miércoles, junio 18, 2014


El umbral y la chimenea son espacios míticos. Ambos tienen aspectos sagrados y ceremoniales en la historia de nuestro mito. Cruzar el umbral es entrar en otro mundo - el del interior o el del exterior - y nunca podemos estar realmente seguros de que hay al otro lado de la puerta hasta que la abrimos.

Todo el mundo ha soñado alguna vez con puertas familiares y habitaciones desconocidas. A Narnia se llega cruzando una puerta en un armario. En Barba Azul hay una puerta que no se debe abrir. Un vampiro no puede cruzal un umbral protegido con ajos. Abre la puerta de la pequeña Tardis y dentro hay un espacio enorme y cambiante.

La tradición de entrar en la nueva casa con la novia en brazos es un rito de paso; se deja atrás un mundo, se entra en otro. Cuando abandonamos el hogar paterno, incluso hoy en día, hacemos algo más que salir de casa con una maleta.

La puerta de nuestra casa puede ser una cosa maravillosa, o una visión aterradora; pero raras veces es solo una puerta.

El cruzar hacia dentro y hacia fuera, los distintos mundos, los espacios significativos, son coordenadas privadas que en mi ficción he intentado convertir en paradigmáticas.

Las historias personales funcionan para los demás cuando esas historias se convierten en paraidgmas y parábolas. La intensidad de una historia - por ejemplo, la historia de Fruta prohibida - se librera en un ámbito mayor del que una vez ocupó en el tiempo y en el espacio. La historia cruzal el umbral desde mi mundo al vuestro. Nos encontramos en los peldaños de la historia.

Los libros, para mí, son un hogar. Los libros no hacen un hogar, son un hogar, en el sentido de que hacemos como con una puerta, abrimos un libro y entramos. En su interior hay un espacio diferente y un tiempo diferente.

También hay un calor: una chimenea. Me siento con un libro y tengo calor. Lo sé desde las gélidas noches en el peldaño de casa.

Jeanette Winterson, ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? Traducción de Álvaro Abella Villar.

sábado, mayo 17, 2014






-No estés demasiado seguro. ¿Para qué molestarse en escribir semejantes cosas? ¿No se ha hecho ya, una y mil veces? ¿Es imprescindible que escriba mi nombre en el Muro de las Lamentaciones? Para mí, los libros que cuentan, incluidos los míos, son aquellos en los que el escritor se incrimina. Si no ¿para qué molestarse? ¿Para incriminar a otros? Más vale dejarle esa tarea a nuestros superiores, ¿no te parece?, a ese astuto teatro yiddish que han creado, la llamada Crítica Literaria. Ay, esos nobles hijos judíos de mediana edad, con sus ritos de rebelión y expiación. ¿Nunca los has leído en la primera del Times dominical? Todos esos cazadores furtivos de chumino manifestándose como si fueran el viejo Tolstói. ¡Cómo se identifican con los humildes de la Tierra, cómo vigilan la llama sagrada que, dicho sea de paso, no les cuesta un puñetero centavo! Óyeme, todos esos judíos portadores de la cultura y profundo sufridores, lo que ncesitan es otro judío caíde en desgracia para que expíe en público sus pecados. Así que ¿por qué no yo? Así, sus mujeres no se enteran de nada, sus novias tienen a alguien sensible al sufrimiento a quien chupársela. Y funciona muy bien con la Facultad de Ciencias Musicales de la Universidad de Brandeis. Todos los años veo en los periódicos que los poderes fácticos, desde lo alto, les otorgan isnignnias al mérito para que se pongan en el pañuelo. Virtud, virtud ¿quién posee la virtud? No se ha visto mayor mafía judía desde los tiempos en los que Meyer Lansky estaba en su apogeo.


Philip Roth, El Profesor del Deseo (traducción de Ramón Buenaventura)

miércoles, mayo 14, 2014


Últimamente se compra mucha ropa, entre lujosa e informal, creo que va a la sauna y se peina con gomina. Los chicos hablan poco de él cuando voy a verlos, pero le llaman "pared de mampostería", no sé si por las obras que siempre está inventando, por el pelo tan pegado o porque él mismo se ha convertido en una especie de pared que no deja resquicios para que se cuele ningún problema de los que no se pueden zanjar a base de dinero. Yo no sé qué hacer cuando los chicos hablan en este tono de Eduardo, por una parte tienen razón, pero lo acepto mal, la educación que he recibido no me había preparado para que algún día llegara a verme en situaciones así. A él los chicos está claro que cada vez le importan menos, que le basta con tenerlos lejos, apenas se pronuncia su nombre entre nosotros ahora. Debe ser culpa mía, nunca encuentro el momento. Pero tampoco se trata de culpas, es que las cosas no son tan fáciles, hay mucho mar de fondo.

Carmen Martín Gaite, Nubosidad variable.

lunes, abril 21, 2014

UNA LENGUA CORROMPIDA

¿Cómo confiar en el lenguaje si éste ha demostrado con creces su incapacidad para dar cuenta del horror, de la soledad, de la muerte? ¿Cómo escribir en una lengua corrompida por la historia? Las novelas de J.M. Coetzee plantean una y otra vez la necesidad de enfrentar estas preguntas, intuidas - como relata en Juventud, el segundo volumen de sus memorias - en la paralizante lectura de la poesía del siglo XX.

Londres, 1962: Coetzee es un joven fantasioso que ha dejado Ciudad del Cabo en pos de la poesía. Consigue empleo con cierta facilidad, pero mucho más complejo le resulta cumplir con su vocación de escritor. Por entonces lee a Rilke, a Vallejo, a Neruda, pero en especial a Ezra Pound y T.S. Eliot, en quienes no sólo ve modelos literarios sino verdaderos ejemplos de vida, espejos donde mirarse: "Si Eliot elige parecer aburrido, elige vestir traje y trabajar en un banco y llamarse a sí mismo J. Alfred Prufrock, tiene que ser un disfraz, parte de la malicia que el artista necesita en la era moderna", piensa el protagonista de Juventud, que lleva traje negro y trabaja en IBM, aunque la suya no es una máscara que le siente cómoda. No eligió parecer aburrido, está aburrido de veras, al borde de la desesperación, perdido en una ciudad que va enseñándole a palos su lugar en el mundo.

Es entonces cuando Coetzee da el paso de la poesía a la prosa, que para él es, sin duda, un retroceso pues ve en la prosa apenas una "segunda mejor opción", una solución de compromiso gracias a lac ual ya no tendrá que hacerse responsable, por ejemplo, de estos imponentes preceptos del propio Eliot: "la poesía no es un dejar libre la emoción, sino una huida de la emoción", "La poesía no es una expresión de personalidad, sino una huida de la personalidad". Seguro de que ha dado con algo importante, John copia estos fragmentos en su diario, pero ahora, desolado, añade un triste comentario al margen: "Sólo aquellos que tienen personalidad y emociones saben lo que significa huir de tales cosas".

John no es un joven sin personalidad, sino un inmigrante que busca convicciones y sólo enceuntra sospechas. "La prosa, afortunadamente, no quiere emoción", se dice, como una manera de afrontar el descalabro; "La prosa es como una extensión lisa de agua tranquila sobre la que uno puede ir añadiendo cosas a placer, dibujando sobre la superfície". Ya no le sirven Pound ni Eliot. En busca de un nuevo modelo recurre a Henry James, pues entiende que uno de los méritos de James es haber trascendido las nacionalidades, lo que para un colono de origen afrikáner deseoso de reinventarse ocnstituye una valiosa oportunidad: "La gente de las obras de James no tiene que pagar el alquiler; desde luego, no tiene que aferrarse a un trabajo; lo único que se le exige es que mantenga conversaciones supersutiles que desencadenarán minúsculos trasvases de poder, cambios tan mínimos como invisibles para todos excepto para el ojo experimentado".

Muy pronto Coetzee comprueba que es realmente difícil conseguir diálogos supersutiles entre personas interesantes. Entiende, entonces, que la acción narrativa reclama un escenario específico: meintras la poesía tiende a prescindir de los pormenores espaciales, la prosa pide un escenario particular, y el escenario de Coetzee es Sudáfrica, no Londres. John quiere ser inglés, como Eliot, el poeta que no era inglés pero que convenció a medio mundo de que era inglés. ¿Pero es posible convencer a medio mundo de que no es surafricano? ¿Es John un buen actor, un actor tan bueno como Eliot? De momento odia o cree odiar su lugar de origen: "Sudáfrica fue un mal comienzo, una desventaja", "Si mañana se levantara un maremoto desde el Atlántico y barriera el extremo sur del continente africano, no derramaría una sola lágrima". En las calles de la inhóspita Londres, en cambio, late la pasión artística: "Puede que Londres sea glacial, laberíntica y fría. Pero tras sus muros intimidatorios hombre sy mujeres trabajan escribiendo libros, pintando cuadros, componiendo música". Por ahora no quiere aceptarlo, pero ya sabe que su historia no es la de Eliot: ya sabe que para ser escritor debe convertirse en sudafricano, debe convertirse en lo que ya es.

La poesía es una huida de la emoción, pero John, que cree carecer de emociones, no sabe de qué huir. La prosa, en tanto, no necesita emoción, sino escenarios particulares, es decir Sudáfrica, el país del que ha escapado, y no Inglaterra, el país del que no quiere escapar. Coetzee nace cuando acepta que Sudáfrica es el escenario del que huye al escribir. Ése es el tema de Infancia y Juventud: la vida de alguien que más bien a su pesar comprende que no hay mundos paralelos, que es imposible marginarse de la historia. La emoción - el dolor que, en sus más diversas formas, recorre cada página de Coetzee - requiere de un cauce, y eso lo aprendió de Pound y de Eliot. A su manera, por cierto: quería que Eliot le enseñara cómo ser un poeta inglés sin ser inglés, pero acabó aprendiendo cómo ser un escritor sudafricano, un escritor de ninguna parte. En la mejor poesía del siglo XX, Coetzee fraguó la mejor literatura de las últimas décadas.

"Esta casa no pretende desnudar mi corazón. Pretende desnudar algo, pero no mi corazón", confiesa la protagonista de La edad del hierro. El imperativo moral que rige los libros de Coetzee es la necesidad de nombrar sin gimoteos, valientemente, aquello que haya que nombrar, aunque hacerlo suponga un brutal ejercicio de honestidad. También de la Edad de hierro proviene esta preciada y urgente declaración de principios: "Lo que he visto es terrible. Merece ser condenado. Pero no puedo denunciarlo con palabras ajenas. Tengo que encontrar mis propias palabras, que sean mías. De otra forma no sería verdad. Eso es lo único que puedo decir ahora".

En Desgracia, la realidad le demuestra a David Lurie que para describir Sudáfrica el inglés es una lengua muerta. "Como un dinosaurio que expira en el fango, la lengua se ha quedado envarada", comprende. Eso es lo que tarde o temprano los personajes de Coetzee acaban descubriendo: que en el mundo donde viven no cabe la ficción, que sólo les queda comunicar, con justeza, lo que ven. El desafío de Coetzee es prácticamente el mismo de Eliot: purificar el lenguaje de la tribu. Lo que cambia es el énfasis: Coetzee prueba que es posible escribir en un lenguaje contaminado. De ese lenguaje en decandencia el escritor entresaca aquello que aún se puede decir, y procura decirlo con la mayor claridad, seca, cabalmente. En uno de los pasajes más bellos y certeros de Elizabeth Costello, Coetzee lo expresa de este modo: "Simplemente escribo las palabras y luego las pongo a prueba. Pruebo su solidez para asegurarme de que he oído bien". Eso es, en definitiva, lo que hace un gran escirtor: poner a prueba el lenguaje de su época.

Alejandro Zambra, No Leer.

lunes, abril 07, 2014


No había sabido cómo llamarlo, no había querido hacerlo, pero desde el primer momento supo que aquello iba a durar. Pasión, delirio, obsesión - aspiración quizá: pero eso era lo más apurado y horrible de todo - fueron palabras que con el tiempo llegarían a imponerse, pero aun entonces el impulso de decirlas le resultó ajeno, la voz que las articuló apenas la reconoció como suya, y el efecto final fue el mismo que si hubiese profanado algo muy precioso y muy profundo. Ni una sola de las palabras las había inventado ella, y nada le parecía tan detestable como lo que había oído tantas veces pronunciar a los demás. Si las pronunció, y lo hizo en aras - le dijeron - de una eventual lucidez, nunca dejó de sentir que lo había hecho definitivamente a pesar de sí misma, como una sonámbula a quien la fría aurora despierta de un sueño cándido.

Luis Magrinyà, G.C. en Belinda y el Monstruo.

sábado, marzo 29, 2014


al llegar la noche en que el alma
iba a serle reclamada
he aquí que al no aguantarse
la entregó una hora antes


la nuit venue ou l'âme allait
enfin lui
être reclamée
volà-t-il pas qu'incontinent
il la rendit une heure avant

Samuel Beckett, Letanías, 1976-1978. Traducción de Jenaro Talens.

jueves, marzo 27, 2014


ROTH: En El libro de la risa y el olvido, sin embargo, hay otras cosas en juego. En una pequeña parábola, compara usted la risa de los ángeles con la risa del diablo. El diablo ríe porque el mundo de Dios no tiene sentido para él; los ángeles ríen de alegría, porque en el mundo de Dios todo tiene su sentido.

KUNDERA: Sí, el hombre utiliza la misma manifestación fisiológica - la risa - para expresar dos actitudes metafísicas distintas. Si de pronto a alguien se le cae el sombrero encima del ataúd, en una tumba recién abierta, el entierro pierde todo su sentido y nace la risa. Dos enamorados corren por un prado, cogidos de la mano, riéndose. Su risa no tiene nada que ver con ningún chiste ni con ninguna clase de humor: es la risa seria de los ángeles cuando manifiestan su alegría de existir. Ambas modalidades de la risa forman parte de los placeres de la vida, pero, llevados al extremo, también indican un apocalipsis dual: la risa entusiasta de los fanáticos-ángel, tan convencidos de su importancia en el mundo, que están dispuestos a colgar del cuello a todo el que no comparta su alegría. Y la otra risa, procedente del lado opuesto, la que proclama que nada tiene ya sentido, que hasta los entierros son ridículos y que el sexo en grupo es una mera pantomima cómica. La existencia humana tarnscurre entre dos abismos: a un lado, el fanatismo; al otro, el escepticismo absoluto.

ROTH: Lo que ahora llama usted risa de los ángeles es una nueva manera de denominar la "actitud lírica ante la vida" de sus novelas anteriores. En una de sus novelas, dice que la era del terror estalinista fue el reino del verdugo y del poeta.

KUNDERA: El totalitarismo no es sólo el infierno, sino también el sueño del paraíso: el antiquísimo sueño de un mundo en el que todos vivimos en armnía, unidos en una sola voluntad y una sola fe comunes, sin guardarnos ningún secreto unos a otros. También André Breton soñaba con este paraíso cuando se refería a la casa de cristal en que ansiaba vivir. Si el totalitarismo no hubiera explotado estos arquetipos, que todos llevamos en lo más profundo y que están profundamente arraigados en todas las religiones, nunca habría atraído a tanta gente, sobre todo durante las fases iniciales de su existencia. No obstante, el sueño del paraíso, tan pronto como se pone en marcha hacia su realización, empieza a tropezar con personas que le estorban, y los regidores del paraíso no tienen más remedio que edificar un pequeño gulag al costado del Edén. Con el transcurso del tiempo, el gulag va creciendo ent amaño y perfección, mientras el paraíso a él adjunto se hace cada vez más pobre y más pequeño.

ROTH: En su libro, el gran poeta francés Paul Éluard se eleva hacia los cielos con el paraíso y el gulag, cantando. ¿Es auténtica esta anécdota?

KUNDERA: Después de la guerra, Éluard abandonó las filas del surrealismo para convertirse en el mayor exponente de lo que podríamos llamar "poesía del totalitarismo". Cantó la fraternidad, la paz, la justicia, el mañana mejor, la camaradería, en contra del aislamiento, a favor de la alegría y en contra del pesimismo,a  favor de la inocencia y en contra del cinismo. Cuando, en 1950, los dirigentes del paraíso sentenciaron a un amigo suyo, el surrealista Závis Kalandra, a morir en la horca, Éluard no se permitió ningún sentimiento de amistad: se puso al servicio de los ideales suprapersonales, declarando en público su conformidad con la ejecución de su camarada. El verdugo matando, el poeta cantando.

Y no sólo el poeta. Todo el período estalinista fue un delirio lírico colectivo. Es algo que ya está completamente olvidado, pero resulta de crucial importancia para entender el caso. A la gente le encanta decir: qué bonita es la revolución; lo único malo de ella es el terror que engendra. Pero no es verdad. El mal está presente ya en lo hermoso, el infierno ya está contenido en el sueño del paraíso; y si queremos comprender la esencia del infierno hemos de analizar también la esencia del paraíso en que tiene origen. Es extremadamente fácil condenar los gulags, pero rechazar la poesía totalitaria que conduce al gulag, pasando por el paraíso, sigue siendo tan difícil como siempre. Hoy, no hay en el mundo nadie que no rechace de modo inequívoco la noción del gulag, pero todavía queda mucha gente que se deja hipnotizar por la poesía totalitaria y se pone en marcha hacia neuvos gulags al son de la misma canción lírica que entonaba Éluard mientars planeaba sobre Praga como un gran arcángel del lirismo, con el humo del cadáver de Kalandra elevándose al cielo desde la chimenea del crematorio.

ROTH: Lo característico de su prosa es la constante confrontación entre lo privado y lo público. Pero no en el sentido de que el telón de fonda de los relatos privados sea lo público, ni de que los hechos políticos invadan las vidas privadas. Es, más bien, que usted continuamente nos está haciendo ver que los hechos políticos están gobernados por las mismas leyes que los privados, lograndoa sí que su prosa se convierta en una especie de psicoanálisis de la política.

KUNDERA: La metafísica del hombre es la misma en la esfera privada que en la pública. Tomemos, por ejemplo, el otro tema del libro, el olvido. Éste es el gran problema privado del hombre: la muerte en cuanto pérdida del yo. Pero ¿qué es el yo? Es la suma de todo lo que recordamos. Así, lo que nos aterroriza de la muerte no es la pérdida del futuro, sino la pérdida del pasado. El olvido es una forma de muerte que siempre está presente en la vida. Ése es el problema de mi protagonsita femenino, que trata desesperadamente de preservar la evanescente memoria de su amado marido difunto. Pero el olvido es también el gran problema de la política. Cuando una gran potencia quiere despojar a un pequeño país de su conciencia nacional, acude al método del olvido organizado. Así está ocurriendo actualmente en Bohemia. La literatura checa contemporánea, en la medida en que aún conserve algún valor, lleva doce años sin imprimirse. Hay doscientos escritores checos proscritos, incluidos algunos que ya no viven, como Franz Kafka. Ciento cuarenta y cinco historiadores han sido destituidos de sus cargos, se ha vuelto a escribir la historia, se han echado abajo muchos monumentos. La nación que pierde conciencia de su pasado también va perdiendo gradualmente la conciencia de sí misma. Y así, la situación política arroja una luz brutal sobre el problema metafísico ordinario del olvido, el que estamos enfrentando todo el tiempo, todos los días, sin prestarle atención. La política desenmascara la metafísica de la vida privada, la vida privada desenmascara la metafísica de la política.

Philip Roth, El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras. Traducción de Ramón Buenaventura

jueves, marzo 06, 2014


De manera que cuando amanece ese primer control del poder destructivo adolescente mediante el signo de lo Bello, el relumbre solar nos impide ver lo que rampa tras la mancha de fuego, y no es sino otra potencia (o divinidad) de igual calibre, aunque opuesta. El dios llamado "Terrible", "Irremediable" o "Inevitable", carece de signo visible, pero se oculta detrás del signo lingüístico más propiamente griego. Hasta mucho más tarde, cuando ya casi no quede nada en verdad viviente, no hemos podido abstraerlo o controlarlo. No tiene rostro ni cuerpo, ni estatua ni templo, aunque es tan griego como su gemelo invertido. En esa su invisible intagibilidad basa la persistente acción, inadvertida, artera. Su nombre, Ananké, debería espluznarnos, pero sólo su nombre, ya que no conocemos ni sus ojos, ni su torso, ni si es macho o hembra, ni si habita en grutas o palacios, ni si lo cubre casta túnica o se exhibe en obscena burla de nuestra repugnancia.

Si de Ananké, lo inevitable, lo necesario, lo irremediable, sólo conocemos su nombre (bajo diversas formas, porque también se llama Moira y Tyké y aún puede ser llamado de otras maneras), será porque se trata de la más dificultosa de las potencias, aquella que sólo puede ser abstraída y controlada mediante signos lingüísticos, peroes inasequible al a piedra y a la luz. Y así como los jóvenes asesinos sexuales se paralizan en la bella estatua del parricida Orestes que sólo invita al a reproducción armónica, así quizá Ananké sólo pueda caer cautiva mediante un conjuro. Los griegos dan un paso más hacia la magia y la brujería del control cósmico, el gran arte cristiano que se ejerce a la sombra de la cruz para dominar y abstraer las fuerzas terrestres.

Que lo Inevitable está por encima de los dioses es asunto comprensible y digno de encomio. Ni Zeus puede conseguir que la línea de puntos que forma la circunferencia incluya un punto, uno sólo, cuyo radio sea distinto al de sus infinitos hermanos. Hermenes no venderá un caballo por el precio de una maldición tebana. Afrodita no puede impedir que sólo las hembras hagan ofrenda de sangre al os circuitos lunares. Hay asuntos que a los dioses les vienen tan impuestos como a los mortales y por eso inclinan su hermosa cabeza y se resignan, algo que no hará su sucesor, el Cristo, mago inmenso que resucitará muertos, maldecirá una higuera por no dar fruto en febrero y, si así lo desea, detendrá el pausado deambular de los círculos celestes. Pero los bellos dioses no. Los bellos dioses están limitados por una ley superior e inevitable.

La imposibilidad, no obstante, es neutra, ni afirma ni niega. Cuando Hölderlin apunta que "nosotros [los mortales] antes que los dioses hemos conocido el abismo", está señalando que sólo los mortales conocemos el inmenso infierno de lo negativo: el tedio, el dolor, la melancolía, la desolación, el sufrimiento, el hastío, el desamparo, la angustia, la consternación. No obstante, lo inevitable no pertenece al orden de lo negativo aquí insinuado, sino también al de lo afirmativo como que el día suceda a la noche, la lluvia a la sequía, que el caballo tenga un gran corazón,o que el cielo de bronce nos proteja sin razón ni causa.

Esta sujeción de los dioses a una necesidad incomprensible, incognoscible e intangible, garantiza que aunque su poder sea inmenso, tiene un perímetro de seguridad. Los dioses bellos no pueden enloquecer y por lo tanto no pueden estallar como adolescentes de manera que su colosal potencia arrase por completo a los humanos. Tienen un signo definido que abstrae y controla su lado siniestro. Así que se muestran en la cordura, en la limitación, en la permanencia como divinidad solar también inevitable. Contraste grande con el último dios, el cristiano, de quien no puede garantizarse la cordura puesto que no está sometido a Ananké, razón por la cual Descartes pudo especular sobre las espeluznantes consecuencias de que el dios de los católicos esté rematadamente loco.

Y así llegamos al último signo de ese primer mundo occidental dominador de la vida sin causa, pues entre las múltiples formas que abstraen y controlan las pasiones y fenómenos de la Tierra y que hacen que en todo intercambio brille el báculo de Hermse o en todo choque amoroso la húmeda de piel de Afrodita, no hay sin embargo lugar alguno o signo apra Ananké, ni figura ni aspecto, ni apariencia, pues de esta potencia no tenemos más información que la lingüística. Ya Malraux, en su tratado acerca de lo Sobrenatural, subrayaba esta peculiaridad: que siendo tabú la representación y el culto de lo Inevitable, no quedaba más remedio que aproximarse a esa deidad mediante la palabra, así que debíamos imaginar el templo de Ananké alzado con las piedras y la argamasa de la tragedia. Malraux lo escribía poéticamente y decía que las cariátides del templo de lo Inevitable son los versos trágicos.

Ahora entramos en ese templo construido con palabras. En un espacio vacío llamado escenario se enfrentan dos oraciones. Tienen un fondo escenográfico que nadie toma en serio pues es un simple telón sobre el que rebota el sonido, un límite convencional y prescindible. Delante de los agónicos (o agonistas, es decir, protagonistas) hay semircírculos de oyentes. La palabra trágica, el signo de lo inevitable, tiene lugar en el vacío y ese vacío es el templo de Ananké. Los discursos que enfrentan son poderosos versos a veces coreados, a veces danzados, porque la música es el andamiaje, el encofrado, la argamasa y la viguería de la palabra trágica.

Las dos oraciones que se enfrentan en el vacío, la de Antígona y la de Creonte, no luchan entre sí ni se destruyen mutuamente sino que muestran su mutua dependencia, su necesidad recíproca, lo Inevitable, esa potencia superior a los dioses en cuyo templo ahora asisitimos sobrecogidos a la destrucción de los héroes. Los divinos quieren ayudar a sus predilectos, a Antígona, a Orestes, a Edipo, pero al cabo se ven impotentes y cuando su protegido cae fulminado, agachan la cabeza y cantan que ni siquiera Zeus puede torcer a Ananké. El templo de la fatalidad se construye con música y palabras que relucen en el vacío, como las estrellas en la noche del mundo. Y en ese templo asistimos a la derrota de los dioses y a la mentira ignominiosa de lo Bello.

Félix de Azúa, Autobiografía sin vida.

martes, marzo 04, 2014


No he tenido una vida feliz - dijo Annabellle-. Creo que le concedía demasiada importancia al amor. Me entregaba con demasiada facilidad, los hombres me dejaban tirada en cuanto conseguían lo que querían, y yo lo pasaba mal. Los hombres no hacen el amor porque estén enamorados, sino porque están excitados; me hicieron falta años para comprender un hecho tan obvio y tan simple. Toda la gente que me rodeaba vivía así, me movía en un medio liberado; pero no sentía el menor placer provocando o seduciendo. Hasta la sexualidad terminó asquéandome; ya no soportaba sus sonrisas de triunfo cuando me quitaba el vestido, sus caras de idiota cuando se corrían, y menos aún sus groserías una vez acabado el acto. Eran despresciables, pusilánimes y pretenciosos. Al final resulta penoso que te consideren ganado intercambiable, aunque a mí me considerasen una buena pieza por ser estéticamente irreprochable y se sintieran orgullosos de llevarme a un restaurante. Sólo una vez creí que la cosa iba en serio y me fui a vivir con un tipo. Era actor, tenía un físico muy interesante, pero no cosneguía abrirse camino; y era sobre todo yo la que pagaba las facturas del apartamento. Vivimos dos años juntos, me quedé embarazada. Él me pidió que abortara. Lo hice, pero al volver del hospital supe que se habia acabado todo. Me separé de él esa misma noche y me instalé durante cierto tiempo en un hotel. Tenía treinta años, era mi segundo aborto y estaba completamente harta. Era en 1988, todo el mundo empezaba a ser consciente de los peligros del sida; yo lo viví como una liberación. Me había acostado con docenas de hombres y ninguno merecía que lo recordase. Hoy pensamos que hay una época de la vida en la que uno sale y se divierte; después aparece la imagen de la muerte. Todos los hombres que he conocido tenían terror a envejecer, no paraban de pensar en su edad. Esa obsesión por la edad empieza muy pronto, la he visto en gente de veinticinco años, y luego no hace más que empeorar. Decidí parar, dejar el juego. Llevo una vida tranquila, sin alegría. Por las noches leo, me hago infusiones, bebidas calientes. Todos los fines de semana voya  casa de mis padres, paso mucho tiempo con mi sobrino y mis sobrinas. Cierto que necesito un hombre, que a veces tengo miedo de noche y que me cuesta trabajo dormirme. Están los tranquilizantes, los somníferos; pero eso no basta del todo. En realidad, me gustaría que la vida pasara muy deprisa.

Michel guardó silencio; no estaba sorprendido. La mayoría de las mujeres tienen una adolescencia exaltada, se interesan mucho por los chicos y el sexo; poco a poco se cansan, tienen cada vez menos ganas de abrir las piernas, de curvar la espalda y presentar el culo; buscan una relación tierna que no encuentran, una pasión que ya no son realmente capaces de sentir; entonces empiezan para ellas los años difíciles.

Michel Houellebecq, Las partículas elementales. Traducción de Encarna Castejón.

lunes, marzo 03, 2014


MATRIMONI

Tanca el ponent a fora,
tot l'estiu, la parada
fatiga de suburbi,
geranis i falcies.

Tens ordenada i neta
i a punt la nostra casa,
oi que sí? De seguida
començarem a dir-nos,
potser, velles paraules.

T'en riuràs, però sento
dintre, de sobte, rares
veus de Déu i manubris,
set de gos i missatge
de lents records que es perden
part enllà d'un pont fràgil.

I tu portes la tassa
de malalt i en silenci
t'asseus, mentres ens condemnen
els anys, els morts, l'enorme
balcó roent del vespre.

Salvador Espriu, Mrs. Death

jueves, febrero 27, 2014


Pammy y Lyle comenzaron a tocarse. Conocían las imágenes cambiantes de la similitud física. Era un vínculo tácito, parte de su conciencia compartida, el silencio minado entre personas que viven juntas. Acurrucado cada cual en las extremidades y silueltas del otro, parecían repetibles, células hijas de alguna división muy precisa. Sus lenguas derivaron sobre carne más húmeda. Este presentimiento de lo húmedo, una intuición de la naturaleza sumergida, fue lo que los puso a cien uno con otro, a mordiscos, a arañazos de ansia. A él le supo a vinagre el pelo alborotado de ella. Se separaron un momento, se tocaron desde una distancia calculada, se sondearon introspectivamente, un intercambio complejo. Él se levantó de la cama para apagar el aire acondicionado y subir la ventana. La velada se había recargado de fragancias. Atronaba encima de ellos. Lo mejor del verano esan esas tormentas que llenan una habitación, casi medicinalmente, de climatología, de luz variable. La lluvia golpeaba con fuerza los cristales. Vieron los árboles golpear vientos racheados. Lyle se había mojado al abrir la ventana , las manos y el abdomen, y ambos esperaron a que se secara, hablando con acentos extranjeros de una tormenta que les había pillado en coche, en los Alpes, riéndose en "portugués" y en "holandés". Ella se retorció apretándose contra él, la soledad de ambos convertida en un refugio contra la tormenta. Perdieron contacto durante un momento. Ella lo atrajo hacia sí, necesitada de ese conflicto de superfícies, la palpable lógica de su polla dentro de ella. Lo agarró con fuerza, se soltó al contagio del movimiento recurrente, alzándose, doloridos y juguetones, asilvestrados como dos cachorros de tigre.

Es hora de "actuar", pensó él. Ella tenía que quedar "satisfecha". Él tenía que ponerse a "su servicio". Ambos harían esfuerzos por "interactuar".

Cuando estuvo seguro de que habían acabado los dos, él se apartó y notó una mínima rociada de lluvia después de que alcanzara el aféizar. Tumbados de espaldas recuperaron el aliento. Ella quiso una pizza. Se sintió culpable por no apetecerla la fruta. Pero se había pasado el día trabajando, tomando ascensores, trenes. No podía afrontar las consecuencias de la fruta, su condición perecedera, la obligación que entrañabla el comerla. Quería sentarse en un rincón, sola, y atiborrarse de comida basura.

Don DeLillo, Jugadores. Traducción de Miguel Martínez-Lage.

viernes, febrero 21, 2014


"Marido".

Jaume me pide salir y empezamos a comportarnos como un matrimonio en miniatura. A lo tonto nos convencemos, nos ajustamos al molde, nos metemos en una frase hecha de la que no queremos salir. La frase es: estamos hechos el uno para el otro. Chupo el tenedor con el que él pincha el filete, él chupa el cuchillo con el que corto la fruta. Deseamos pasar juntos una noche. Meternos en una cama con la única intención de dormir. Ponernos los rulos y comer pastillas de menta para aclararnos la garganta y tener buena liento. Descubrir si roncamos. Acompañarnos al dentista. Adoptar un perrito. Entrar juntos en la farmacia para comprar condones. Caminamos, con las manos entrelazadas. Nos sentamos en los bancos frente al mar, nos miramos a los ojos, nos besamos.

Tenemos broncas y reconciliaciones. El mundo se cae y se levanta. Los niños son de goma. Nos guardamos ausencias y fidelidades. Por fin, nos desvirgamos. Jaume no me abandona. No me tira como un trapo sucio. Parece que me quiere incluso más. Somos una bonita pareja. Una pareja eterna. Indestructible. Nos hacemos promesas de tipo numérico: ni un día sin hacer el amor, ni un día sin hacer el amor cinco veces, ni un día sin...Todo el día pegados, encajados, empotrados. Nos queremos tanto y con tanta calidad. Somos la perfecta combinación de carne y espíritu. Somos el hijo del notario y la hija adoptiva de la empresaria más próspera. Estamos condenados o nos amamos por narices. Nos amamos mucho y con todo a favor. A veces nos gustaría tener algo en contra para que nuestro amor fuese mucho más romántico. Vivir películas.

Jaume y yo nos comportamos como un matrimonio en miniatura: estoy cansada de la excentricidad erótica de Amparo Orts, de mis propias investigaciones, de esa irresponsabilidad de Janni Frankel que todo el mundo comenta. Quiero quedarme a vivir en este lugar porque no creo que exista una playa, un puerto, una iglesia, una montaña mejores en el mundo. Soy parte de este sitio. No quiero que me expulsen. Me gusta el abrazo de Jaume que me ampara y me adormece. Nos regalamos cintas con las que rodeamos nuestras muñecas. No me separo nunca de mi novio. Nos empeñamos en estar siempre juntos. Nos empeñamos en querernos por encima de todas las cosas. Él y yo. Acabaremos casándonos. Hasta el agotamiento.

Marta Sanz, Un buen detective no se casa jamás.

domingo, febrero 09, 2014


El hecho de que yo me hubiera formulado a mí mismo la naturaleza de mis sentimientos ('debo estar enamorado o bajo el influjo desconocido de un fortísimo capricho para pensar y desear así', me dije) me pareció de pronto un tremendo inconveniente, que me obligaba a actuar con un plan más o menos premeditado (pero que aún estaba por meditar) y por tanto con artificialidad, en vez de continuar como hasta entonces, tomando las cosas, si no pasivamente, sí al menos con naturalidad, sin forzar ni guiar nada, en una espera de sin expectativa ni determinación. Qué cansado es querer, pensé. Afanarse, proyectar, ambicionar, no poder contentarse con la perseverancia y la inmovilidad. Qué cansado es lo concreto, pensé, lo que no tiene más remedio que tener contenido.

Javier Marías, El hombre sentimental

sábado, enero 25, 2014


De Madrid al cielo
 
De pronto,
las felicidades sensoriales pueden ser absolutas,
habrá brisa -seguro-,
no seremos por siempre condenados,
descubrirán la droga contra el cáncer
y de Madrid al cielo,
con vestido chinés


Juan Gacia Hortelano, Echarse las pecas a la espalda
  
                                                                                                                            
                                                                                                               Madrid, 17 de Mayo de 1965

Querida Carmiña:

Lo cierto es que el saber viene en nuestra ayuda en muy raras ocasiones. Desde la infancia hemos adquirido un saber - distinto del saber profesional y de aquel puro objeto de goce que interesa al sabio- en la confianza de que un día nos habrá de servir para ayudar a resolver una situación ante la que no hay experiencia. Pero ocurre que muy raras veces esa experiencia coincide con un dato del archivo y toda esa acumulación de conocimientos se demuestra inaplicable, gratuita y ociosa. Es siempre el análisis de la experiencia lo que puede arrojar cierta luz; todo lo demás es un hábito - apenas transmisible ni codificable-, una manera de ver las cosas que sólo en cuanto método sirve para aproximarse a las - como iría tu buena amiga- nuevas vivencias. ¡Horrible expresión! Pero la he empleado a propósito: cuando nuestros jóvenes y pedantes conocidos la emplean con tanto énfasis están inconscientemente traduciendo la enorme alegría que les debe producir vivir una cosa nueva; nacer a ella y - sobre todo - con ella, descubrir un algo oculto de nuestra persona que había pasado desapercibido y que se pone de manifiesto con la nueva situación. Y ahora yo te pregunto ¿pero es que hay esas nuevas vivencias, esas neuvas situaciones? Yo no las veo por ninguna parte. Me malicio que cuando nos reímos de la expresión, lo que ocurre es que nos estamos burlando del significado. Y sucede que en cuanto a vivir, disfrutar, padecer, nos queda bastante poco que aprender. Pongo el acento sobre el carácter emocional de la acción. Porque con todo lo que queda por contemplar; todas las personas que - todavía- se pueden y deber conocer; los libros que hay que leer, los paisajes que visitar, la música que oír (y la comida que echarse al cuerpo), con todo y con eso - y dejando aparte pequeñas variaciones de segundo orden que son las que pautan las diferencias con sus emociones humanas-, lo que todo ello nos va a procurar se va reduciendo, cada hora y cada día, a cosa pasada y conocida. Es una situación un tanto paradójica: el espíritu se siente saturado y - en cierto modo- envejecido porque conoce todo lo que el mundo le ofrece a su conocimiento; no es ni mucho menos así pero para no desmentirse ni tener que abandonar una posición en la que, aun con ser un tanto despectiva y despechada, ha encontrado acomodo, cuando el espíritu se encuentra con algo nuevo gusta de referirlo al sumario de emociones conocidas, quizá con el fin de no tener que consumir la enorme energía que requiere toda sorpresa. De forma que llega un momento en que él mismo se configura una estructura en la que no caben las famosas nuevas vivencias.

Pero hay más: y es que, para no engañarse a sí mismo y evitarse el trauma que le produciría una tal contradicción - la inteligencia de la novedad de una situación que vendría a desmantelar un cierto y caro escepticismo basado en la fe en la experiencia-, el espíritu reflexiona y anticipa tales situaciones para no verse sorprendido en el momento de vivirlas. De forma que es para el hombre que no sale de su habitación para quien el mundo tiene menos sorpresas pero no por un ánimo cobarde que le impide salir de ahí y le prohibe conocer sino justamente por lo contrario: porque no sale para evitarse la molestia de enviar al cuerpo fuera y malgastar sus energías con lo rutinario y, en cambio, manda al espíritu a que explore por ahí fuera a fin de que le traiga exclusivamente lo que podría constituir una sorpresa en caso de vivir una situación inesperada. Y esos datos los almacena en un afán un tanto avaro: al espíritu le fascina resumir la emoción de un acto vivido, solamente presumido. Se dirá que eso lo convierte enseguida al patrón oro, lo reduce a su valor en lingote y lo almacena en una tenebrosa cámara que vigila día y noche y adonde sólo entra para inventariar su tesoro y para, de tanto en tanto, depositar una pieza más. Es lógico que, en esa situación, se preste muy pocas veces a contrastar el valor de sus divisas con la cotización real que se lleva en la calle. Un día resulta que sale a la calle y se encuentra con una situación que él conoce de sobra pero que no ha vivido: si no se produce la sorpresa sin duda volverá a casa satisfecho - satisfecho de su lucidez, de su previsión, de su capacidad de análisis, de su de su capacidad para la comprensión y para la reducción al patrón-idea de toda no-vivencia- pero amargado - porque, en definitiva, toda su economía estaba basada en que se tenía que producir la sorpresa. Nada le gustaría más que confesarse en ese trance: "Tenía razón cuando creía que esto traería sorpresas. Me equivoqué respecto a la naturaleza de ellas y en eso, justamente, radica la sorpresa". Pero lo que tiene que reconocer es justamente lo contrario: que al haber acertado sobre su naturaleza ha anulado su petició n de principio, y eso es lo que - tras satisfacerla - le amarga y le convence de que no existen novedades en el mundo en que vive, que no tiene otro valor que el que ha acumulado en su sombría caja fuerte. Todo esto es un galimatías pero ¿no tiene algo que ver con el oficio de novelar, de inventar y sacar sorpresas de lo que no se vivió?

Seguiré.

Juan

¿Qué te parece el nuevo lápiz?

Juan Benet / Carmen Martín Gaite, Correspondencia.

Pluja

No ve d'enlloc. Partir?
No hi ha paraula màgica que trenqui
aquest costum de l'ull, aquest silenci
sonor de dards. La primavera, el luxe
dels anys i de la llum, ara es perdia
en el camí vençut. Les esperances
han mort a temps. Tot és de nou perfecte
al llarg de la buidor: la lenta pluja
no va a cap banda.

Salvador Espriu, Les Hores.

miércoles, enero 22, 2014

 
Insomne, poseído, casi feliz, pensé que nada hay menos material que el dinero, ya que cualquier moneda (una moneda de veinte centavos, digamos) es, en rigor, un repertorio de futuros posibles.
Jorge Luis Borges, "El Zahir" (El Aleph)

miércoles, enero 15, 2014


Hubo un momento de perplejidad gracias al cual hasta las caras, los rincones más familiares cobraron un nuevo sesgo y, se hubiera dicho que - ocultándose tras las esquinas-, hasta los muertos habían sido violentados de sus tumbas por aquella voz terrible y átona para vagar al atardecer, con la camisa desabrochada, en pos de un silencio perdido. Ya no era cosa cosa de memoria porque la radio no dejaba recordar nada. Desmemoriados, trataban de encontrar un principio de conducta entre una maraña de sentimientos: venganza y miedo, desprecio y afán. No lo buscaban en la memoria que acaso no es sino la piedra que cubre un hormiguero el cual - una vez levantada por la mano infantil, asesina o curiosa - no sabe hacer otra cosa que correr en contradictorio frenesí, sin otra protección entre el cielo y la colonia que el miedo mutuo.

Juan Benet, Volverás a Región.

La psiquiatría tiene palabras sorprendentes para las más diversas fobias, pero no existe ninguna para referirse a una dolencia muy común: el miedo a la propia vida. El hastío de ser nosotros, la fatiga de sostener nuestros pensamientos todo el tiempo. El terror a que, un día, ya no podamos más. La frustración que Alba sentía a causa del desajuste entre sus expectativas como escritora y sus logros era una dolencia menor si lo comparamos con el rasgo más constante de su carácter. A menudo, Alba se oscurecía. Al principio, sólo yo veía los efectos. Ojerosa, se mordía las uñas y los dedos hasta dejárselos en carne viva. Una torsión de los nervios, me decía, en su lenguaje críptico. Hasta donde logra recordar siempre ha sido así. Un desajuste, dice, un error en la trama de la vida.Después, como si yo formase parte de su organismo, ya no me ocultaba sus crisis. Sin fuerzas, sencillamente, se desplomaba. Cuando Alba caía en sus profundos estados de desesperación el día se terminaba para nosotros. Nada de lo que hubiésemos proyectado podía realizarse, se quedaba acurrucada en el sofá o en la silla o sobre el suelo, sintiendo la vida pasar por encima de mí, como una navaja. Por más que trataba de animarla, el sentido de mis palabras se desarticulaba en cuanto se acercaban a sus oídos. Tuve que resignarme a convivir con esta sombra que se iba convirtiendo en nuestra atmósfera, a la inesperada maza que la golpeaba dejándola aturdida. Cuando, después, con el paso de las horas, Alba regresaba a la superfície y recuperaba su ánimo más saludable, un velo parecía cubrir el pasado inmediato. Su rostro había reverdecido y exhalaba una turbadora ansia de vivir. A su estado anterior (que se alejaba de nosotros como una pesadilla inofensiva) sólo alcanzaba a referirse con aforismos. Cuando le preguntaba por ello me respondía: estoy encerrada en mi vida, no puedo salir, luego sonriendo, temo que no haya suficiente tiempo para quererte; frases algo plúmbeas para un aspirante a novelista, pero que salidas de aquel rostro dorado sonaban con una dulzura que nos alejaba de mis graves presentimientos. Alba me prometía (durante una cena, en el intermedio de un concierto) que no volverían a repetirse aquellos retrocesos, pero yo sabía que no estaba en su mano, ¿cómo iba a estarlo si dependía de esas emociones que trepan desde abismos profundos donde la conciencia no tiene control ni acceso? Ese mismo restaurante, las butacas del Auditori, las sábanas limpias o el salón, eran testigos de sus recaídas. Alba se retiraba a los cuarteles de su cuerpo, dejaba en su exterior un rostro y una carne desordenados y contraídos por el desgarro interior. Un pez desconcertado, sumergido en su tanque, con la mirada obsesiva y extraviada. Ella estaba tan cerca de mí que un simple balanceo del cuerpo me bastaba para abrazarla. Pero ¿era ella?, o sólo quedaba la piel amurallada e insensible, una concha sin gajo que no podía obligar a a desaparecer.

Gonzalo Torné, Lo inhóspito.

viernes, diciembre 06, 2013


"Todos vamos perdiendo: diciendo adiós con la mano, o dándonos un besito en la punta de los dedos, da igual, de la manera que sea, todos perdemos algo, nos despedimos de algo que se va encogiendo, alejando, desapareciendo. La vida se reduce a perder, perdemos a la madre, al padre, perdemos el pelo, la belleza, los dientes, los amigos, los amantes, la buena forma, la razón, la vida. No hacemos más que perder, perder, perder. Nos va quedando cada vez menos vida. Es demasiado dura, demasiado difícil. No valemos para vivir. No sé si resistiríamos otras cosas. Pero la vida no. A ver quién se lleva la vida de nuestros estantes. Que nos la quiten de encima. Es jodidamente difícil, y no valemos para vivirla."

Martin Amis, Dinero. Traducción de Enrique Murillo.

viernes, noviembre 29, 2013


De casi nada hay registro, los pensamientos y movimientos fugaces, los planes y los deseos, la duda secreta, las ensoñaciones, la crueldad y el insulto, las palabras dichas y oídas y luego negadas o malentendidas o tergiversadas, las promesas hechas y no tenidas en cuenta, ni siquiera por aquellos a quienes se hicieron, todo se olvida o prescribe, cuanto se hace a solas y no se anota y también casi todo lo que no es solitario sino en compañía, cuán poco va quedando de cada individuo, de qué poco hay constancia, y de ese poco que queda tanto se calla, y de lo que no se calla se recuerda después tan sólo una mínima parte, y durante poco tiempo, la memoria individual no se transmite ni interesa al que la recibe, que forja y tiene la suya propia. 

Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mi.

martes, noviembre 26, 2013


No me pareció del todo mal que los católicos se impusiesen la castidad prematrimonial, con los ojos cerrados el novio podía seguir el viaje de la sangre desde el corazón hasta los órganos periféricos, lamiendo las paredes de las venas, y anticipar el desnudo al que, después de abrirse paso entre masas de pavor y de emoción, podría picotear la noche entera iluminados por una luna empapada en miel.


Gonzalo Torné, Divorcio en el aire.

martes, noviembre 12, 2013

Trazar un camino


Permitirán ustedes algo de publicidad. Y la consabida invitación al crowdfunding. Hay una buena razón para ello, claro está. Kahagak (Camino) es un documental que se propone lanzar una mirada sobre un colectivo invisibilizado: la comunidad indígena qom. Hay evidencias más que sobradas de que su exterminio está sucediendo ahora mismo. La labor de cualquier gran interesado en la no-ficción es relatar los hechos y hacerlos visibles. Creo que esto es lo que vienen haciendo sus responsables, Elena Macián, Pierluigi Secci y Julieta Caruso.

Y creo que merece la pena apoyarlos por eso mismo. No solamente apelo a la sensación de buena causa, pues eso es difícilmente algo más que un lugar común. Se trata, también, de un grupo nutrido de mujeres y hombre capaces para montar, componer y dirigir de modos escasamente tópicos y sin dependencia en los clichés. Hay, pues, una razón también estética por la cual este documental es importante.

Tienen aquí un fragmento estupendo para que puedan comprobar la encomiable labor hecha hasta el momento. Además hay una bitácora abierta que incluye más documentación y detalles del rodaje.

Y, por supuesto, las colaboraciones, quedan solamente unos días para el final de la campaña, serán agradecidas, necesarias y, sobre todas las cosas, útiles. 

domingo, agosto 25, 2013


-No me vengas con esas sutilezas ahora, Gato. Yo me casé con una escritora inminente cargada de seguridad en sí misma y a la que le sentaba de miedo el uniforme de enfermera y no quiero renunciar a ninguna de tus dos cualidades. Deja que me encargue yo. Voy a estudiar a fondo qué pasa con nuestros muebles, la disposición y los colores han encontrado la manera de bloquear las corrientes creativas y es evidente que necesitas más luz y levantarte antes de las doce, voy a comprar un despertador de verdad, el móvil emiten ondas que se pegan al encéfalo, basura negativa, la mielina reducida a gachas, tampoco te iría mal un trabajo de cuatro horas, van a salirte telarañas si sigues ahí metida, traduciendo o corrigiendo o lo que sea.  Y nada de desayunar a las doce, ya vale de tanto café, en cuanto despiertes te exprimirás un buen zumo de naranja, lo haría yo mismo pero al jugo se le van las vitaminas si lo dejan unos minutos en contacto con el oxígeno. En una semana podemos tener listo el nuevo paisaje, el cambio interior se llevará más esfuerzo. Te presionas demasiado. Quieres escribir un libro, ¿verdad? Pues empieza de una maldita vez, no puede ser tan complicado. Si incluso los periodistas y las zorras de la televisión y la mayor parte de su surtido de guardaespaldas mariquitas cobran derechos de autor. Ya basta de tantas exigencias. Si esperas a que te salgan las palabras de la boca bien limadas y organizadas en frases pulidas se nos hará de noche a los dos. ¿Sabes?, no es agradable para mí ver que pasan los días y que sigues en la misma página buscando una formulación definitiva, incontestable. Total ¿para qué? Esa gente a la que admiras...parece que escribas para ellos, para gustarles, pero están muertos, y que yo sepa la literatura se escribe para los vivos y no para los muertos, y entre los vivos...la verdad Gato es que Proust no está entre los intereses más  extendidos, fuera del Loop no conozco a nadie que haya terminado un libro suyo. Vas a tirarte tres años más de tu vida, en el supuesto de que encuentres la primera frase redonda de la que se desenreden las demás, para que te paguen mil euros y te lean setecientas personas. Cambia de modelo, adáptalo a tu época, los vivos de hoy tenemos prisa, no vas a mantener su atención, hay demasiados estímulos, las películas tampoco duran tres horas y cuarto como las que me llevabas a ver en Londres ni se ven en un reclinatorio, menos las que intenta rodar tu amiga Irina, a quien, dicho sea de paso, nunca he tenido por una persona normal. Los tíos que tú admiras se pasaban años escribiendo esos mamotretos porque confiaban que alguien les esperaba al otro lado de las librerías. Te aseguro que donde deberían estar los justos y pacientes lectores no se ve a nadie, los ciudadanos están absorbidos por sus pantallitas, agrupados en torno a sus blogs, regurgitando pedazos de seleccionados de vida personal, contando los chistes de otro, satisfechos de su público de siete, mendigando un enlace....La literatura del futuro ha de ser rápida, simpática, intensa, porque la gente ahora hace con su ocio lo que le da la gana, salen a la calle, se acuestan con quien quieren, en cuanto les das una oportunidad votan a Hamas; y les gusta leer novelas amables y con una historia dentro, agradecen cuando la médula del libro en el que se han gastado veinte euros rezuma de sentido común. Fíjate en Martí Gironell. Qué bien me cae ese Marti Gironell, me lo llevaría a casa y lo tendría sentado en el salón dando el parte de nuestras conversaciones con el mismo estilo sabroso que usa para comentar las noticias. Es sencillo, directo, franco, inocente: ahí tienes los ladrillos de tu carrera futura, y qué olfato para detectar dónde se esconde una buena trama. Combina bien. Imagínate, un puente y un puñado de judíos. Qué intuición, si partes de ahí las páginas se desenvuelven solas. Arréglate para meter una pareja de judíos en esas páginas, Gato, no me negarás que cuando se trata de libros los judíos son imbatibles.

Gonzalo Torné, Hilos de sangre.

miércoles, agosto 21, 2013


“You know what people who go to nude beaches look like?”

“Tell me.”

“People who shouldn’t go to nude beaches.”

“Is Chili Palmer joining the tour?’

“I wasn’t told”

“Ask Nick for me.”

About a minute went by. Now he heard Nick saying, “Tell him if he goes near Chili Palmer I’ll see that he suffers excruciating pain and will never fucking walk again in his life.”

And, then Robin’s voice: “Nick said to tell you that if you go near Chili Palmer he’ll have your legs broken.”

“Why couldn’t he say it like that?”

“He reads, but the wrong books.”

Elmore Leonard, Be Cool.

miércoles, julio 10, 2013


Y allí estaba yo. Y ellas me vieron y yo las vi. ¿Y qué fue lo que vi? Ojeras. Labios partidos. pómulos brillantes. Una paciencia que no me pareció resignación cristiana. Una paciencia como venida de otras latitudes. Una paciencia que no era chilena aunque aquellas mujeres fueran chilenas. una paciencia que no se había gestado en nuestro país ni en América y que ni siquiera era una paciencia europea, ni asiática ni africana (aunque estas dos últimas culturas me son prácticamente desconocidas). Una paciencia venida del espacio exterior. Y esa paciencia a punto estuvo de colmar mi paciencia. Y sus palabras, sus murmullos, se extendieron por el campo, por los árboles, movidos por el viento, por los hierbajos movidos por el viento, por los frutos de la tierra movidos por el viento. Y yo cada vez me sentía más impaciente, pues en la casa principal me esperaban y tal vez alguien, Farewell u otro, se estaría preguntando por las razones de mi ya prolongada ausencia.

Roberto Bolaño, Nocturno de Chile.

sábado, julio 06, 2013

"Fathering imposed an obligation that was more than your money, your body, or your time, a presence neither physical nor measurable by clocks: open-ended, eternal, and invisible, like the commitment of gravity to the stars"

Michael Chabon, Telegraph Avenue

domingo, junio 30, 2013


Nosotras, si lo piensas bien, crecimos en una atmósfera bien distinta. Entramos en esas aulas de Hermanos, de Padres, de Maristas y Salesianos y Marianistas como una invasión alienígena, un perfume femenino capaz de reanimar líneas evolutivas en franco deterioro; los chicos sensibles que solían atravesar la adolescencia perseguidos a campo abierto o encerrados en los servicios de sus colegios para varones, que eran carne de vejación hasta que podían incorporarse a iviendas civiles, se aliaron con nosotras. Cómo nos gustaba su expresión soñadora, la velocidad de sus complejos cerebros, lo que podían hacerte con las palabras. La inteligencia era el nuevo sexy. No te rías, Clara, no estoy improvisando, es un asunto en el que he pensado a fondo.

La versión inocente es que los chicos podían jugar con muñecas y nosotras a la guerra. La perversa era que ya no podíamos dejarnos tratar por nuestros amigos/novios como criaturas delicadas, había que arremangarse, abandonar el claustro hogareño (frustrar intensas pulsiones organizativas y decorativas que descendían por los ríos generaciones en el barquito de los genes) y se competitivas en el territorio masculino conocido como ámbito laboral. ¿Y ellos? Bueno, les bastaba con escenificar un par de pasos en dirección a la igualdad suprema. Lo nuestro costaba, lo suyo se lo aplaudíamos enseguida. Ellos daban caridad, mientras que nosotras estábamos obligadas a ser efectivas en sitios tan distintos como el comedor, entre sábanas, la oficina, la calle (primera ley de la termodinámica femenina: si descuidas el físico ingresas en la muerte social) y la maternidad. Dulces, fuertes, comprensivas, efectivas, todo más o menos al mismo tiempo. A ellos les decían que a cambio de la limpieza superficial del baño el peso de los ingresos ya no recaería sobre sus hombros, a nosotras se nos arrojaba a la cara un acertijo que no tiene respuesta, que afectaba a las fibras íntimas de la organización existencial. Te concedo que hay miles de tías mezquinas, bobas y perezosas ¡pero ellos no son mucho mejores!, y es a nosotras a quienes se nos invita a la épica de los nervios crespos, a la década dorada del ansiolítico.

Gonzalo Torné, Las parejas de los demás
El anarquismo aparece de forma recurrente. ¿Cree que hoy han muerto las ideologías?
No, para nada. Están en descomposición los cuerpos de ideas de los programas políticos derrotados, sí, pero una mente no puede abrirse paso con ayuda de su experiencia, hay que recurrir a las ideas, de manera que nos movemos dentro de cuerpos de expectativas, de deseos y relatos no examinados que no reconocemos como "ideología" porque están vivos, activos, y pegadas a nosotros. Hay que tener cuidado con eso, creo que una cabeza sana debería ser capaz de mantenerse a una distancia prudencial de estas ideologías tenues, si no aparecen esos fanáticos a los que les va la vida en sus convicciones y con los que apenas se puede dialogar, y yo los veo a diario, en la política, en los medios, en las asociaciones, en los foros, en las empresas y en la calle.

(Gonzalo Torné, en esta entrevista)

martes, junio 25, 2013


La lectura del crítico no debe ser una lectura imparcial o neutra, sino tan radicalmente personal y parcial que ponga en evidencia y transparente los materiales culturales, biográficos e ideológicos sobre los que se asienta lo personal, el hardware y el software de su personalidad lectora. Como ciudadano común que es, tendrá sus propios intereses y prejuicios, pero como crítico está obligado, primero, a conocerlos, y, segundo, a controlarlos. Si por motivos que sean esos intereses intervienen en su proceso de lectura sin ser reconocidos como tal, su lectura será fraudulenta. Toda lectura es una lectura interesada, pero en la del crítico sus intereses propios - ideológicos, literarios, autodescriptivos, profesionales, crematísticos, a los que, al meos en principio, ni tiene ni debe puede renunciar, tendrán que estar integrados en el interior del mecanismo de lectura, sin que sirva como escape pretender su ocultamiento bajo el manto de una previa declaración expresa que pretenda así neutralizarlos en su proceso de lectura.

La lectura del crítico está obligada a ser honesta, pero no desde un punto de vista moral - cada uno es libre de escoger el infierno que prefiera -, sino desde el punto de vista que la propia operación de leer exige a quien va a interferir sobre la lectura que una comunidad va a haer de sí misma. Se trata en consecuencia de una honestidad intelectual y de una honestidad política. La crítica exige ese mínimo nivel de honestidad. Por debajo sólo hay publicidad o adulación.

Constantino Bértolo, La cena de los notables.
"I was continuing to shrink, to become... what? The infinitesimal? What  was I? Still a human being? Or was I the man of the future? If there  were other bursts of radiation, other clouds drifting across seas and
continents, would other beings follow me into this vast new world? So  close - the infinitesimal and the infinite. But suddenly, I knew they  were really the two ends of the same concept. The unbelievably small and
the unbelievably vast eventually meet - like the closing of a gigantic circle. I looked up, as if somehow I would grasp the heavens. The  universe, worlds beyond number, God's silver tapestry spread across the
night. And in that moment, I knew the answer to the riddle of the  infinite. I had thought in terms of man's own limited dimension. I had  presumed upon nature. That existence begins and ends in man's
conception, not nature's. And I felt my body dwindling, melting,  becoming nothing. My fears melted away. And in their place came  acceptance. All this vast majesty of creation, it had to mean something.
And then I meant something, too. Yes, smaller than the smallest, I meant something, too. To God, there is no zero. I still exist"

Richard Matheson, The Incredible Shrinking Man

domingo, junio 23, 2013


"No le voy a pedir que me diga lo que tantas me he dicho a mí misma y no habría tenido que decírmelo si hubiera conocido un solo instante de reposo. No aspiraba a otra cosa porque de todo lo demás, incluida la fidelidad, me creía ya curada. Pero el cuerpo que envejece sin haber recibido la confirmación de la gloria juvenil mira con aprensión y zozobra un futuro cercenado por la esterilidad, un ánimo en decadencia que ni siquiera se atreve a reconocer con honradez y aflicción la suma de sus males sólo porque una memoria desoediente y procaz gusta de recrearse con otra edad engañosa. Hubiera sido mejor silenciarla, reducirla a lo que es; porque la memoria - ahora lo veo tan claro - es casi siempre la venganza de lo que no fue - aquello que fue se graba en el cuerpo en una sustancia a donde no llegan nuestras luces. Quizá me equivoque, pero ahora me parece tan evidente...sólo lo que no pudo ser es mantenido en el nivel del recuerdo - y en registros indelebles - para constituir esa columna del debe con que el alma quiera contrapesar el haber del cuerpo. Así que la memoria nunca me trae recuerdos; es más bien todo lo contrario, la violencia contable del olvido. No tengo intención de decirle hasta dónde llegaron mis quebrantos, ni cuanto se secó la fuente de la fidelidad, ni en qué lecho, entre qué sábanas terminaron mis abrazos y los anhelos, qué clase de ilusiones dieron fin a mis esperanzas - porque una fortuna concluye siempre con un papel de prestamista o una carta de pago, ay, no en el desenfreno de una despedida. No sé si he vuelto o he venido por primera vez a comprobar la naturaleza de una ficción, pero en tal caso, ¿qué curación cabe esperar si mi propia vanidad me impide hacerme cargo de mis propias creencias, si mi amor propio - de acuerdo con la confesión - manda sobre mi voluntad? Entonces me dije: mírate por dentro ¿qué guardas en el fondo de tu más íntimo reducto? Ni es amor, ni es esperanza, ni es - siquiera - desencanto. Pero si aplicas con antención el oído observarás que en el fondo de tu alma se escucha un leve e inquietante zumbido  hecho de la misma naturaleza que el silencio -; y es que está pidiendo una justificación, se ha conformado con lo que ahora es y sólo exige que le expliques ahora por qué eso es así.

Juan Benet, Volverás a Región.

sábado, junio 22, 2013


Concedo , por consiguiente, que el divorcio se asemeja a ese acto de buena administración gracias al cual se trata de poner fin a ese semptierno "estado de cosas que no puede durar", ese conjunto de tragas legales y sociales que te tiene maniatada y entristecida, que te está haciendo perder muy buenas oportunidades (como esa mercancía dipositada en un puerto franco y que a falta de un papel de la aduana nadie se atreve a adquirir, incluso a un precio ventajoso) y está transformando tu capacidad de futurición en aceptación de pretérito, tu capacidad de culpa en conformidad y humillación, tu sentido de la responsabilidad en esa frivolidad que justifica todas sus licencias con la falta de libertad; y tu edad de vergüenza en un falso descoco - que tú eres la primera en aborrecer - disimulado bajo el amplio manto de las instituciones sociales de carácter estable. Concedo que con tu divorcio podrás asumir una verdad responsabilidad de la que, en el mmento actual, cobijada bajo la ley de fuerza que otros te imponen, te puedes zafar con cierta facilidad con sólo atender las oligaciones maternales y contractuales (y eso te lleva a ti poco trabajo y apenas te produce quebraderos de cabeza) propias de tu estado. Concedo que tras el divorcio esas obligaciones cobrarán su verdadera dimensión y todo su valor; que el cuidado, la educación y el cariño de tus hijos, que el respeto, el aprecio y una cierta fidelidad para con tu marido, los celarás y conservarás a costa de momento de libertad y no, como hasta ahora, para cumplir una obligación o llenar el vacío de las largas horas de un cautivierio ocioso e inútil. Concedo que tras la liberación que te ha de procurar el divorcio podrás ser una persona con capacidad de autodeterminación - como ahora se dice - en lugar de esa otra, no dueña de sí misma, que vive bajo la férula de otro; y que sólo a partir de esa decisión tus actos tendrán un sentido propio y una significación cabal, como todos aquellos nacidos en un ámbito de libertad. Concedo todo eso a regañadientes porque sólo me lo creo a medias; porque ya no te concedo (y ardo en deseos de decirlos) es que una vez divorciada vas a ser más capaz de cumplir tu futuro que lo eres ahora. Por ahí si que no paso.

En primer lugar porque el cumplimiento del futuro exige una coincidencia que muy rara vez se da: la que ha de existir entre el programa y su realización. Se puede examinar esta pequeña cuestión con un enfoque combinatorio; así, pues, por el hecho de divorciarte (como por otro hecho cualquiera) tu situación cambi y a la vista de eso pues:
-conservar el mismo que tenías cuando caada para sólo mejorar la posibilidades de llevarlo a cabo, o bien
-cambiar el programa y los recursos para alcanzar una meta distinta - y por una vía distinta - a la que informó tu vida de casada.

A poco que recapacites sobre ello te percatarás de que las tres modalidades se reducen a la última, siendo que el programa para el futuro y los recursos para llevarlo a efecto son cosas que están íntima e indisolublemente ligadas ligadas a toda persona sensata. A poco que cambie uno se alteran los otros. Y si al decir de la gente enterada tanto el programa como sus posibilidades de ejecución cambian cada día ¿qué cabe decir de ese día en que tomas una decisión dictada por la necesidad de cambiarlos? Tú esperas que tu vida a partir de ahora tome un sesgo diferente, que tu futuro se va a ir separando uniformemente de aquel que abrigabas con anterioridad; tu meta ya es distinta, tus pasos distintos y del hecho de que se separaron los antiguos - en la convicción de que los han de mejorar - es de donde has extraído las fuerzas necesarias para tomar la decisión inicial donde se localiza la separación. Sin embargo, ambos programas tienen una constitución común; los dos son unas conjeturas y aquí entra lo grave: porque la segunda - la nueva - por ser más exigente, extravagante e imaginaria, es más inverosímil. El programa antiguo - trazado en un ámbito en el que la presunta carencia de libertad no es más que una justificación de su modestía - mal que bien se había decidido por una serie de metas posibles y alcanzables que, conseguidas día tras día, si no eran válidas para revolver el problema general de la felicidad al menos servirían para aplazarlo, mitigarlo y quien sabe si restarle casi toda su influencia sobre la persona.

Juan Benet, Puerta de Tierra.

lunes, junio 17, 2013


Parecido bien nos hacen las obras de teatro tristes; por eso debemos considerarlas muy superiores a las alegres que engañan nuestra hambre en lugar de saciarla: el pan que ha de nutrirnos es amargo. En la vida feliz no vemos en su realidad los destinos de nuestros semejantes, ya porque el interés los enmascare, bien porque el deseo los transfigure. Pero en el despejo que da el sufrimiento en la vida, y en la sensación de la belleza dolorosa en el teatro, los destinos de los demás hombres y nuestro propio destino hacen oír por fin a nuestra alma atenta la palabra inesperada de deber y verad. La obra triste de un verdadero artista nos habla con ese acento de los que han sufrido, que obligan a todo que ha sufrido a prescindir de todo lo demás y a escuchar.

Marcel Proust, Los placeres y los días.

A veces sólo se puede ser leal al presente traicionando al pasado. A veces la lealtad es una forma de coraje, pero otras veces es una forma de cobardía. A veces la lealtad es una forma de traición y la traición una forma de lealtad. Quiza no sabemos con exactitud lo que es la lealtad ni lo que es la traición. Tenemos una ética de la lealtad, pero no tenemos una ética de la traición. Necesitamos una ética de la traición. El héroe de la retirada es un héroe de la traición.

Javier Cercas, Anatomía de un instante, Random House, 2009.

jueves, mayo 23, 2013

viernes, mayo 17, 2013


"Es natural que el Amor se presente después - y no antes - del aprendizaje sexual, bajo el aspecto de una puerta más alta, noble y capaz de conducnros a la felicidad, ya que se trata de una síntesis entre la felicidad política (colectiva, ética, dogmática) y la felicidad sexual (individual, estética y acéfala). El Amor parece una solución perfecta entre las abstracciones universales de la organización social y la tendencia anárquica, destructiva, de la relación sexual. Un Enamorado cree que ha resuelto por su cuenta el conflicto entre Mundo y Yo, desde el momento en que está convencido de que pertenece a Lo Otro, sin por elljo dejar de ser él Mismo. Espejismo de muchísima fuerza por lo secreto de su truco y lo doloroso de su elucidación, como ya intuyera alguien tan alejado de la psicología como Platón"

Félix de Azúa, Historia de un idiota contada por él mismo o el Contenido de la felicidad

"Las grandes añagazas sólo se comprenden muy tarde, cuando al no quedar tiempo para las enmiendas, el espíritu comprende que muchos errores que no podrán ser corregidos constituirán el sudario de unos cuantos aciertos; con cuánta frecuencia el arte une a su elegida a la mujer que hablará por su boca, para quedarse a solas con él rumiando un lenguaje privado"

Juan Benet, Otoño en Madrid hacia 1950

"-Porque los pasos, sobre todo los pasos, vienen a ser como un animal nocturno. Durante el día se quedan quietos en cualquier rincón. Tú a lo mejor andas por allí porque estás limpiando o lo que sea y los tocas, porque no sabes dónde están, y no ocurre nada. Pero si por la noche caminas o haces ruido, entonces se acercan a ti. Hay gente que se asusta yc hilla, y lo único que consiguen es atraerlos más y más. Y pueden llegar a pasarte por encima de la cara, y, aunque no hacen daño, luego no se olvida nunca porque son como una lengua de gelatina o algo así. Y si corres, lo mismo; peor, porque te siguen, al menos mientras corras por el interior de la casa

Juan José Millás, El Jardín Vacío

lunes, mayo 13, 2013


"Un día, como digo - y quizás en el momento en que menos me podía interesar -, surgió el recuerdo y con él el refrendo de un convencimiento que si en un principio llegó a molestarme, con el tiempo paso a constituir una verdadera obsesión. Nunca he comprendido cómo la desaparición temporal del recuerdo se achaca al olvido, desmentido por tantos fenómenos, porque de la misma manera que la roca sedimentaria guarda en su seno todas las huellas de los seres que dejaron su impronta cuando tan sólo era un légamo blando e impresionable, así la memoria puede cobijar y atesorar todo lo que en su día tuvo la consistencia necesaria para dejar un rastro indeleble. Y de todo ese terreno ignorado del cual nacen las conjeturas y las hipótesis - de la misma manera que no se llama arqueología a todo lo que se supone que esconden las arenas del desierto sino al conjunto de restos extraídos de é y sobre el que se ha edificado una ciencia de la reconstrucción  no - no se puede llamar memoria tanto a una facultad como a los resultados que el hombre ha sido capaz a su propia luz y que - en general - son tan escasos que bien puede decirse que apenas constituyen una base sólida para cimentar un conocimiento de lo que ha sido. Me pregunto muchas veces: si no fuera por los demás ¿qué sabríamos de nosotros mismos? ¿qué sería la niñez sino un espejismo contradictoria e incontrastable? Y qué de enigmas no presentan un carácter acuciante y misterioso en virtu dde que unac ontinuidad vital, garantizada por el organismo, se despreocupa de dar continuidad al conocimiento de tal hecho. Porque de treinta o cincuenta años vividos ¿qué es lo que se conoce con seguridad? En verdad lo único que se siente- no se sabe- de firme es que han sido vividos y recogidos y resumidos más por la ignorancia que por uns aber que - con la ausencia del cuerpo y gracias al olvido - siempre está dispuesto a desatender y abandonar su cometido. Una gran parte de recuerdos están acompañados de una sorpresa o de una intención muy acusada; y yo me imagino que ese medio denso, opaco e impenetrable a la investigación y verificación en el que quedan grabados tantos hechos de nuestra vida, sólo es susceptible de ser impresionado por loinsólito y en cambio - como esa losa marórea cuajada de conchas indiferente a los pies que la hollan, que no hacen sino desgastarla - es capaz de enfrentar toda su dureza y tenacidad al registro de las costumbres. Así que una gran parte de lo que es costumbre no lo guarda tanto la memoria como un saber distinto, emparentado con el proyecto de existencia que todo hombre se hace y que poco a poco va traduciendo en hábitos. La memoria guarda un viaje, un amigo l que no se le ha visto en años o una caída infantil pero con mucha frecuencia lo hace tras reducir todo ello a estampas insaboras, despojándolas de un sentir que las envolvía en el momento en que sucedía; se diría que se trata de un proceso esterilizador gracias al cual el recuerdo queda conservado desprovisto de unos sentimientos que de no ser extirpados fermentan; qué poco sabe, por consiguiente, en una primera instancia, cuando la burbuja va aflorando a la superficie, arrastrando tras ella mil otros detalles sepultos e intactos que le siguen en su camino a la conciencia, de todo ese maremágnu emocional que envuelve a la más intrascendente herida en una rodilla para cuya imperfecta comprensión sería menester más tarde hacer uso de la adivinación con tanta o más intensidad que cuando se pretende adentrar en el tiempo no vivido; ha grabado sí la caída pero qué poco dice del camino del colegial, repetido cientos de veces cada día de distinta manera, o del hastío domiical salvado cada domingo con una ilusión diferente, a causa de esas imágenes tópicas envolventes de los mil caminos y las mil tardes y los cientos de domingos - todos parecidos y ninguno semejante - que constituyen nuestro andar Si a eso se añade que a medida que vamos creciendo oe nvejeciendo más análogas son nuestras tardes y más simple esa imagen única que las envuelve, simplifica y representa, se comprenderá una razón por la cual cada día se hace menos uso de la memoria, no tanto un órgano ni una función como un saber que, sobretodo, fue utilizado y aprovechado antes de los trenta años"

Juan Benet, Una meditación

lunes, mayo 06, 2013


- Ya veo - dijo - que no quieres hablar. No seré yo quien te acuse de cobardía. A todos nos cuesta que en un instante ya irrecuperable lo que apostamos todo a una vuelta de la ruleta antes de aprender las reglas del juego. Yo también creí que la vida era otra cosa. Luego se sigue jugando, se gana y se pierde alternativamente, pero ya nada es igual: las cartas están marcadas, los dados están cargados y las fichas sólo cambian de bolsillo mientras dura la velada. La vida es así y es inútil calificarla de injusta a posteriori.

Eduardo Mendoza, El laberinto de las aceitunas

domingo, abril 21, 2013


 
" - Pasarán unos años y olvidaremos todo; se borraran los embudos de las explosiones, 
se pavimentaran las calles levantadas, se alzarán casas que fueron destruidas. 
Cuanto vivimos, parecerá un sueño y nos extrañará los pocos recuerdos que guardamos; 
acaso las fátigas del hambre, el sordo tambor de los bombardeos, los parapetos de 
adoquines cerrando las calles solitarias....
 
Juan Eduardo Zuñiga, Largo Noviembre de Madrid