla. Por otro lado, El sueño de Cassandra presenta un montón de situaciones inexplicables y desaprovechadas: ¿por qué Angela desaparece de la función, presentada como femme fatale? ¿Por qué Kate deja de espiar a los dos hermanos? Si a eso le sumamos un final abrupto, el resultado es una película prescindible, capaz de agotar a los fans, y de hacernos preguntas como si a Allen debería interesarle jubilar su etapa europea y volver, por favor, a Nueva York o si debe escribir esa novela que nos prometió. O al menos libros tan geniales como Pura Anarquía.
martes, septiembre 18, 2007
IIA Semana Woody Alleniana: Ocho Tubos Allenianos deliberadamente maravillosos
Bueno y para empezar los tutubos allenianos más exclusivos.:
Maridos y Mujeres – La escena de antes de la cita.
Personajes: Sally (Judy Davis) y Paul (Timothy Jerome).
Caso: Mientras ella se toma de un descanso con su matrimonio con Jack (Sidney Pollack) intenta tener lo que se conoce como otras citas. En medio de ésta (en casa de él) ella no puede evitar llamar a su marido, ante el perplejo de su cita.
Diagnóstico: Muy postitivo. Antes de que realizadores mucho más vulgares (Alejandro González Iñárritu y la comunidad indie en general) redescubrieran mal la vigorosidad de filmar cámara en mano, con sensibilidad Cassevetiana, en 1992 y en medio de su momento más tumultoso, Woody Allen filmaba una obra llamada a ser maestra en todos los aspectos. La escena en sí alterna momentos divertídisimos (Don't defend your sex!) con otros enormemente dramáticos, perfectamente ejemplificados en el rostro desolado de Judy Davis.
Stardust Memories – Me gustaba más cuando hacía comedias.
Personajes: Sandy (Woody Allen), Dorrie (Charlotte Rampling), los alienígenas y su público.
Caso: El hombre y su obra. Sandy es incapaz de afrontar su relación con Dorrie y el público no admite este reciente cambio de él hacia otros senderos artísticos.
Diagnóstico: Preclaro. Woody Allen rodó en 1980 una película en la que se propuso dialogar ocn el público tras el fracaso de Interiores (1978) plúmbeo sermón bergmaniano que fue una semilla necesaria para esa maravilla que es Hannah y sus hermanas. Además son los mejores 7 minutos de una película Alleniana: pasa de la parodia, al diálogo surrealista propio de sus mejores cuentos. Ah, si, la Moonlight Serenade de Glenn Miller es algo más que el fondo, como Gershwin en aquella cinta del 79.
Delitos y Faltas – El discurso final de Levy
Personajes: Louis Levy (Martin S. Bergmann), en voz en off.
Caso: Ben (Sam Waterston) ya se ha quedado ciego (completamente) y repasa la trayectoria del ser humano en uno de los discursos más sintéticos del pensamiento de Allen (mucho más cerca de Levy que no de sus alter egos).
Diagnóstico: Emotivo. Este es uno de esos momentos cinematográficos capaz de resumir lo miserable y lo bello (una dualidad que también explora toda la obra de Allen) de nuestras existencias con un tono inigualablemente universal. Como en el resto de la mejor película del maestro.
Sombras y Niebla – La policía interroga a Kleinmann
Personajes: Kleinmann (Woody Allen), Irmy (Mia Farrow), Spiro (Charles Cragin) y la policía (Greg Stebner, John C. Reilly, etc.)
Caso: La policía quiere usar a Kleinmann para capturar a un terrible asesino. Como siempre las cosas no saldrán tal y como estaban previstas.
Diagnóstico: Sorprendente. Woody Allen adapta una obra teatral y mezcla una trama del falso culpable Hitchockiano, con un ambiente de cine de terror sacado del expresionismo alemán, con un ambiente extraño e inolvidable. Puede que la mejor comedia de terror de todos los tiempos.
Celebrity – Clases de sexo
Personajes: Robin Simon (Judy Davis) y Rita (Bebe Neuwrith).
Caso: Una recién divorciada y renacida Robin acude a clases de fellatio con Rita, una prostituta, que le enseñará como superar sus dificultades sexuales con una banana.
Diagnóstico: Educativo. Debería proyectarse en las escuelas, no sólo es un manual excelente sino también un retrato de nuestros tabúes a través de un chiste. Si, esa es la gracia de Allen.
Hannah y sus hermanas – Suicidio frustrado
Personajes: Mickey Sachs (Woody Allen).
Caso: Mickey, viéndose estéril y con un fracaso con Hannah y su hermana, sentimental, infeliz por su trabajo va a suicidarse. Pero el CINE le salva.
Diagnóstico: Bella. Aunando chistes con amor cinéfilo bien entendido, Allen es capaz de convencernos de que la vida vale la pena, en una escena que parece un descarte beuno de Manhattan.
Bananas – Justicia en el metro
Personajes: Fielding Mellish (Woody Allen) y los matones del metro (Sylvester Stallone y Anthony Caso).
Caso: Los clásicos matones del metro neoyorquino acosan a los pasajeros del vagón. Fielding va a intentar ajusticiarle, con visos bronsonianos.
Diagnóstico: Hilarante. Cuando muchos creen que el humor de Allen se basa íntegramente en la fuerza de muchos de sus chistes verbales, aquí Woody da una lección de humor mudo y físico que ya les gustaría. Woody vs. Stallone. Irresistible.
Zelig – Entrevista con el genio
Personajes: Leonard Zelig (Woody Allen) y la Doctora Eudora Nesbitt Fletcher (Mia Farrow).
Caso: Zelig charla sobre su vida con la doctora Fletcher, la única que le supo tratar.
Diagnóstico: Inclasificable. Leonard Zelig es la Identidad en mayúsculas, una metáfora del cambiante siglo XX a través de su travestismo metafísico.
El artista del cuerpo
La casa de cera (House of Wax, 2005) es posiblemente la mejor película que ha producido la Dark Castle, por encima incluso de la muy divertida House on Haunted Hill (la película inaugural) y seguramente de su próxima apuesta, una adaptación del cómic Whiteout con Kate Beckinsale como reclamo, para una película quizá deudora del éxito de la adaptación de Sin City. En todo caso la que nos ocupa es infinitamente superior a las ocasionalmente simpáticas Barco Fantasma y 13 Fantasmas, producciones que no lograban ni recuperar el encanto de William Castle, la primera, ni resultar la segunda una digna reinterpretación del esquema de Alien trasladado a ambientes góticos canónicos.Y también es, con toda seguridad, la única que podrá ser vista como clásico del género dentro de un tiempo.
La película de Collet-Serra propone , desde la inclusión de Paris Hilton como líder de reparto, una relectura hiperbólica del concepto del grand guignol. No sólo se rescata la idea que ya sostuvo a la magnífica (y muy pulposa) película de Andre de Toth de 1953 sino que se da a la película un tono de repaso a la historia del cine completamente innovador. Vayamos, por partes.
El clásico esquema de slasher teen encuentra aquí a dos personajes definidos: dos hermanos, peleados, que serán nuestros protagonistas. Ella, una scream queen nata pero superviviente y él, un Justin Timberlake de visos superheroicos, capaz de todo para proteger a su hermana. El inolvidable escenario (el cine de terror es también un cine de espacios) en el que transcurre toda la acción es Ambrose, en Louisiana, un pueblo ficticio de visos art decó, un claro referente para el caníbal Aja en su posterior Las colinas 2006. En el cine de Ambrose proyectan sólo ¿Qué fue de Baby Jane? Un clásico del horror grand guignol, y aquí la película va de los cincuenta a los sesenta. Su prólogo es en 1974 lo que nos devuelve a todos los clásicos del american gothic: y por si fuera poco los retoños de Trudy Sinclair emparentan con otras famílias de otros estados, como los Hewitt. Y esta estética postmoderna y reflexiva nació en los 80: La casa de cera es, por encima de todo, una mirada al cine de terror de atrás a través de la acumulación (muy distinta, por ejemplo a la del mucho más ensayístico Rob Zombie) de elementos, logrando un resultado interesantísimo y atractivo. Como cualquier cinta del género incluye una cierta sensibilidad por lo bizarro, que aquí se representan en la poética muerta de Paris Hilton que no hace falta que sea de cera, en el trabajo de Vincent como artista del cuerpo, capaz de reproducir la belleza artificial que le ha sido negado de forma natural y en esa Elisha Cuthbert de labios ensagrentados y dedo cortado, capaz de representar una nueva scream queen mucho más bellamente icónica por la sangre que la envuelve.
sábado, septiembre 15, 2007
Todos (los supervillanos) se llaman Alí
La recién estrenada por estos lares sexta temporada de 24 se la juega hasta llegar a la incomprensión generalizada: sus guionistas admitieron que no tenían nada planeado (como en la perfecta quinta)y que eso puede ser la razón de su fracaso. Para mi es la razón de su éxito frente a otras menos locas como la tercera, por ejemplo, pero también está el hecho de que la cosa se desbalaze como en la segunda, contando la temporada con dos mitades muy marcadas.
En todo caso, 24: Season 6 tiene un delirio que pocas veces será apreciado, más allá de la reaparición de Charles Logan, y es, empezemos, como la presencia de JAMES CROMWELL haciendo de DAD BAUER. Esto es lo evidente, pero en los primeros episodios hay lo que yo llamo el fanatismo pop. La serie de Cochran/Surnow se ha especializado tanto en supermalos árabes que ahora ya sólo les queda la parodia, perdida la credibildad.
Y el momento es el siguiente: una honrada família norteamericana asiste a la detención del padre de Ahmed Amar (Kal Penn) y le protege de la xenofobia reinante por unos atentados. Pero... cuando su hijo se acerca de protegerle del ataque de un xenófobo, descubre que trabaja para los malos. Y Ahmed le dice: Estoy harto de vosotros (y demás perorata de terrorista conversa)... Ni siquiera sabéis pronunciar mi nombre. Mi nombre no es AMED sino AH(J)MED.
Recapitulemos: si a la idea ya de por si arbitraria de colocar a un cómico, o mejor dicho AL cómico de Dos Colgados Fumados (¡Kumar! ¡el maldito Kumar!) de terrorista ya es de por sí irresistible, le sumamos el cabreo por la mala pronunciación como signo inequívoco de que se trata de un terrible integrista islámico tenemos un resultado tan arrebatador y delirante que sólo el resto del episodio puede superar. Esto es el líder pacifista del movimiento islámico, Asad, enseñando a Bauer como se tortura a un traidor a su causa. Ya no me acuerdo de como se hacía esto, dice con pereza y desidia crepuscular McClaniana Jack Bauer. Si no pueden apreciar la cantidad de momentos sublimes, equivalentes en trayectoria al punto alcanzado por Death Wish 3-6, que, perdida la intensidad dramática de otras temporadas, es capaz de atesorar esta sexta temporada, huyan.
viernes, septiembre 14, 2007
We are not two, we are one
Hasta ahora The Darjeeling Limited no está gustando nada al público, al Times y demás gente de bien. Lo curioso es que su Banda Sonora incluye Strangers de The Kinks (y dos temás más del Lola vs. Powerman: This time Tomorrow y Powerman). Y lo es porqué ya se hizo un montaje con esta canción y los Tenenbaums de fondo. No deja de ser maravilloso que, a veces, el fandom pueda ser a la par inteligente y profético.
Acerca de las críticas al film hay poco comentar, por un lado, yo todavía no he visto la película y por el otro, el llamado exceso de estilo me parece otro encantador eufemismo ante la perplejidad e incomprensión que les provoca alguna obra. Nótese que cuando este exceso de estilo del que hablan todos (es la expresión de moda, ahora, ya verán por los foros) puede ser ejercicio de estilo o virtuosismo. O en su summa máxima: virtuoso ejercicio de estilo. Cuando tenía doce años, no sabía de qué me hablaban los críticos con esas expresiones: el verdadero significado lo aprendí viendo Vestida para Matar y Doble Cuerpo. Pero esos no eran ya ejercicios de estilo, eran vulgares pastiches para la limpia y casta cinefilia.
jueves, septiembre 13, 2007
Otra breve historia sobre la censura en la blogoera
En los comentarios de la crítica de Henrique Lage en Séptimo Vicio pueden leer:
david el día 05/09/2007 - 19:39
Los comentarios ya totalmente fuera de madre de Alvyn Singer me han obligado a borrar/editar los mensajes donde se pasa directamente a insultos mayores
Resulta curioso: la lógica terrorista (aplicamos la patriotic law por culpa de este desheredado) olvida totalmente los comentarios previos al mío en el que se llamaba chupapollas citando todos mis comentarios (los mensajes donde se pasa, el glorioso anonimato). Se reduce un párrafo de mi comentario, en el que contestaba con los mismos códigos al autor de los desprecios, a un plural (comentarios) y una hipérbole (fuera de madre). No se editó pues el párrafo de los tacos, dónde por cierto ya advertía de la reacción hipócrita, se reescribió lo sucedido. Así es como la blogoesfera, tan interactiva y llena de liberté en sus comentarios, se recuerda a si misma.
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Menos mal que llega Henrique y nos da a todos dignidad. Ante el razonamiento, juicio moral. Nada nos puede salvar de la moral: si hacemos una crítica más o menos elaborada, justificando, no importa. Somos unos creídos, carecemos de validez. Bendita moral, que nos curó
miércoles, septiembre 12, 2007
De ratones y hombres
Si por algo se caracterizaron las manos veloces e inconfundibles de Django Reinhardt fueron por su profunda heterodoxia: convertir el swing a la velocidad de un sentir tradicionalmente gitano ayudaron con su cóctel a reformar los cimientos mismos de las muy desgastadas maneras del swing, para crear el jazz manouche, una suerte de variante de los esquemas más clásicos que, además, revivía los mejores momentos del Dixieland a través del virtuosismo imprevisible. El guitarrista francés convirtió el encorsetado y orquestrado swing en un son de la calle.
En una escena de Ratatatouille, asistimos a un paseo por el nuevo mundo de los roedores bajo los acordes propios de cualquier melodía de Reinhardt, lo que nos deja claro que el valor de Ratatouille puede ser exactamente el mismo que el del Minor Swing lo fue para todos los oyentes de la música más libre del mundo. Brad Bird ha tejido su carrera bajo la cultura pop y El gigante de hierro o Los Increíbles le dan crédito como amplio conocedor de la estética de un género, que él supo más que revivir o releer con conciencia irónica, acumular de forma excelente. Las fábulas de Bird siempre han estado llenas de personajes totalmente únicos que de un modo u otro son incapaces de convivir con el resto de la humanidad: Ratatatouille es la máxima expresión de esta fábula, la película con la que Bird mira atrás con diversión y se teje un futuro, para sí y para Pixar, más que brillante. Lo que en Cars es territorio perdido, en Ratatouille es pura y dura reflexión sobre el arte aderazada con la bella fábula de Rémy y Linguini completamente paralela a la de Dean y el Gigante de Hierro. Adoptando como siempre el escenario como elemento netamente pop (practicamente se hacen referencia a todas las ideas [románticas, ideales] acerca de París y su música que hemos visto en el último medio siglo), Bird construye una fábula de expresividad pura y emoción intacta.
Al final de la película, Anton Ego concluye que cualquier crítica negativa es bastante mediocre respecto a la obra torpe criticada: así Bird concluye su fábula inversa, que podría resumirse en “No es lo mismo que cualquiera pueda ser un artista (falso) a que un gran artista pueda ser cualquiera (cierto)”. Igual que Django señores: europeo y gitano, regaló al jazz sus mejores momentos, Ratatotuille demuestra que la clásica fábula Disney puede revelarse en un honesto y muy contemporáneo manifiesto sobre las relaciones del artista , su obra y su público.
sábado, septiembre 08, 2007
Serie Vé Digital
Durante los últimos años el cómic ha adquirido un protagonismo en el terreno, digamos, mayor del cine: desde las adaptaciones de Marvel, pasando por los experimentos con Miller hasta las adaptaciones de Daniel Clowes. No deja de resultar lógico que la mejor película de superhéroes no sea una adaptación (me refiero claro a Los Increíbles) y que, como la mayoría de películas Bé de su tiempo, Ultravioleta haya sido entre ignorada y vilipendiada, reservada a una especie de segundo plano como versión menor de Kill Bill o la hermana de la también fracasada Aeon Flux con la Charlize Theron como estrella. Wimmer es un tipo con, sin duda, mala suerte: si uno observa con atención The Recruit verá muchos elementos muy divertidos, como esa puesta al día de espíritu Ultimate de James Bond llamada James Clayton ahora convertido en criptólogo e informático genial de día, camarero de bares molones de noche fichado por un Al Pacino que le enseña las maldades del mundo a través de las novelas de Kurt Vonnegut. Puede que el hecho de que sea un producto a la Pacino y que eso obstruya todo, pero uno intuye que si la película estuviera filmada por Wimmer sería distintísima y no una vulgar sucesión de giros ya de por sí vulgares y conjuntados que parecen más obra de una falta de medios para la acción y dos ex-artesanos en baja forma (Roger Donaldson-Robert-Towne). En realidad, Ultravioleta podría pasar por una versión scifi de Alias pero el fandom ha preferido depositar todos sus mimos en JJ Abrams e ignorar a Wimmer.
Kurt Wimmer se atrevió con Ultravioleta, cinta más alabada a nivel económico tras su Equilibrium, a realizar pura y llanamente un tebeo. Pero está muy alejado del experimento mimetico de Robert Rodriguez: Wimemr quiere revivir la sensación del to be continued de doce vibrantes números resumidos en ochenta divertidísimos minutos. Aunque no es perfecta (ni siquiera lo pretende) Ultravioleta tiene muchas más virtudes que hubieran firmado Warren Ellis o Grant Morrison para uno de sus tebeos-que-resulta-que-son-menores, a saber: superheroísmo bien entendido, imaginería desbocada casi postcyberpunk (con detalles gloriosos como los teléfonos móviles usados o la tarjeta de crédito convertido en pulsera), homenajes al Shogun Assasin (y no plagios a Tarantino señores), fantasía distópica al orden del día (con un montón de referencias acerca del gobierno como retroalimentador de los terroristas y creador de amenazas para justificar el totalitarismo: pura conspiranoia pop) y giros de argumento con doble filo, plenamente autoconscientes, con los que son verdaderos y los que fingen los personajes para confundir a los otros. ¿Qué mas podemos pedir? ¿Una love story innecesaria? Está bien: no hay lovestory pero si hay amor maternal con frases de pura sensibilidad pop de derribo (sueño con carreteras polvorientas con flores) y una Milla Jovovich de la que lo mejor que puedo decirles (y lo digo en serio) es que parece dibujada por el mejor Cassady.
Ultravioleta exhibe orgullosa su condición de neoB-Movie con la batalla final (pura economía de recursos y también homenaje orgulloso) y sus maravillosas elipsis sonoras: aléjense de las películas que la tildan de repetitiva o excesiva, Ultravioleta es una serie de viñetas con una composición excelente y que demuestra que ¡sí! Hay vida, mucha vida en el cinetebeo.
sábado, septiembre 01, 2007
Esnipízese
Mi nueva web favorita no sólo es Esnips, el tesoro descubierto por HT que es lo más parecido a la Quimera, sino también una de las expresiones más utilizadas por nuestro bloguero favorito: Noel Ceballos, del que todos hemos aprendido mucho, para bien (mejor) y para mal (no demasiado, ÉL SIGUE EN ACTIVO)
Y perfectamente para esa clase de gente parece estar hecha Esnips, a saber: La condición postmoderna de Lyotard traducida por Antolín Rato, América de Baudrillard, las Obras Completas de Freud, los Escritos de Lacan , las Poesías Completas de Rimbaud En fin, hartos de soportar tanta incultura bloggera, Internet nos demuestra su condición de biblioteca de babel para que todos, toditos aprendamos un poco. Y mi regalo para el autor del mejor blog de la historia es éste: On postmodern uses of sex de Zygmunt Bauman. ¡Feliz cumpleaños!
viernes, agosto 31, 2007
Hallowen H07
Le daba la murga a Vigalounge con mis temores teenagers acerca de la carrera de Rob Zombie: le decía que no quería que fuera frívolo. No me refería a una frivolidad inferior, todo lo contrario: me refería a que Zombie se desviara de la via que abre su obra maestra The Devil's Rejects ya presente en su necesaria The House of 1000 Corpses, pero que se convierte en toda una película. The Devil's Rejects inicia un estudio de la moral prodigioso, acerca del Mal y acerca de nuestra posición presuntamente democrática ante las situaciones violentas. Zombie no quiere el nihilismo, sino nos presenta una suerte de fábula fatídica y trágica siempre desde la empatía (como decía, con santa razón, Vigalounge).
Cuanto mas opiniones negativas leo de Halloween 07 mas me convence: que si gore porn o sobretodo que el prólogo ocupa 50 minutos, Laurie no tiene protagonismo y el final es distinto. Bien, me resulta curioso que siendo una película TAN diferente la gente se queja de que NO SE PARECE A LA ORIGINAL ni por asomo lo que me deja más convencido acerca de la célebre sentencia tonesiana que reza que la gente es gilipollas. Y más allá, diría porqué algun reproche dice que “No da miedo” ¡como si el final de la saga (la divertidísima Halloween H20 que tiene ya la vocación de homenaje pero no de reescritura personal y Halloween Resurrection, por no remontarme a las magnificas cuartas, quinta y sexta) lo diera! ¡Como si desde las dos primeras, alguna de ellas mantuviera ese grandioso suspense! Lo que les quiero decir es que Rob Zombie no debe ser un elogio de la estética como si lo es el brillante Quentin Tarantino (aunque eso es otra historia) sino debe, a mi juicio, ser la voz de la moral (que no de la moralina ni del moralismo). Su horror, por llamarlo de algun modo, recupera más bien las reflexiones que le llevan a estar más cerca de Henry James y Todd Solondz, capaz de asumir el rol de los slasher como vehículo para la reflexión sin coartadas pedantes pero tampoco sin edulcorantes genéricos (el género es Zombie y su amor). Quiero decir: en términos conceptuales Zombie y James llevan a cabo parecidos relatos. No quiero decir que Zombie se muestra insatsfecho con el género: a su primera película me remito que no es una historia de terror sino una historia acerca de los valores de la historia de las horror movies contemporáneas y que da un crédito a Zombie como un esteta extremo con un sentido del humor negrísimo. Pero yendo un paso más allá como artista, Halloween solo puede ser estratosférica en ese término: debe continuar su búsqueda acerca del Mal, alejada de tópicos psicoanalíticos y psicosociales y sugiriéndoles de forma esquiva en algún que otro momento.
Y si lo pienso mejor, Rob Zombie lo tiene a favor todo: la Noche de Halloween es un mito y nació como homenaje por activa y por pasiva Psicosis ; y el Rob Zombie's Halloween nace como homenaje con conocimiento de causa a Carpenter. Y ambos supieron distanciarse de esa intención para reafirmar la visión única de sus realizadores. Zombie ha firmado para dos películas más con Dimension Films: si hiciese Werewolf Women of the SS (su fake trailer grinjauser tal como se rumorea) ejercitaría de nuevo su poderío como esteta inteliguente (En ocasiones aventajado al mismo QT) pero, hey, nos guste o no Zombie, uno de los mejroes directores de la actualidad, no esta hecho para los divertimentos: cada proyecto suyo es un reto suicida y aunque no estaria de mas ver una película tan estratosférica, el cineasta necesita seguir avanzando en su obra con esa ambición que le caracteriza en su estudio de las zonas oscuras humanas.
lunes, agosto 27, 2007
Deconstructing Quentin: 1997-2007
Resulta más casual que cósmico que Death Proof se estrene diez años después de Deconstructing Harry. Lo interesante, también, es que Death Proof se estrena en un año en que la expresión ejercicio de estilo queda inmediatamente caducada: ¿Cómo calificar a los retos suicidas estilistas de David Lynch, David Fincher y Quentin Tarantino? Mucho me temo que su reto, tanto como los de antaño fueron los de Brian DePalma, pueden quedar sepultados tras esta expresión y el gesto decepcionado de un fandom que nunca parece estar entendiendo a Tarantino, justo cuando todos creíamos que lo tenían clarísimo.
Death Proof , para empezar, tiene un hype más que justificado: el resultado me encanta, pero no creo que sea una película defendible más allá del crimen que es VERLA DOBLADA, sobretodo teniendo en cuenta que Tarantino, again, ha logrado uno de sus guiones más melódicos y armoniosos: todas esas bromas y juegos de palabras están pensadas y escritas en inglés. Doblajes aparte, creo que la película se situa en la línea de piruetas kamikaze como Lady in the Water (o incluso una improbable versión completa de Storytelling de Solondz) estas películas exhiben orgullosamente su condición y la incomprensión general no debe ser motivo de gesto de hastío y depresión general. Siempre, absolutamente siempre parecen lanzadas al necesario estrelle público y al posterior rescate, reconvertidas en señal de culto. En tiempos del interneteo, Death Proof ya tiene su merecida cool-cultmovie place en su lugar, así que por eso tampoco cabe preocuparse.
Inland Empire también parece haber nacido para llevar al límite al hiperbolizador de Lynch más paicente: nada más adecuada para definir una película (poscine, aparte) basada en llevar hasta el límite todo los modos anteriores a modo de autoconfesión: ya había mucho de eso en Mullholland Drive pero Lynch ha convertido su nueva y excepcional película en otra suerte de Deconstructing Lynch ¿Hasta qué punto se sostiene su cine? Sus excesos no son, para nada, gratuitos: la labor de Lynch de hinchar hasta lo fascinante sus elementos no es muy consciente de ser un punto y aparte.
Lady in the Water también es un tour por todo Shyamalan pero también mulitplica sus superhéroes en “recipientes”: el cineasta indio se cuestiona asimismo pero dejando fuera a los generadores de prejuicios (la figura del crítico, que no (todos) los críticos de cine, puede que sólo la mayoría) y explora a modo de summum todos esos temas: el resultado es espectacular pero porqué el espectador siente que no sólo hay búsqueda por parte del aritsta, se siente parte activa de la búsqueda (y puede que ahí resida su principal diferencia junto a todo al Godard de los ochenta, cuyo experimentalismo tenía un inmediatez efímera y plúmbea).
Deconstructing Harry es una autoconfesión revestida, una metarreflexión sobre las relaciones del artista y su obra que es incapaz de violar los parametros más básicos de su obra: el guión repleto de gags y la imaginación como arma infinita. De hecho para contar un tema tan aparotoso y pretencioso, de fondo, todo el aparato formal son una serie de gags que se multiplican y no parecen tener fin. A ese nivel catártico y reflexivo respecto a todo lo demás funciona Death Proof: Tarantino pone a prueba a sus conocedores para que entiendan hasta dónde puede llegar. El resultado es que QT todavía no ha tocado techo y muy posiblemente Inglorious Bastards (como también The Happening de Shyamalan) sea el inicio de este algo que ya se germinó aquí.
Recuerdo que tras Deconstructing Harry vino Celebrity: una de las obras más subestimadas de toda la obra Alleniana pero también la más pura, ácida, divertida y radical. Una suerte de versión desesperada de Manhattan que conectaba todo el imaginario alleniano a terrenos no muy explorados: el alter ego ya no era simpático, no neceseriamente era ÉL y la infelicidad no neceseriamente era la escasa gloria con la que Isaac Davis se despedía de su trabajo.
Sea como sea queda en nuestra mente una película capaz de re-recrear un estado mental a través de canciones (concretamente el del director en nosotros), y cuyos diálogos nos siguen resultando igual de alucinantes que Zoe Bell. Resulta, pues, injusto basar en detalles superficiales una critica negativa a un cine cuyos detalles multiplican las posibilidades de su engranaje narrativo.
sábado, agosto 25, 2007
Vankinízese: Conspiracionismo cool y alrededores
El resurgir de la cultura conspirativa en los noventa no fue gracias a nuestras novelas favoritas de Don DeLillo: lo siento (si, es así) pero fue gracias a Jonathan Vankin. Me entero de la presencia de este clásico multimedia gracias a Miguel Ibáñez (el mayor y mejor distribuidor del discurso alternativo en España desde ya, creando una biblia prodigiosa en datos e ideas) en Pop Control: el apóstol Vankin acuñó la profecía “Conspiracy Theories are American History” ¿Hace falta que añada algo más?
Lo que diferencia a Vankin del resto de nuestros paranoicos conspiradores es que el gurú RAW le respetaba, tanto Conspiracy Theory de Donner como todo el imaginario de Chris Carter de The X-Files (fan confeso) parten de su obra y es también un periodista respetado (con artículos para The New York Times o The LA Weekly), algo inaudito y además escribe tebeos (The Vertigo Pop entre los que he leído) y ahí estuvo tres añazos como redactor del Metro. Sus dos manuales de referencia son el cultbook Conspiracies, Cover-ups and Crimes y el célebre (50,60, 70) 80 Greatest Conspiracies of All Time (escrito a medias John Whalen). En su site oficial encontramos material interesante: desde una entrevista a Grant Morrison hasta mi favorito, su articulazo de Top Secrets para el citado NYT, sin duda alguna el repaso obligatorio para cualquiera que se quiera hacer llamar conspiranoide.
Y por si esto fuera poco corazones, en tiempos de revivals princeseros lo más interesante que podemos: The Great Princess Diana Conspiracy en el que también está Whalen su socio habitual. Así que parafraseando a este nuevo maestro: la década de los 90 fue la década de las conspiraciones. ¿Qué paso después? Posiblemente como narra esa crónica al pie de página de resaca paranoica que es Zodiac (a pesar de estar centrada en un asesino/star de los mass media setentero, fue rodada en esta década) luego todo se vino abajo, porqué todo fue por pura y dura confusión.
viernes, agosto 24, 2007
Que es más de lo que puedo decir de ciertos críticos
Parece que Lorrie Moore está destinada a ser leída mal toda su vida. Me molesta sobretodo la insistencia de compararla con otros autores anteriores a los que ella continua y supera (Carver, si, Carver) y con los que no cabe otra comparación que no sea la de agradecer a Moore el hecho de que se situe tan por encima del gastado esquema del dirty realism.
Diego Doncel dice que se situa en un terreno similar al de Saul Bellow y no podíamos estar más de acuerdo, sin embargo, difiero con que el relato corto de Moore vaya en contra del experimentalismo de Foster Wallace (Moody no me parece ninguna referencia en lo que a relato experimental se refiere: en timos de ese ámbito sí) sino que se acercan de una forma inusitadamente certera. Pero tampoco atribuyo a Doncel un error, al fin y al cabo él es uno de los mejores críticos del Cultural, sino esto a una visión bastante mía de la cercanía de Moore-Wallace. Ambos retratan con sus peculiaridades narrativas el retrato de personajes hastiados, desesperados y su relación con la sociedad, con su status.
Que es más de lo que puedo decir de muchas personas utiliza una narrativa perfecta, combina diálogos directos con indirectos, incorpora la influencia de los medios a la narración misma (el inicio no debería llevarnos al engaño)
“Era un miedo mayor que el que se tiene a la muerte, según las revistas. La muerte ocupaba el cuarto lugar. Después de la mutilación, que era el tercero, y el divorcio, el segundo. El número uno, el verdadero miedo al cual la muerte no se podia ni aproximar, era a hablar en público”
e incluye muchas metáforas utilizando un lenguaje propio no ya de los libros de autoayuda (Moore ya dedicó toda una obra) sino también de todo tipo de revistas o de registros y disciplinas.
“Cuando lo hizo pasar y él le dio la flor, y se sentó para denunciar el florecimiento y condenación de todas las cosas, para denunciar su propia inmortalidad inmerecida, que todas las cosas se precipitaban en el olvido, menos las palabras, que se acumulaban a lo largo del tiempo como las moléculas en el espacio, porque Dios era un acto (¡un acto!) de lenguaje, a ella no le pareció un argumento estúpido, bueno, por lo menos no muy estúpido.”