viernes, agosto 24, 2007

THE FANTASTIC FOUR VS. THE FLYING GUILLOTINE

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-Spoilers included-

Rise of the Silver Surfer

Ese título, tan subestimado y tan mal leído, que anuncia un Star Wars cachondo, introduciendo superhéroes a granel, es el de una de las mejores secuelas de una de las mejores películas de superhéroes. Si lo pienso en frío, me gusta mucho más la primera: tiene el mérito del workingclass hero en un mundo de superproducciones oscuras y lloricas, mucho más ampulosas y con más fe, esta segunda ya tiene la batalla ganada de entrada. Y tiene a Jessica Alba.

Y quien lo iba a decir: ella es lo peor, sin dudarlo, de esta segunda entrega. Su artificiosidad hunde toda su sensualidad latina exhibida en la primera entrega. Pero eso tampoco importa demasiado Fantastic Four 2 es lo más cercano a un buen tebeo espectacular de supertipos que habremos visto nunca en una pantalla de cine: hay un montón de localizaciones (no nos importa si es un estudio o no, hay letreritos de localizones, I mean), hay un montón de momentos espectaculares propios de este supergrupo (la noria londinense, por ejemplo) y ellos, aumentando el sentido del delirio ya presente en la primera parte, intercambian poderes y el Doctor Doom (lástima que no se llame Van Damme como en la versión Ultiamte) le toma la tabla al Silver Surfer. No tiene la emoción desgranada de otros blockbusters de este verano (o sea, la nostalgia hipervitaminada de Rodríguez o el clímax de emoción PURA de Bourne) pero derrocha una fidelidad al alma de los tebeos que es imposible que yo me niegue a esta perfecta peliculita, 50% comedia de situacion en Nueva York y 50% aventura postbondiana anclada en viñetas y logros ochenteros.: además asistimos al acto de fe de los productores en Reed Richards como un auténtico líder setciencies y capaz de dar el discurso pajero de la década. Sí, no podia ser otro.

One Armed Boxer 2

El Luchador Manco 2 es una absoluta joya en la que hay otro Reed Richards: esta vez este superpoder corresponde a un luchador arábigo llamado YOGA. O al menos ese es su nickname para el torneo: un torneo de artes marciales situado en un mundo apasionante, homenajeado en la hiperaventura definitiva The Heroic Trio (codirigida con man o maestra por Johnnie To) con Michelle Yeoh, la artista antes conocida como Michelle Khan, y un derroche de imaginación nunca visto desde justo esta proeza escrita, dirigida y protagonizada por Jimmy Wang Yu (cahieristas y auteuristas, manos a la obra) cuya parte central es precisamente un torneo.

Uno de los logros de Dragon Ball (la primera etapa y también muchos de los momentos de Z) que muchos de los fans de Toriyama no alcanzan a comprender – otro ejemplo de ello es Quentin Tarantino: ¿qué fan es tan modélico como para comprender aquello a lo qué admira? Encuéntrenme el target, digamos, pajero de Kill Bill y veremos si su reacción ante la película es el del entusiasmo exacerbado, esto da para otro debate ¿parte Tarantino de materiales puramente zetosos como apunta algun intelectual ignorante? - es la incorproación de todos los elementos maravillosos, delirantes y extremos de todas las películas de la Shaw Brothers. Toriyama es también un artista postmoderno similar a Tarantino pero aún más loco: su Kill Bill es un serial inabarcable.

El luchador manco 2 es perfecta: sus flashbacks cromáticos son absolutamente superiores a cualquier wuxia elegante, refinado y gay (mal que me pese porqué amo La casa de las dagas voladoras, pero that's a fact) y la incorporación de unos efectos de sonido claramente prevideojuego de lucha la hacen irremediablemente moderna y experimental. La parte del torneo, una serie de duelos independientes por luchadores con poderes a cada cual mejor (De Cuchillo Tornado a mi favorito, el ya citado Yoga), es en realidad una excusa para una doble historia de venganza contada con una trampa parecida (para los que no vimos la primera entrega) al sentido de la venganza de la trilogía de Park-Chan Wook: al principio, creemos que nuestro maestro ciego de la Guillotina Voladora merece su venganza (¡el luchador manco le mató a dos de sus pupilos!) luego descubrimos que ellos querían matar antes al Luchador Manco y le jodieron el brazo. Y el duelo final entre el manco y el maestro GV, dividido en tres partes (la mejor es la segunda: hace creer que todo terminará cuando el luchador manco aprovecha la ceguera del maestro) hasta llegar a un final apoteósico dónde nos demuestran la capacidad absoluta de Wang Yu para rodar cintas perfectas: toda la cinta esta llena de peleas, magníficamente coreografiadas, y zooms desbocados (e invertidos) pero también de un sense of wonder nunca visto antes. El mundo que recrea (de Dinastías, único) no tiene otra poesía que la de la imaginación y la hostia sin coartadas poéticas para públicos refinados. Pero Wang Yu rodaba obras maestras hechas para destilar en tiempos postgrinjausers.

Highway to Hell: Un trayecto por autoestopistas y coches

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Well Abe says, "Where do you want this killin' done?"
God says, "Out on Highway 61."
Bob Dylan, Highway 61

Routine

Michael Bay ya puede vivir de la renta con sus Transformers porqué su faceta de productormolón me está empezando a sacar el talibán que todos los amantes del género llevamos dentro: tiene el crédito de su Matanza de Texas de Nispel pero creo que se le empieza a terminar. La nueva versión de The Hitcher, además de indigna, devalúa todos los elementos que hicieron de la original una indiscutible obra de culto.

Así como el presumible acierto de la nueva es tener a Eric Red de su parte y a un Sean Bean perfecto, esto se diluye ante la vulgaridad reinante. La elección de la scream queen resulta completmente ineficaz y Bean no puede igualar la performance estratosférica de Rutger Hauer con unos guionistas que le joden: John Ryder es ahora, un asesino en serie al uso, un tipo del que lo sabemos todo. Todo. Todo lo fascinante de la original de Harmon, pues, desaparece y no se ve sustituido: Ryder no puede sobrevivir pese al carisma de Bean, al Closer de NIN y al uso de buenas canciones en su soundtrack (yo me quedo con convertir Don't give up on us en todo un tema de supervivencia).

Stairway to Heaven

Casi a modo de interferencia, Cars pilla toda la imaginería de la América abandonada, desaforada, desierta y la reviste de odisea expresiva. Cars es la versión feliz de Carretera al infierno pero protagonizada por un ganador que aprender a ser un perdedor. Hay que agradecerle a Lasseter que se esfuerze en dividir la tarea de maestro en más de un personaje, se agradece. Excepto el horroroso (bendita razón tenía Noel) momento musical que me devuelve a los sueños Disney (para mí, siempre pesadillas) estamos ante una veloz historia que no cede nunca al final. Esto, en los tiempos de victorias fugaces o batallas épicas, es un logro increíble. El juez de Cars es el peculiar iniciador y el autoestopista a quién recoge el veloz Rayo McQueen en su estrellada carrera.


América

China Lake (1983) es una declaración de intenciones: Charles Napier encarna al policía de tráfico más diabólico jamás visto. Con este currículum llega Robert Harmon. Se le suma Eric Red en su mejor momento (un año después escribiría Near Dark o Los viajeros de la noche, el Peckimpah vampírico) o justo a punto de iniciar su mejor momento. El resultado es atronador: una América desierta, llena de policías ineptos, elipsis Lynchianas (En todo momento The Hitcher es un precedente sin etiquetar de Lost Highway.: Jim Halsey y su vigilia, su sueño en la prisión están filmados con un pulso absolutamente cercano al universo de gifford/lynch) y sobretodo JOHN RYDER. Es un personaje construido en la actuación (Hauer inmenso), en el conocimiento de los mitos (no sabemos nada de él ¿acaso hace falta?) y en el esquivo de los tópicos pero no de las buenas fábulas morales, que también son de horror.: Ryder no quiere matar a Halsey, quiere que Halsey sea un asesino. Esta forma de trasladar el MAL queda patente en su final, con un plano sequísimo: The Hitcher no es una historia de huida de un diabólico autoestopista, se convierte en un encuentro entre dos personas conectadas de una forma nunca explicada, sobrenatural y, SÍ, sugerente.

El segundo viernes de cada mes

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Y llegué un viernes a Crystal Lake.
Jugábamos y te reias en el lago
¿quién iba a suponer que un niño se había ahogado?
Y ha aparecido, y las va a pagar conmigo
Si lo se no hubiera venido...
Airbag, Crystal Lake.


La primera vez que vi Viernes 13 sufrí una decepción icónica o algo así: fue, además, cuando descubrí esta expresión. La vi esperando EL INICIO DE JASON. Tenía trece años y recién comprado el Goremania (el libro, el momento merecen un amarcord aparte, pero dejémoslo en ello) de Jesús Palacios: no lo había leido entero y había visto ya Pesadilla en Elm Street: lo que quiero decirles es que, como en el clásico de Wes Craven, yo esperaba EL INICIO DE JASON, la máscara de hockey, todo eso.

Viernes 13, la saga de películas, tiene un halo de melancolía en todo ello: toda su fuerza icónica reside en pequeñas casualidades aisladas. El lugar mítico, Crystal Lake, aparece con toda su fuerza en sus primeras entregas pero la máscara de hockey no aparece hasta la tercera, una comedia casi involuntaria de la primera entrega y el mito no llega en todo su esplendor hasta la cuarta (y para mi, el mejor Jason Voorhees: ¡su rival era Corey Feldman! ¡al fin!). En todo caso Viernes 13 me parece una película irremediablemente simpática, sobretodo en su revisión: su condición de exploit descarado de Halloween con una acelerada muerte de los adolescentes, uno a uno, con la magia de Tom Savini al servicio de ella, hacen tener un valor que no tienen otras contemporáneas, aunque si es cierto que tenga consecuencias mucho mejores: The Burning es una de ellas (Tones lo sabe mejor que yo).

Viendo ayer Viernes 13 no puedo evitar sonreir cómplice ante el vértigo de muertes y aplaudir su clímax final, un Psycho invertido, digno de soap opera y sobretodo la decisión de Cunningham (una locura maravillosa) de introducir el personaje de la Mamá Voorhees.... ¡al final! El esquema de whodunit de la cinta de Cunningham es único. La aparición de Jason es memorable pero las escenas más fascinantes me siguen pareciendo las de Jason niño ahogándose en el lago, es un flashback con un look visual increíble, inquietante y poderosísimo.

jueves, agosto 23, 2007

Ain't no mountain high enough

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Ayer, Lily y yo nos fundamos las botas de montañeses ingenuos y vimos con ojito entusiasta y esperando buenos sustos y carnicería la infravalorada (como siempre sólo unos pocos la supieron ver bien) Wrong Turn (que promete más atrevimiento en su secuela) estrenada aquí como Km. 666 en un momento cósmico: La Matanza de Texas y La casa de los mil cadáveres como compañeros de generación (comparte con la primera los títulos de crédito bellos que heredaría el remake de Aja ; y el conocimiento de causa como leit-motiv de la segunda pero en dosis sustancialmente menores: el resultado es droga light).

A Rob Schmidit hay que agradecerle una cosa: que prefiere el reconocimiento cómplice (La Gasolinería; La Avería; La Casa) al plagio sonriente del dj Aja. Sin duda prefiere elaborar su revestimiento de la clásica Las colinas tienen ojos en los bosques de Virginia (si y todo el american gothic) con más amor que falsedad. El principal problema es que en todo este disfrute, Schmidt parece no querer aprovecharse del todo del paso del tiempo: Eliza Dushku, pura sensualidad guerrera, podría haber sido una Ripley vs. Rednecks maravillosa en un clímax final soso por visto y antes y mejor. Lo que nos hace pensar que pocos artistas (pensar en el remake de Nispel o en el dios Zombie) son capaces de remodelar y mejorar los modelos: Wrong Turn es un festival de amor, con uno de los mejores prólogos que he visto en el género (¡casi como parodia del inicio de M:I2!) que no está a la altura. Por supuesto Schmidt sabe que un buen epílogo puede arreglarlo todo o... casi.

Wrong Turn es una entretenidísima película en la que echamos en falta rednecks más salvajes, romper más barreras (o sea, introducir más abiertamente la historia de amor fou que queda sólo insinuada): en ese sentido Aja prendió de efectismo su manierista remake, pero puede que debamos apreciar más la intencionalidad cómplice de Schmidt. El resultado en ambos casos es muy parecido: un divertido acercamiento al género, este menos terrorífico (y truculento, en el buen sentido) pero más honesto en más de un sentido.

miércoles, agosto 22, 2007

Novellas por entregas

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Mauricio Salvador es un señor de bien. Un disidente terrorista de Rodrigo Fresán, un buen lector de James Wood y un sarcástico incomprendido en general que también ve películas de acción y las disfruta,c omo cualquier buen feligrés. Me gustan las novelas por entregas: el año pasado disfrutamos de un popnoir vampírico, este nos toca una crónica con el sabor unplugged de los mejores narradores: autenticidad, un lenguaje falsamente sencillo destinado a conmovernos, a provocarnos algo en lo más hondo. En cuanto a los álbumes de fotos, en si, siempre me han fascinado: parecen predestinados a una nostalgia desde su mismo diseño y no tienen mucho de memoria como los diarios que son unos testigos más exactos.

Álbum me ha emocionado, sí. Y no estoy lanzando hipérboles: Álbum parece tan consciente de sus limitaciones como perfecta en su transitar. Y no seré yo quien se ponga a especular con tan buen inicio. Léanla. Opinen.

First Blood

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"Nothing is over! Nothing! You just don't turn it off! It wasn't my war! You asked me, I didn't ask you! And I did what I had to do to win! But somebody wouldn't let us win! And I come back to the world and I see all those maggots at the airport, protesting me, spitting. Calling me baby killer and all kinds of vile crap! Who are they to protest me? Who are they? Unless they've been me and been there and know what the hell they're yelling about! "
JOHN RAMBO

Primero estuvo Acorrolado película con Rambo y luego, cual tormenta, las películas de Rambo, pero esa es otra historia. Y centrándome en la primera sangre de Ted Kotcheff diré que en sus virtudes de acción clásica no se encuentran ni las machadas más delirantes (los americanos no podían competir contra sus secuelas, sus series bé y contra los jodidos italianos: los ochenta están llenos de esa justicia poética) ni nada de eso que ha hecho de Rambo, RAMBO. La primera película es fundamentalmente una catarsis postVietnam que presenta como héroe una conciencia de soldado y suelta más de un par de verdades en sus frases maravillosas.

Shooter es un remake de Acorrolado en toda regla, que nos demuestra que si James Wan es un santo, los 00 podría ser esa década de oscuridad en la que los setenta (si, a pesar de 1982, Acorrolado es una película ochentera dark, una consecuencia de la década anterior) con ese Death Sentence, remake de Death Wish, profetizando el regreso de los justicieros definitivos a su terreno, volvieron para reinventarse. O sea de los superhéroes sin traje, para mejor década.

En todo caso Shooter y sus referencias a Irak demuestran algo: Irak ha calado en el imaginario popular norteamericano y ahora nuestro viejo fantasma patriota antisistema se levantará y acabará con todos ellos. Cuando el bonachón agente que le ayuda (Michael Peña en estado de gracia) que pone de relieve la condición estructuralmente setentera de la película y le pregunta a nuestro héroe, Bob Lee Swagger (Mark Wahlberg siendo EL TIRADOR, nunca menos había sido tanto, los maricones cinéfilos que se vayan con ese dignam de pacotilla a masturbarse) si los tipos a los que se enfrentan son malos, él responde: Mataron a mi perro.

Y ese final, bronsoniano total, en que el tipo se eleva desde las profundidades fantasmales y acaba con ellos, y las múltiples secuencias de asedio, nos dicen que Swagger es otra vez Rambo. Y que las próximas hazañas de Swagger deben ser DE Swagger y no CON. En todo caso Shooter es un disco de hardrock al lado de la sutilidad maravillosa de Bourne (y sin que ello impida que la saga sea lo más emocionante) y un sobrinito de los recados de Jack Bauer: es el mejor remake encubierto de esta década. No bromeo y creánme, Swagger tampoco.

A night in the life: Una dedicatoria en el sepelio de Keiko Kai

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En La velocidad de las cosas, libro de vivos y muertos sin etiquetar que se mezclan y nos mezclan, Fresán teje la que tal vez sea su más sincera historia de su relación con la literatura: un nazi salva a un judío solo porque ama su arte. Éste se confiesa desgraicado y se venga de él años después. Puede que Los amantes del arte: una memoir amnésica sea el más sincero resumend el amor al arte que siente Fresán y de la visión de sus mejores antihéroes. Hay en esa historia algunas semillas que brotan en Jardines de Kensington: la historia de Peter Hook como el artista del revival más loco que (Nunca Jamás, claro) existió.

Yo odio a los prepotentes pero la presuntuosidad de Rodrigo Fresán me enamora: de hecho no me parece presuntuosidad de la ofensiva, de la hostil, está hecha del amor a los libros y a la literatura, y esta cosa no es mala si se gestiona bien (con inteligencia más que nada: Vila-Matas tiene mucho amor y no sabe dónde colocarlo).

Jardines de Kensington es una perfecta novela autonóma dentro de esa bibliografía infinita que es Canciones Tristes (o el resto de los libros fresanianos, piezas de un mapa por hacer, cartografía para lectores hardcore): su dispersión inesperada entre dos flujos funciona de una forma que da una enividia sanísima. La estructura es perfectamente confusa: de repente está Barrie. De repente sólo Hook y sus recuerdos. Y su padre Sebastían “Darjeeling” Compton-Lowe. Y su esposa. Y su hermano Baco. Y siempre Hook, mintiéndonos de la forma más bella: ahí está ese final.

Los méritos de esa rara avis de la novela que es Jardines son extraños y tal vez precisos, por eso funciona: reinventar Peter Pan a base de una reescritura deliciosamente apócrifa de la vida de Barrie y contarnos la historia que hay en el que La cuenta: Peter Hook. Toda la estructura, antinovelística, llena de dispersones, planetada como un monólogo aderezado con una velocidad anfetamínica por su narrador de una infancia POPcidental , resulta revolucionaria: a la vez no tengo al más mínima duda que Fresán interroga por su resultado y su obra sigue estando como una especie de Tarantino. Llevo días comentándoselo a Lily: Jardines de Kensington es lo que es Kill Bill vol. 2 con Sergio Leone y las películas de artes marciales, una reescritura velocísima con un retrovisor a la historia de la literatura de nuestros mitos favoritos. Fresán es un dj que recuenta sus historias: pero como dice
J. Fresán no hace juguetes accesibles, los hace para sí, pero con un amor, con un sentir lírico tan perfecto que los libros y sus lectores salen más que satisfechos.

Puede que Jardines de Kensington ya sólo sea histórica por su sangrante parodia de Harry Potter (encima Jim Yang y su cronocicleta y sus aventuras son mucho MEJORES y lo digo sin haberlas leído) con ese Peter Hook arrepentido y hastiado de que sus fans sólo esperen sus libros y al siguiente. Porqué Fresán ama a los libros en plural, los mejores y no la espera impaciente: hay algo de traición en ese lector que se despide de los Jardines de Kensington sabiendo que no quiere emprender el último vuelo y dejar para siempre atrás a Marcus Merlín, suerte de tutor crepuscular y joven a al vez, a esos The Beatens aka The Beaten Victorians aka The Victorians y sus álbumes que jamás existieron. La ventaja es que el libro existe y que nosotros esperaremos al próximo libro de su autor con una impaciencia que Peter Hook posiblemente nos reprocharía.

Cuando el lector termina, y pasan los días, tras el libro, recupera sus ganas de leer con un ansia que nada tiene de didáctica y su mucho de religiosa: podemos ver Jardines de Kensington como la historia del último vuelo que nos recuerda que no será el nuestro en muchos, muchos, muchos libros. Y a Fresán como ese autor a quien admirar por sus sinceros testamentos de amor que cose como novelas remezcladísimas y perfectas. Los Jardines de Kensington, antinovela mentirosa y declaración de amor no firmada a Nabokov, tiene a los habitantes de canciones tristes más netamente inolvidables pero no los menos perdurables. O sea la materia de un auténtico clásico.

lunes, agosto 20, 2007

Bourne 2 be alive

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El Ultimátum de Bourne es la película más disfrutable de nuestro hiperespía favorito: los motivos por los que la saga mola ya están bien enumerados, y la crítica que descodifica los méritos de una trilogía conclusa, también.

Bourne es un personaje excelente: su origen hitchockiano también nos remite a los héroes sin identidad típicamente dickianos (no por casualidad me gusta pensar en Robert Ludlum como esa Cara Bé de PKD tan necesario como Pynchon para entender a la conspiranoia DeLillo) y los más icónicos superhéroes, también amnésicos, consecuencias de experimentos del gobierno (ejército, agencias): Lobezno es nuestro favorito, está claro.

A pesar de ese toque de perdón inesperado en el héroe hay algo interesantísimo en ese giro bastante molesto: la eliminación súbita del duelo de Bourne y su perfecto antagonista. Y solo con este defecto destacable el resto de la película es una obra maestra: prólogo desconcertante y desestructurado y un inicio en la estación de Waterloo que es un auténtico clímax. Así las cotas de delirio (la persecución en Nueva York o la pelea Bourne vs. Desh) de esta entrega se han elevado al máximo y con un Paul Greengras hipervitamiado y con su mejor pulso (la cámara en mano ya no es la hiperrealista cámara en mano: es una forma de hacer la experiencia más EMOCIONANTE sin concesiones) y un ambiente pseudocumentalizado setentero maravilloso.

El ultimátum de Bourne es una película fundamental en tiempos de identidad líquida (la memoria como la única información fiable en estos tiempos de comunicación y vigilantismo chungo) en la que como resultado nuestro héroe, que en las dos anteriores había aprendido a ser Jason Bourne, descubre lo que es no ser Bourne. Y todo ello enmedio de un montón de huidas, descubrimientos y duelos de despacho y de tiros por igual.

domingo, agosto 19, 2007

The Dark Knight Prestige

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Decía Noel Ceballos: “unas imágenes de Batman interrogando al Joker que harían que Adam West se sonrojara “. Amén.

Contra viento y marea, y con muchos varapalos yo defiendo Batman Begins (como una gozosa y contemporánea aventura capaz de mezclar ninjas, terroristas, batmans y detectives tristones)
pero esta foto es vergonzosa. Christopher Nolan ha olvidado lo fundamental para centrarse en LO trascendente, lo que no deja de ser curioso cuando precisamente para lograr lo segundo hay que ver, precisamente, lo primero. Me gusta imaginar The Dark Knight no como ese fracaso que será, esa forma y absurda de terminar con el género de superhéroes por los renegados que usan la palabra adulto cada dos por tres, sino como la parodia definitiva de Christopher Nolan (maravillosamente inconsciente) de si mismo, tan extrema e incontestable como debería haber sido la versión loop (también imposible, a estas alturas) de Spider-Man 3 centrada exclusivamente en el superyo de Tobey Maguire y adornada con los gags raimianos más veloces.

Me gustaría ver a este The Joker (rídiculo, despintado, resacoso, vergonzante) diciéndole a Batman: Recuerda a Joe Chill y riéndose. Y Bruce Wayne/Batman cuidando de Rachel Dawes ahora con una extraña enfermedad, inducida por The Joker claro, que hace que Batman le tenga que pegar batinyectazos. Y en todo esto, Batman se da cuenta de que lo es porqué tiene insomnio. Y al final, Batman y Joker desaparecen por las tejas de Gotham City y se encierran, casi como castigo divino, en un legendario castillo a luchar como guerreros (sí, justo como aquél one-shot del payaso escrito por James Robinson y dibujado por Christian Alamy) y puerta al futuro. Y al final, todo fue un truco de magia del Espantapájaros, y reverenciando a la serie de Dini/Timm, Batman está en una mina encerrado, enloqueciendo y esperando encontrar a Bruce Wayne. Tal vez así, Christopher Nolan, artesano maravilloso elevado a la egomanía descontrolada, se diera cuenta de hasta qué punto el delirio sublime de todas sus obras, remezclado y bien agitado, puede resultar un tebeo mucho más fiel que esa nueva aventura en la que el Joker es un payaso y no lo parece.

jueves, agosto 16, 2007

UNA DE TUBOS: "JOHN WAYNE GACY JR."


Look underneath the house there
Find the few living things
Rotting fast in their sleep of the dead
Twenty-seven people, even more
They were boys with their cars, summer jobs
Oh my God

Are you one of them?

GUIA HOLMESIANA PARA JÓVENES INVESTIGADORES: BIBLIOTECA SELECTA DE LECTURAS SECRETAS (II)

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Recomendada para:
Amantes de Michael Chabon que leyeron en su juventud a Conan Doyle y ahora prefieren olvidarlo como una lectura culposa y se sienten importantes por leer al narrador norteamericano. Quiero decir: La solución final con sus guiños deliciosos (nada gratuitos, pajeros a ratos, demasiado bien insertados como para desmerecer con ese final), con su resolución canónica (que Holmes no sea capaz de resolver el misterio) traiciona a Holmes en lo esencial: de acuerdo, se trataba de hacer una historia apócrifa. Bien, el joven detective debe saber que los problemas no van por ahí ni de lejos: el problema de Chabon es que en su intención de homenajear al relato Conandoylesco ha olvidado la pasión y lo ha usado para tejer una típica novela moral. En pocas palabras: La solución final tiene un estilo elegante y delicioso, inusual, con las metáforas más bellas que puedan ustedes imaginar en Chabon, pero no tiene alma: tiene una moraleja que huele a naftalina por lo usada que está (¡otra vez los jewish como víctimas! ¡otra vez el horror del nazismo!) y un error de la misma envergadura que cada hallazgo que presenta, y por desgracia en este tira-afloja entre buenos y malos momentos (ej: el concepto del final del misterio sin resolver con la moraleja vs la resolución del asesinato y la poca profundidad en un personaje tan sugerente como Kalb; lo innecesarios que resultan los diálogos con Panicker contra lo brillante de presentar a un Holmes crepuscular decididamente icónico) parece que ganan los segundos.

Una madeja enmarañada:
El anciano, o sea Holmes, se encuentra con un extraño compañero en su retiro en la campiña inglesa: un muchacho judío y mudo llamado Linus Steinmann que lleva un loro llamado Bruno que recita extrañas combinaciones numéricas que muchos ven como códigos militares. Las cosas se complican cuando también, Mr. Shane, de la Oficina de asuntos exteriores que se negaba a informar sobre el asunto del loro y aparece asesinado. El anciano vuelve a la acción para resolver este doble misterio.

El informe:
“Muy bien. -El anciano soltó una risita reseca, dirigida enteramente a sí mismo-. He tomado en consideración las necesidades de mis abejas. Y creo que puedo perder unas pocas horas. Así pues, les ayudaré .Levantó un dedo largo a modo de advertencia-. A encontrar el loro del chico.-Laboriosamente, y con un aire que rechazaba de antemano cualquier ofrecimiento de ayuda, el anciano, apoyándose pesadamente en su bastn negro y lleno de muescas, se puso de pie-. Si por el camino no sencontramos al verdadero asesino, bueno, pues mejor para ustedes.”

Con Lupa:
“El anciano había vistado una vez con anterioridad Gabriel Parke; debió ser en algún momento de la década de 1890. Entonces también se había tratado de un caso de asesinato y, también había un animal de por medio: una gata siamesa, laboriosamente adiestrada para administrar un veneno malayo muy raro frotando sus biogotes contra los labios de la víctima”

martes, agosto 14, 2007

Dawn of the Ringtones

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Cell de Stephen King es un reencuentro con el entretenimiento más brutal: un page turner en toda regla que ejemplifica su crítica social como base misma del argumento y, ya al principio de esta odisea de supervivencia, cuando el politono Crazy Frog (como olvidar esos anuncios proféticos de Antena 3) se convierte en una especie de cantar de apocalipsis sabemos que la diversión está asegurada. O eso creemos.

Lo que no sabemos es que Clayton Riddell se va a pasar toda la novela (absolutamente toda) sufriendo por su mujercita e hijito. Y así todo un sentimentalismo cansino, innecesario, aburridísimo. Los zombis son kingianos al 100%: es decir, intertextuales. Tienen un líder (el Hombre Andrajoso otra variante más de Randall Flagg)y tienen zonas muertas, esto... telepatía. Aluviones de sentimentalismo cubren todo el desarrollo de la novela e incluso implican ciertas perdidas de interés: pero aquí llega Stephen King para regalarnos un buen mal final y demostrarnos que él tambien sabe darnos tensión cuando toca.

Cell pone en evidencia todas y cada una de las carencias de Stephen King pero divierte de una forma tan bella que es imposible resistirse: la sensibilidad pop de su autor me puede. Me explico, cuando se trata de asimilar a Richard Matheson (en concreto la obra de la que hablábamos), a quién va dedicado el libro, lo hace mediante un repertorio extensísimo que va desde Baby Elephant Walk hasta el clímax final ya de nuevo con Pachelbel. Pero esto también se le gira en su contra: el exceso de comparaciones con otras referencias pop en los diálogos, que da al relato un aire especial, puede cansar un tanto y denotar falta de tacto.

Lo peor de Cell es que la podría haber escrito Richard Bachman: entonces, posiblemente, el protagonista sería el Hombre Andrajoso. Y lo peor que queda es que podría haber sido una novela inteliguentísima, frenética y se conforma crear un apocalipsis de ida y vuelta más. Y tampoco podemos asegurar dos cosas: que no nos hayamos divertido
ni que esto sea un verdadero divertimento honesto. Ojalá.

sábado, agosto 11, 2007

Being Robert Neville

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Leo con calma Soy Leyenda de Richard Matheson antes de ponerme con Cell de Stephen King. El mal sabor de su última historia de Castle Rock me obliga a revisitar a Neville. Soy Leyenda tiene ese estilo entrecortado, justo ese, en una época en que la única narración seca de prestige era Hemingway. Sin embargo el estilo de frase corta, breve y contundente de Matheson no tiene nada que ver con el de Hem: el suyo es el estilo de lo cotidiano, el miedo que surge a través de lo monótono. Me parece gracioso que esta descripcion encaje casi a modo de búsqueda con el nombre de Raymond Carver y que también lo siguiente que lea sea, de nuevo, King. Es, de hecho, una especie de círculo cerrado.

Soy Leyenda, por otra parte, es una novela muy, muy, poco política. Es interesante a un nivel poético: el apocalipsis al que se enfrenta Neville es una odisea de supervivencia sólo comparable, en grandeza, a la de Robinson Crusoe. No hay nada en ambas que haga presagiar que su historia sea memorable, pero finalmente lo resultan por motivos ajenos al heroísmo. Robert Neville es más que nada un hombre prágmatico antes que un héroe, consciente al borde de la muerte de lo dual de la naturaleza humana. Hay algo que también me sorprende ahora al releer Soy Leyenda es su inmediatez narrativa: no hay espacios para el sentimentalismo más allá de la angustia y el recuerdo que provocan una vida tenebrosamente cotidiana (porqué Soy Leyenda también podría ser leída, esencialmente, como una novela sobre una repentina nueva vida monótona) ni tampoco para un clímax final: todo lo que podríamos llamar épico brilla por su ausencia. Como cualquier obra maestra, la tercera adaptación al cine que lleva su mismo título y tiene en el aburrido Francis Lawrence como su director (autor de Constantine un folletin postMatrix de resenmblaje noir más aburrido y lánguido que su material de partida, un estupendo tebeo que parecía un himno horror punk en sus mejores momentos). Que Romero se inspirara en Matheson no es ningún secreto: la lectura de Romero era por apócrifa maravillosa, y convirtió en acierto el cambio: el pesar existencial de Neville por el malestar político.

viernes, agosto 10, 2007

Portrait of the cult film as an error

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El otro dia fui al videoclub que me proporcionó mis sesiones interminables en VHS de clásicos, primero mayúsculos y luego olvidados. Luego de mucho sin ir, el videoclub está cerrado, sin línea telefónica y con las películas llenas de polvo. Planet Terror es toda esa colección VHS (cortesías) (y salas de cine y pases de madrugada) sin lágrimas ni melodramas crepusculares: es un comeback en todo su esplendor.

jueves, agosto 09, 2007

Cosas (in)necesarias

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La Tienda de Stephen King es una pasable novela muchísimo más interesante en momentos puntuales que en su conjunto narrativo. King, me comenta Tones, parte esta vez de Ray Bradbury, La feria de las tinieblas, para crear su particular última historia de Castle Rock.

Por un lado encontramos las clásicas multirreferencias al Kingverso que nos dejan entre perplejos y satisfechos (aquí son la prisión de Shawshank, Thad Beaumont y su mitad Oscura y el perro Cujo) y por otro, las multirreferencias sutiles en los personajes: el de Leland Gaunt, figura ataviada de negra y hasta sobrenatural como afirma Brian Rusk, típicamente deudora de su ya clásico Randall Flagg.

El principal problema de la novela es que funcionan muchísimo mejor sus ideas que su mecánica narrativa: King parte de la premisa de parodiar los melodramas Peyton Place, insinuando que con esta técnica es capaz de resultar satírico con toda una comunidad: bien, el bueno de King se pierde y muchas veces el lector sospecha, demasiado, que la parodia se está tomando demasiado en serio.

Así, conviene recordar esta Tienda por sus momentos más maravillosos y locos (un duelo sangriento a la spaghetti western entre mujeres maduras y alteradas ; una rebelión de Baptistas Cristianos como si se tratara de zombis ; la figura de Elvis como el PLACER SEXUAL) que no por la insulsas love stories y todos esos personajes secundarios que, paulatinamente, nos resultan tan y tan innecesarios. No es ni de lejos el mejor King y logra entretenernos durante 900 páginas: no obstante, durante muchas, muchas de ellas uno tiene la sensación de estar asistiendo ante un serial alargadísimo (¿por qué pasan TAN pocas cosas? ¿por qué el clímax dura tan poco?). Puede que debamos pensar en La Tienda como un capítulo raro de la Twilight Zone de más de dos horas.... y esto sea suficiente.

viernes, agosto 03, 2007

DesencAjado

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-Spoilerísimos -

Qué gran película es Haute Tension. Vaya si lo es. Lástima, que sufra de dos males: el de las dos bipolaridades. Lástima que Aja se conforme con darnos una hora y 10 de thriller acojonante, auténtico deliverance que regresa a la Matanza de Texas. Hay otra película, otra muy francesa: una historia d'amour lesbiana y bizarra, toda ella muy existencial como dice el Maestro Tones. Y claro, la forma de mezclarlas no sale bien. Sale MAL. Sale FATAL. No podemos mezclar esas dos películas mediante el uale, pues no me lo esperaba, porqué es un truco cancerígeno y que, yo recuerde, sólo ha funcionado en Memento y Fight Club, películas que no entran en el marco estrico del horror y menos del american gothic.

Alta Tensión es que te desempalma justo al final de su clímax y de su figura asesina, desconocida, siniestra, rural: el fontanero convertido en tu peor pesadilla (o lo que sea). Pero, vaya, la cosa tenía que derivar hacia el giro inesperado. El caso es que una de las dos películas podria complementarse sin ese giro absurdo y el resultado hubiera sido una obra maestra.

Lo que queda no está nada mal pero Aja fue mucho más honesto en su siguiente película, aunque hay que admitir que las maneras de High Tension y toda esa forma de filmar el horror (su concepción de la irrupción del horror como si un dj se tratara me sigue pareciendo arrebatadora) lo convierten en un tipo todavía a tener en cuenta. Aún así, sería preferible que siguiera su carrera referencial por otros caminos que no fueran el de los remakes, por su bien o terminará completamente zombificado por la industria.

jueves, agosto 02, 2007

After you've gone

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Hombre, Una historia de Brooklyn viene por fin a destruir todas esas otras historias de Brooklyn que no me gustan. La memoria épica de Lethem por excesiva y porqué Lethem tiene talento, diantres. Y (casi) todas las novelas de Paul Auster, el residente de Park Slope. Y la basura de Nicole Krauss del amor. Nada, que el hijo de un novelista atípico (Jonathan Baumbach, halagado en su último libro de relatos por titanes como Robert Coover) llamado Noah, coguionista de la obra maestra Life Aquatic, nos ofrece un debut tan incómodo como poco conformista en un happy ending casi pedido a gritos y que, fíjense, tampoco desencajaría al público medio. Prefiero éste, el de la memoir gris, al revestimiento cinematográfico (convencional).

Para mí, el doblaje en español tiene un sentido: el de destrucción de todas las historias de redención y palmaditas en la espalda, en forma de realismo mágico, anteriores. Noah Baumbach le da un cameo a su padre, lo que visto como lo retrata bajo los poros de un Jeff Daniels que supera el hecho de que su papel-era-para-Bill (Murray) con sus (otros) registros y está tan bien (como en casi toda su carrera, vaya). El guión de la película tiene dos bazas maravillosas: que la historia ya empezó antes y que su humor es gustoso. The squid and the whale logra en su mayoria de veces un sentido del humor tan gloriosamente alejado de cualquier indiemovie al uso como también una sensibilidad personal. Tiene un par de gags visuales reverentes a Wes y un final muy woodyalleniano: la redención de la derrota (final).

The Movie The Mierda

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The Simpsons es una verdadera película mala: o sea es una película perversa, que hace El Mal al espectador inteligente que conserva a la creación de Matt Groening como la definición y hasta generador de nuestra cultura popular, como el más precioso retrato de toda una era (la postmoderna). Por lo que una película podia hacer dos cosas: o renovar la artrítica series por nuevas vias o arruinarse por el triunfo fácil. Está claro que es lo segundo ¿no?

Lo peor de Los Simpsons es que durante su primera hora se dedica a engañar al espectador respetable con un montón de bromas y gags que llevados hasta el final hubieran sido brillantes: el Presidente Schwarzennegger, Homer y EL CERDO (¿por qué se lo llevan?), etc. Pero el legado de los Simpsons es para Matt Groening un remix a modo de concierto de Green Day y cameo autoirónico de Tom Hanks adobado con mucho sentimentalismo a DEMASIADAS bandas. Esto provoca que se pierda la esencia de personajes como Bart y esto en un mundo como el de los Simpsons sobrepasa el llevar al límite a un personaje: se trata, realmente, de una traición en toda regla al concepto inicial para reconvertirse al mainstream. Y por muchas carcajadas que tuviera en su primera hora, el resultado global es descorazonador y deprimente. No tanto por el Burguer King sino porque, por el camino, Bart ha querido/necesitado amor paternal.

domingo, julio 29, 2007

El chico sin nombre

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The boy with no name es un tremendo candidato a mi disco-favorito-de-Travis. Hay dos motivos: New Ámsterdam una canción de un concepto peligrosísimo (o sea la nostalgia bohemia) pero que funciona gracias a la perfección que tiene una letra que usa un lenguaje-imagen pop (Paris, Texas – end of the world) que logra emocionarnos y conmovernos. El otro: Selfish Jean está llamada a convertirse en un clásico con el oído puesto en canciones como Love me till the sun shines de los Kinks. Y de hecho, puede que Something Else de los Kinks sea el disco adecuado para entender a Travis y alejarlo en apariencia de sus consecuencias (o sease: el pochopop de Snow Patrol, Coldplay and co. que ellos no cultivan ya que tienen un sonido más feliz, pero en fin). No quiero rechazar la canónica y bella Battleships ni olvidarme de la arriesgada Out in Space (una ballad completamente lennoniana de un tema inequívocamente bowiano) o la absorbente 3 Times and You Lose pero me pueden las absorbentes imágenes de una y el fantasma de Ray Davies de la otra.

Manhattan, otra vez

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Hunter Richards no ha hecho, como creía, un tour a la Easton Ellis por la white trash neoyorquina. Porqué, si hablamos de su debut London, hablamos de un grave malentendido. Primero el de la edición en dvd que anuncia Oscura obsesión como si un vulgar Wicker Park wannabe se tratase o peor, un thriller oscurito con actores de moda. Segundo: el Imdb (Nunca sirvió de nada, pero en este caso sintetiza las reviews de los críticos de una forma armónica) no para de hacer constancia en que se trata de un film lleno de drugs y nights. Si, es cierto, los personajes de London consumen drogas pero esa no es la idea. La idea es que es gente inteligente, con problemas, estable y que también consume muchas drogas y no hay ninguna relación aparente entre estos hechos (y esto en cine es un triunfo muy notable).

Hay varios referentes para descodificar a mr. Richards. El primero es todito el cine francés. De ello ya se ha hecho eco el señor Toldo, el segundo es Woody Allen. London es, por encima de cualquier cosa, una actualización del costumbrismo y reflexiones de Manhattan, con vocación personalizada. Richards introduce las anécdotas como si fuesen subtramas (las rueda, las rellena, una característica del cine posmo de gente como PT Anderson). Chris Evans no lleva gafas de pasta ni es neurótico pero sufre de los mismos males que Ike Davis. Precisamente es un inseguro y precisamente Richards introduce la comedia de otro modo (meterse rayas encima de un Van Gogh, sic) y precisamente esta diferencia tonal lo distancia tanto, en apariencia, del cine de Allen. Lo que para mi, es un triunfo.

sábado, julio 28, 2007

Pieces

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Me sorprende mi decepción ante el anime de One Piece y confirmo la imposibilidad, en terrenos de animación, de continuar con el legado de Dragon Ball que no sea por una via un tanto superficial (ya saben: protagonista alocado, viaje de iniciación y búsqueda postIndiana). He de admitir que el manga puede estar realmente mejor (y eso espero), llevando hasta el final cosas que aquí solo se insinuan o combinando mejor los registros (veremos). En todo caso, la serie animada que parte de las viñetas de Eiichiro Oda aparecido en 1997 y anunciada por su autor como inspirada en Dragon Ball fracasa (y no creo que por deshonestidad, sino por paletismo).

El gran triunfo de Dragon Ball está en la narrativa desfragmentada que se llegó a lograr en Dragon Ball Z ampliando el universo hasta límites nunca vistos: reiniciar la aventura paso por paso (esto lo comparte con su otra sucesora, la un poco mejor Naruto) juega con una desventaja y es la de la reinvención. Situarla en un ambiente de piratas con poderes mágicos parecía un atractivo poderosísimo. Pero nada: la serie confunde las diversas líneas de DBZ con gags a cada cual más reutilizado. ¿Se imaginan las posibildades que tiene hacer gags absurdos, en la mejor línea de los primeros Fantastic Four, con un tipo elástico? Yo si y desde luego es mas interesante que la reedición de situaciones de ojitos con forma de corazón.

La otra gran virtud de Dragon Ball era incorporar ese humor autodestructivo en el centro mismo de su concepción: ahi se situa el fracaso de One Piece, porqué Oda es, previsiblemente, un mal espectador (o sea interpretador) de DB e interpreta que la mejor manera de homenajear a un maestro no estriba en continuar el concepto inicial de una serie, sino de emularlo desde la nostalgia. One Piece es una serie con cierta arritmia que no sustituye su condición de derivado con la hipérbole sino con el gag mimético y ahi encuentra su pozo: en ningún momento se decide por tomar partido en sus elementos más interesantes (como por ejemplo, la facilidad con la que un pirata pega un tiro) y su cambio de registros provoca una descompensación que se traduce en la perplejidad del espectador que asiste a una summa un tanto antinatural de revival mal entendido y toques de seriedad completamente descohesionados. Justo lo contrario que pasaba con tanta fascinante naturalidad en la obra de Toriyama. Si tuviera que escoger un digno sucesor de Dragon Ball en términos innovadores, sin duda alguna me quedo con la maravilla La melancolía de Haruhi Suzumiya serie metanarrativa dispuesta a reinventar los artríticos chistes y lugares comunes que One Piece repite con pretendida épica.

martes, julio 24, 2007

Afterpop o Manual de estilo para Nuevos Testamentos Futuros

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Desde estos rincones, Eloy Fernández-Porta ocupa el Olimpo con una frecuencia más o menos periódica y ello resulta un honor. Sin embargo lo mejor ya ha venido. O casi. Mientras en los suplementos culturales fundan nuevas coleccionistes debolsillo (Nocilla21 o NocillaPockets: Predigo una movida), Eloy Fernández Porta se dedica a decir que prefiere estar más cerca del Mondo Brutto que del ringtone Esa Es Mi Generación. Y no se queden tan anchos pues como cualquier buen texto bíblico Afterpop tiene aspectos discutibles pero sobretodo una vocación reveladora y profética respecto a... TODO LO DEMÁS.

Afterpop es un artefacto explosivo sólo comparable a la Vida Mostrenca de Jordi Costa. Como en aquél, los ingredientes que forman Afterpop son exclusivos y rabiosamente contemporáneos (Family Guy, John Zorn, el cyberpunk, Burroguhs) pero lo mejor del asunto está en las ideas contenidas, capaces de activar cualquier sistema neuronal gris: Javier Marías es más poppy que el último libro de Ray Loriga (toma YA), Enrique Vila-Matas es capaz de hacer cosas realmente interesantes (a long long time ago, in a far galaxy) y el relato postmoderno infantil es una de las cosas más bellas del mundo. Pueden llegar a pensar que todo esto lo sabían, pero la hondura del conocimiento es la que les dará la certeza. Para eso yo les recomiendo usar Afterpop: les devolverá la fe en la intelligentzia patria, confirmará sus sospechas de que todo esta amañado y al cerar el libro sentirán una sensación de clarividencia nunca antes vista en sus libros anteriores. Lo juro.

HAMLET POTTER

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Se lo comenté a Hijo Tonto y luego a Zito (o sea a gente de bien, culta y leída) y confirmé que, desde luego, no estaba tan loco. Gran parte de los ecos que le dan tanta entidad a Harry Potter está en Hamlet de William Shakespeare. Y esto no quiere decir que Rowling sea una maestra de la tragedia de tintes shakesperianos: sino que William es un incomprendido, after all. Vayamos por partes.

PRIMERO. En un interludio de Harry Potter 5, que me provoca tantos bostezos como cualquier clásico de mierda como Curial e Guelfa, volví a los brazos de Hamlet y me pareció una historia apabullante de un héroe perfecto: trágico, si, pero lleno de oneliners y un escepticismo universal. Pienso claro en la mítica escena de Last Action Hero, en la que su protagonista prefiere reinterpretar Shakespeare a su manera. Lo mejor de aquella escena no es tanto el obvio dardo al anacrónico Laurence Olivier, sino la sugerente interpretación de Hamlet como algo netamente poderoso y que como el buen arte está por encima del rancio olor de sus estudiosos académicos.

DESPUÉS Vuelvo a Harry Potter 5, autoconvenciéndome de que La Orden Del Fénix es lo más parecido a una Liga de la Justicia que va a ocurrir en el Potterverso. La diferencia es que JK Rowling NO es Stephen King y es incapaz de tejer un maldito Dreamcatcher (¿se imaginan HEROES sin DREAMCATCHER? Yo sí: los 9 primeros episodios no existirían) o al menos un buen sabor pulposo. Y nada. Harry Potter y la Orden del Fénix es el fracaso de Rowling como escritora-pensadora, empeñada en decirnos a cada página ESTE LIBRO VA SOBRE TONY BLAIR, JUA, JUA, y en convertir lo que en el cuarto libro era pura comedia teen de equívocos en un melodrama rosa sonrojante.

AL FINAL. La muerte de Sirius Black, un personaje realmente estupendo, no me sabe a despedida tanto como debería. Pero me quedo con Hamlet Potter, el mejor héroe posible. Y Hamlet como la mejor saga hecha: en tres actos resuelve con grandeza a todos sus secundarios capaz de elevar la aventura a un nivel que todavía no ha conseguido Harry Potter. Puede que tanto convencimiento de que Hamlet es un clásico, de que Shakespeare es high culture, y tanta reminiscencia oxfordiana desvirtue muchos de los valores del Hamlet que leo: la historia de un héroe sin padre(s) dispuesto a vengarse de su asesino. Ah, hay fantasmas y puede que Hermione Granger vea fantasmas. Pero, honestamente, me salvaguardó de los bostezos. Pensar en Hamlet como el sampler para cualquier buen icono pop venidero puede ayudarnos a valorar más a Shakespeare, que no menospreciar más a Rowling, que ya tiene bastante castigo con el largo vacío (el limbo de la falta de creatividad) que le espera ahora.

BOO O LA CONSAGRACIÓN DE LA RIDICULEZ DE LA MALDAD

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Estos días Liana hace tareas de bien conmigo: me obliga a revisar Dragon Ball, lo que no es tan mala idea como pudiera parecer. Majin Boo me parece, con diferencia, el triunfo absoluto del sentido del humor de Toriyama (que es lo más parecido a un kamikaze suicida que he visto en manga, ever) no siempre comprendido por los fans más clásicos (y quizás uno de los casos más claros de inversión de nihilismo-mal: la falta de Mal verdadero se traduce en un nihilismo individualista light).

Boo es un villano (en su primera encarnación, la más personal de Toriyama) gordinflón, con un insecto (Toriyama y el placer de una metáfora LITERAL: la forma icónica de poquita cosa del que manda al monstruo se convierte aquí en una broma explícita a un nivel nunca visto antes en la serie) como jefazo, con una pasión desmedida por destruir la humanidad convirtiéndola en CHOCOLATE.

El contexto de Dragon Ball (social, político) es el de un Japón literalmente hinchado por la especulación antes del apocalipsis económico y tremebundo (otro fiel cronista de esta realidad distorsionada es Haruki Murakami) y Majin Boo es un monstruo consumista. Pero Toriyama no opta por un lenguaje simbólico, que si me lo permiten, murio con toda la maravillosa modernidad: en las ruinas de la misma le quedan los códigos de la metáfora cafre y anárquica que no está sujeta a otra cosa que no sea su peculiar universo multirreferencial y ultraexpansivo.

La diferencia que situa entre héroe/villano el mismo Toriyama es escalofriante: si Son Gokuh necesita comer antes de vencer a su rival, Boo se los COME . La batalla que se libra en la saga del Boo (toda ella acompasada por una trama de divinidades y mitologías artúricas convertidas por el ojo toriyamiano como siempre en SITCOM ) es la de dos grandes comilones. El héroe se traviste (¡la fusión!) y se multiplica para hacer frente a un devorador con ganas de seguir su rutina (el momento de la vida cotidiana de Boo es muy significativo). Posiblemente, y al margen de lo dilatada que es Dragon Ball - en su narrativa postmoderna y fragmentadísima, adelantada a todo el manga que se hizo después (sorprendentemente rancio, incluso una pretendida sucesora como NARUTO se revela con una narrativa la mar de clásica pero habrá que darle tiempo) – esta sea la batalla más gloriosamente épica: la épica del fracaso por encima de todas las cosas
.

domingo, julio 22, 2007

HARRY POTTER 7 ENDING A TRAVÉS DE LA HISTORIA (UNA CARA B)

Harry Potter y el anagrama metaficcional de Paul Auster

Harry, ante la posibilidad de conocer y perderse en los abismos de si mismo, se sentó en su silla. Empezó a escribir el libro. Al final del libro ponía y la piedra filosofal. Ahora, en Brooklyn todo parecía tranquilo, como en aquel partido de los Giants.

Si me necesitas, Potter de Raymond Carver
Hermione dejaba su varita. Harry sintió como si un parpadeo le molestara. Hermione tropezó. La varita se cayó en el suelo. Ella suspiró MIERDA

Potterama de Bret Easton Ellis
Cuando Harry llega con su nueva escoba NIMBUS NIKE a casa le dice a Hermione que le sirviera un vaso de EVIAN y que cenarian en un bistrot cerca de Hogwarts que conocia. Tras la cena, pasean por Londres al alado de un McDONALDS Harry ve un cartel que pone ESTO NO ES UNA SALIDA.

Harry Potter (Obras Completas) De Jorge Luis Borges

En el libro 4 conteido en el Versiculo 8, Pierre Menard asegura que tras su enfrentamiento con Voldemort, Harry Potter se sentó al lado de Ron Weasley a contemplar todo aquel laberinto de conjuros que supuso aquella historia. Enfrente de Potter hay un jardin de historias cruzadas, y aunque Menard lo niega, en Las Mil y una Noches, el octavo libro dice que al lado de Hogwarts, en los bosques de Hagrid está la Biblioteca de Babel.

Pastoral Potteriana de Philip Roth.

SI, habían abierto una brecha en su lucha contra Voldemort, incluso allí en la tranquilidad de Hogwwart y ahora que estaba abierta no volvería a cerrarse. Jamás se recuperarán. Todo está en su contra, todos aquellos a quienes no le gusta su clase de vida. ¡Todas las voces del exterior, condenado y rechazando su vida!
¿Y qué tiene de malo la vida de los Potter? ¿Qué hay en este mundo menos represenible que la vida de los Potter?

Corre, Muggle de John Updike

Harry se acerca al bordillo, pero en lugar de ir hacia su derecha y rodear la manzan, baja de la acera con la impresión tan intensa de que aquella callejuela secundaria fuera un ancho expreso hacia Hogwarts y cruza la calzada. Quiere viajar otra vez hasta Hogwarts. Aunque esta manzana de casas de ladrillo de tres pisos es igual que la acaba de abandonar, la de sus tíos, hay algo que le hace sentirse contento. Esta ilusión acelera su paso. Sus manos se levantan automáticamente y empieza a notar el viento en las orejas incluso antes -su varita golpea pesadamente con su tunica – pero impulsados por algo parecidos a un dulce pánico se hacen cada vez más ligeros y más rápidos y más silenciosos - que se eleva con el viento como si fuera otra vez en escoba. Y corre. Fijaos: Corre.

HARRY POTTER 8 (Y 9)

SPOILERACOS AHEAD
Harry Potter y la maldición de Roo-Tina

Hay octavo libro. De hecho la trama es inesperada: Potter no tiene poderes. Potter vive y se aburre. Potter está casado, tal vez con Ginny Weasley pero Roo-Tina lo convierta en una joven McGonagal que ha viajado en el tiempo, pero tiene relaciones con Hermione cada noche de luna llena, a escondidas de Ron, en un Motel Muggle. ¿En cuanto a Severus Snape? Severus es un soldado en unas guerras balcánicas, en las que escribe en El Profeta crónicas que luego se publicarán bajo el título de Homenaje a Catalonia.

En un momento de su vida, Potter hace conjuros para que no se le noten los Chupetones. Harry Potter, pasmado, cansado, termina el libro ante la aparición de La-Que-No-Debe-Ser-Nombrada: La Cana (Kha-Na).

Harry Potter y el No Misterio de la Vida Marital.

Potter usa sus expediarmus para elminar sus canas. Además, Potter hace trucos (cortesía de HT™) para que su hijo no derrame el zumo en su alfombra comprada de Ikea. Sin embargo el Misterio de la Vida Marital narra como Jamie Jonah Potter sufre un accidente cuando es atropellado por Dolores Umbridge. Hagrid, el nuevo pastelero de los magos, les prepara tartas y les dice Parece una tontería pero es importante tomar estas cosas.

Luego del accidente la esposa de Harry se intenta suicidar. Se toma pastillas “la gente se vuelve MAJARETA”, se dice. Harry se enfrentará pues al peor momento de su vida: La Depresión Fruto de la Pérdida y la Ausencia Total de otra aventura que no sea ir al Manicomio de Saint Joanne a darle de comer a su esposa o al hospital infantil donde permanece su hijo recluido. Harry Potter mira con nostalgia el hipogrifo y se va cada noche a un bar de blues dónde Garth Black (hermano huido de la família de su padrino, Sirius) canta los Blues de los Pura Sangre. Incluso tiene un disco Pure Blood on Pure Blood y su secuela magnífica Half Blood on the tracks.

Por otro lado, en su segunda parte el libro narra el destino de nuestro trío favorito. Ron Weasley está en Alchohólicos Anónimos engordando peligrosamente. Paralelamente Harry tiene un grupo de música, Mugglasis, cuyo primer album (What's Up with the Wizard Glory) resulta un éxito inesperado. Hermione Granger empieza a escribir grandes novelas como The complete stories of Hermione Granger, una autoficción considerada como una mezcla extraña entre Joyce Carol Oates y la primera Jane Austen (que en realidad es maga, claro). En esta espiral de éxito inesperado para Harry, decide reencontrase sexualmente con Hermione para practicar una nueva guía de posturas sexuales para magos que conocen el Reedita Albatrius.

Los últimos capítulos de la novela estan narrados por Ron (Vivo en Villa Mugglhese. París es como una zorra y Londres no domina las felaciones. El coño de Hermione es como el de un dragón. A fin de cuentas, media vuelta y ya) que resulta que lo reúne todo en una novela Despotrico de Trance.

La verdad es que esta es la mejor novela de JK Rowling. Equilibra muchas citas a Nabokov (Hermione, patronus de mi varita, vuelo de mi nimbus) e introduce la intertextualidad (Harry convierte a Hermione en un reflejo de Emma Watson cuando su pene sufre disfunciones).

martes, julio 17, 2007

19th Nervous Breakdown

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- Una muestra clara del hiperrealismo bloggerego -

Señores, me hago viejo y algo más barbudo. Y para celebrarlo les encomiendo a Vince Guaraldi que nació un 17 de Julio justo 60 años antes que yo. La verdad es que no hay nada mejor para terminar tus 18 años que el Ultimate Fantastic Four en el que nuestros amigos se topan con los Marvel Zombies, first time, que nos confirman que todas las buenas ideas vienen de... eh... si Mark Millar.

Los 19 me parecen eso, una puerta entre dos mundos y si, uno de ellos parece de zombies ¿eh? Pronto entraré en la veintena y diantres, no me harán sonrojar todas esas bellísimas mentiras piadosas de joven promesa (que conforman el segundo pareado clave para cualquier teen). En cualquier caso volvamos a Guaraldi. Y gracias a todos los lectores que pasaron por aquí, diantres. Y muchísimas más a los que vendrán y sobretodo a los que volverán.

sábado, julio 14, 2007

¡Esto mola el doble que Armageddon, lo juro!

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Michael Bay ha hecho LA. PELÍCULA. DEL. VERANO. Pero como dice Tones, una película que no deja de ser de Bay al cien por cien. Pero es un Bay autorreferencial y autoirónico al máximo: su presidente de los Estados Unidos ve relegado su heroísmo en el ministro de defensa y demuestra toda su preocupación pidiendo pastelillos en el Air Force One.

“¡Tiene tres garras, se trata de Lobezno!” es otra de las frases míticas de Transformers (la más satisfactoria y rebuscadilla la de Más de lo que tus ojos ven: una reutilización del título de los tres primeros episodios de la serie reconvertido ahora en romanticismo adolescente, que es una perfecta síntesis del alma de la película) , que es la mejor película del verano (y también la más honesta) que he visto hasta ahora. Robots dándose de hostias, Megatron como villano de discurso encantadoramente nietzscheano y un Bay desatado. Su autorreferencialismo no termina en sus frases , sino también reedita recursos de películas anteriores con la tranquilidad de un maestro (¡la vengala!) y Transformers se convierte así en la perfecta película del verano con un protagonista ultracarismático (Shia LaBeouf), gags intertextuales (¿Me suenas del equipo de fútbol?) y un humor sobrecargado que da gusto (desde la broma de las canciones hasta el momento del jardín: una ejemplar comedia suprabarroca teenager en el que se mezclan robots, la chica de tus sueños y unos padres dispuestos a humillarte).

En definitiva, esta vez Bay SÍ y a lo GRANDE. Con la complicidad inevitable de Spielberg que parece querer devolvernos el legado Amblin no mediante una jugada retro-nostálgica sino con toda una actualización en toda regla. Quizá me sobresaturó el preclimax (de la resurrección de Megatron a la batalla final) por excesivo en cuanto a minutaje y espectacularidad, pero el resultado final es demasiado satisfactorio: una sobredosis de sonrisas cómplices capaz de mantenerte sonriente hasta el final. Transformers es una película del verano como las que esperamos y como las que volveremos a ver.

jueves, julio 12, 2007

Herzog(s)

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Sanford Pinsker apunta en Jewish American Fiction (1917-1987) que con Herzog, Bellow empieza a tomar otras direcciones fuera del territorio intelectual y las irritaciones de sus cada vez más agresivos protagonistas. Es cierto: Herzog trasciende los problemas intelectuales de una forma muy parecida a la de las cintas de Woody Allen. Comparte muchas pretensiones con Deconstructing Harry (1997) sobretodo de la misma historia de Harry Block, serían hermanas en muchos momentos sino fuera porqué la cinta de Allen tiene una condición autorreflexiva que la inunda de muchas otras subtamas brillantes.

La solución, dice Pinsker, está en el corazón de Herzog. Yo me atrevería a decir que está también en la delicadeza de Bellow. Bellow es capaz de incluir una subtrama de abusos sexuales iniciando el momento como una comedia de situación, digamos amarcordiana, haciendo que el momento dramático interrumpa sin más dilaciones. No convierte esto en un trauma paródico-freudiano, sino en una reaparición breve e inquietante. Y el corazón de Herzog (eres un buen hombre) delata también esa condición de Bellow de retratar a sus buenos hombres como fracasos. Deconstructing Harry comparte con Herzog, no se sí voluntariosamente (pero Bellow aparecía en Zelig así que no sería tan extraño), la escena del coche de policía en la que se destruye la figura del progenitor como héroe ocasional via expeditiva. También la visita al hermano, en la que Bellow-Allen tejen similar mensaje: una relación maracada por la admiración del protagonista hacia su hermano/a pero también cierta cabezonería de demostrarse a si mismo que pueden seguir adelantes. Harry Block y Moses Herzog, frenéticos y neuróticos, acuden a ver sus hermanos como maestros del sosiego, de la tranquilidad. Allen, no obstante, opta por un final mucho más optimista que el de Bellow, que situa la escena de la visita al hermano y la del coche policía en el centro mismo de su clímax final y el descorazonador viaje de Herzog por su extrañeza vital.

miércoles, julio 11, 2007

Parece que no lloverá más en Neptune

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-spoilers ahead -
The bitch is back es como me temía, no un capítulo nostálgico, ni siquiera la épica de última hora (la urgencia de la nostalgia, en otras palabras) sino LA. POCHEZ. Si por algo adoro Veronica Mars es por su carácter puramente noir que suele llevar bien su propuesta chandleriana.

Su último capítulo parte de un comeback inesperado (otra vez Verónica está mal vista por su instituto) y de la reaparición de, como manda la tradición, Lilly Kane. Pero no crean que vivimos de retales y de reapariciones: este capítulo es la melancolía en toda regla de una serie de personajes a los que no volveremos a ver más que en tebeo (y eso aún está por ver: en cualquier caso me muero de ganas).

No hay despedidas gloriosas en The bitch is back, de hecho el que sale con más dignidad es Logan, que se despide a tortazos, como debe de ser. Muchos personajes se despiden con la decepción (una de las escenas míticas es el ascensor). Lo más acertado de The bitch is back no es en su trama (que tampoco desmerece: una sociedad secreta de gente rica, es algo que todavía sigue funcionando) sino en ese planazo final que nos deja a Veronica Mars paseando sola por Neptune, tras votar. Al levantarse su padre, Keith, ya no está. Ahora Veronica camina sola, como todos sus fans/seguidores que nos quedamos así: huérfanos y sin ningún otro remedio que el de andar.

viernes, julio 06, 2007

El cáliz de Potter

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El lector más listillo y harto de la saga ya se topará al dar con el libro con una sorpresa: hasta la página 145 el expreso de Hogwarts no hace acta de aparición. Un rasgo sin duda muy sintomático para un libro muy divertido. Harry Potter y el cáliz de fuego es, para empezar, una forma brillante de romper con el ya formulario esquema de las primeras entregas. JK Rowling se dio cuenta de su error y decidió centrarse en los elementos más costumbristas. Porqué, pese al absurdo complejo de madurar y hacerse oscuro (¡por el amor de Barrie y Carroll: como si la literatura juvenil no pudiera ser aparente y sí muy sugerente, perversa y sutil!) que abunda entre los críticos/fans/consumidores, esta novela es en su primera parte una comedia. Como lo leen. Si Roth y Malamud afinaron un montón con su comedia jewish, lo de Rowling es comedia magish, sobre el peculiar costumbrismo de este mundo de magos.

Otro punto a favor es el breakdown que supone la intro: la mansión de los Ryddle y su leyenda urbana, funcionan a modo de guiño pop a todos los que esperan que esto sea oscuro. El sentido del humor ofusca cualquier deshonestidad o ambición desmedida: sólo así hemos de interpretar lo de la Marca Tenebrosa. ¡A estas alturas quién va a temer a Voldemort, ese villano de mwa-ha-ha!

Rowling consigue paliar a medias uno de sus principales errores: la justificación dramática. Este error es muy común en la saga de Potter y ponen en evidencia la vulgaridad de la autora para dar vida a cualquier situación dramática. Como cuando trata de ponerse épica, vaya. Los momentos tensos de Winky son patéticos y no digamos ya cuando descubrimos el trasfondo trágico de los papás de Neville Longbotoom. No, JK, no. No intentes dar a tus patanes un aire tierno, esto solo revela una estupidez que trata de decirle a uno pssst, que aquí todos somos personajes TRIDIMENSIONALES de una forma ridícula, porqué parece que se avergüence de la magnífica condición de arquetipos de sus personajes. Como si C3PO fuera en realidad el hijo de un robot obrero, muerto heroicamente en las primeras luchas de jedi y sith, vaya.

Por otro lado, el meollo central del film vuelve a poner de manifiesto que esto es una intriga detectivesca a la Agatha Christie, tal y como aseguraba Stephen King en su review para el New York Times, con sus momentos glamourosos con bailes de navidad, encuentros secretos y sospechas desatadas. Todo ese misterio se pierde hacia el final, no obstante el resultado es estimable.

Para el tercer acto, JK Rowling se ha propuesto, de nuevo, evocar a Chandler pero también a Bioy Casares. Su maravillosa forma de introducir esos flashbacks reveladores, conandoylescos, con esos aparatos tan fascinantes como el Pensador le recuerdan a uno a más de una de las ilusiones que llenaban la isla de Morel. Y ese final, con Voldemort matando (¡sí!) y dando un discurso que por fin, le empieza a situar en un buen lugar (en el del malo que supera al arquetipo y se instala en lo terriblemente lógico, línea Ozymandias con pretensiones divinas) que ya merecía. A pesar de ello, el final con los Dursley puede dejarnos un tanto insatisfechos pero antes Rowling nos ha tenido con el falso Moody entretenidísimos. No obstante, a pesar del momento chandleresco de Harry, despidiéndose de un compañero de forma trágica, Rowling vuelve a hacer de las suyas haciendo reaparecer a Winky y… dando al traste de nuevo con la tensión de la situación.

Potter is all around

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Tras leer el libro de forma frenética, emocionante, terminé viendo la cuarta adaptación de la película. Primero hablaré de la película que está llamada a convertirse en pope de un nuevo subgénero ignorado por la crítica más especializada y también la más libertaria: el cine basura global. El primer ejemplo de ello es Spider-Man 3, pero Harry Potter 4 alcanza cotas más memorables al no ser un engendro tan insoportable como la tercera del hombre araña, aunque no por ello significa que sea sustancialmente mejor.

I feel it in my fingers
I feel it in my toes


¡Qué pragmáticos son los británicos (de la Warner Bros)! Pensaron: ya que el cuarto libro es el más cómico, contrataremos a Mike Newell. Pero ellos contrataron a Mike 4 Bodas y un Funeral Newell. Pero también a Mike El Despertar Newell, el más psicotrónico y sin duda el más olvidado. O sea: tenía que filmar una película más oscura (porqué ahora es moda ¿saben? Que todo sea más oscuro) de las películas. Si hubiera estado Richard Curtis en el guión hubiera sido realmente interesante: otra basura pero de otra catadura, mucho más interesante a nivel degenerativo y al fin y al cabo no tan lejano del espíritu Rowling.

It's written on the wind
It's everywhere I go


Harry Vivir Así es Morir de Amor Potter is back. Esta vez con Hermione en teoría debería de ponerme Ron, pero Radcliffe está MÁS BUENO Granger y Ron Emma Watson es MÍA, Kloves! Weasley. Steve Kloves, el guionista de las anteriores (¿de la de Cuarón… también?) está muy perdido: realmente o se ha leído la novela muy por encima o esta vez la Warner Bros le ha encomendado que haga una película más oscura. O sea, una sucesión de momentos aparatosos con nulo nexo argumental: ¿estamos (o no) ante el nacimiento de un nuevo género? Aunque los muchachos de Las Horas Perdidas se equivocan: el problema de la película no es su melodrama, sino su ausencia total de narrativa sustuituida por un catálogo de maravillas (y minutos). Aunque la dark fantasy está insertada porqué sí y el cementerio (lugar clave y climático) resulta demasiado artificioso para transmitir... algo.

Christmas is all around me
and so the feeling grows



Y llega el baile de Navidad: Newell se pone a hacer pequeños gags pop (¡esas canciones!) y Harry Superstar Potter se pone caliente parcialmente con Hermione Nipples Granger y Cho Chang. Entretanto ver a Brendan Gleeson (por cierto una gran actuación para un papel inadecuadísimo), Robbie Coltrane y Maggie Smith haciendo el más voluntarioso ridículo en la pista de baile…. NO TIENE PRECIO. Luego está Rita Skeeter, fatal trasladada, que debería resultar ese toque extravagante que no kitsch que Kloves & Newell no termina de entender.

My mind's made up
The way that I feel


La esencia de Harry Potter 4: The Movie no es la magnífica secuencia de las sirenas: es cada una de las bromas excesivas, desentonadas y, seguramente, terriblemente involuntarias que propone al espectador. Kloves no quiere escribir más Potters (pero vuelve en la sexta: no os preocupéis) y aunque la película tiene una intro respetable: los flashbacks, la resolución del misterio, la traslación cutre-lujosa del Pensadero y TODOS los momentos RADCLIFFE lo salvan todo. Harry Potter 4 es una pura basurilla incapaz de satisfacer a quien disfrutó el libro, es una desternillante demostración de que toda la aparatosidad del mundo es nula para llevar a buen puerto una adaptación. Yo admito que me reí un montón de sus delirios inesperados pero que realmente me dormí. El aburrimiento le supera a uno, que asiste a sucesiones de efectos para nada logradas y sí muy convencidas de su grandilocuencia.

jueves, julio 05, 2007

The Dark Knight is Back

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Batman está de suerte. La serie regular que edita planeta mezcla Detective Cómics con Batman e incluye un par de historias de cada arco. Grant Morrison en la primera y Paul Dini en la segunda. El All-Star Batman tiene a Frank Miller y Jim Lee al frente. ¿Con este plantel cualquiera se queja, eh? Pues SÍ.

All Star Batman and The Boy Wonder propone situarse unos años antes de lo que será el DK milleriano y lo hace a lo hiperbólico: todo está lleno de mujeres fatales, de relaciones imposibles y.... de remedos Millerianos. A ver si me explico: los mejores momentos de All Star Batman vienen por su desmedida y loca violencia, pero da la impresión de que Miller se ha dejado su capacidad de reinvención en otra parte. Se limita a ofrecer un buen concierto y a tocar covers: la relación entre Superman/Wonder Woman es parecidísima a la de Dwight y Gail, el Batman nos devuelve gran parte de las siluetas de Marv y sus amigos.... Uno no puede dejar de amar All Star Batman pero tampoco puede dejar de reprocharle que no sea más loca y que sea Miller quién decida lo que es alimenticio y lo que no. Su Robocop VS. Terminator era, fundamentalmente, un ejemplar cómic de acción con una serie de hipérboles ultraviolentas construidas de una forma perfecta y en clave netamente derivativa. Las aportaciones de Miller (el enfado de Superman con Batman por el secuestro del joven Grayson) suenan a vaga reedición y hecha para millerianos nostálgicos... o algo. No todo está perdido: queda la sensación, certera, de que por poco que se esfuerze Miller puede hacer algo muy notable, pero para ello requieren ganas de tejer nuevas situaciones y adaptarse a un argumento que le de para saborear su estilo indudablemente visual y violento. Sería una locura criticar al tebeo por lo psicótico que es Batman, de hecho esto es lo que más nos gusta.

Justo lo contrario ofrece Grant Morrison. Tanto al frente de Batman sabe que para afrontar la tarea de estar frente a un ICONO la mejor idea es llevarlo todo al extremo. Recuperando una trama paternofilial de la saguita de R'As Al Ghoul el número empieza con la imagen del Joker diciendo que ha matado a Batman. Dos páginas más tarde la situación SE INVIERTE. Literalmente. Y después tenemos una maravillosa historia de Paul Dini: parece el equivalente de un cuento de John Cheever ,de recién llegados a una ciudad grande (y la melancolía existencial que ello conlleva) sumado a la presencia del murciélago. Por si fuera poco.


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Y nuevamente Morrison se patea a gusto con Miller, en su All Star Superman. Empeñado en hacernos revivir el sense of wonder de la pulpa, las aventuras de Superman son lo que en algunas ocasiones parecía que iba a ser la cinta de Bryan Singer: una verdadera recuperación de la belleza de lo son las aventuras de una deidad en la tierra. Y sin coñazos cristianos ni nostalgias mal entendidas: el tebeo de Morrison y Quitely contiene todos esos bichitos monstruosos que tanto nos hicieron vibrar en New X-Men, o lo que es lo mismo, tramas de pura ciencia ficción insertadas en el mundo del hombre de acero. Sin coartadas ni sellitos de auteur, la imaginación de Quitely desborda y la diversión contagiosa de Morrison también. El resultado es maravillloso: el mejor tebeo de Superman de la década, a competir con Loeb & Sale en un ranking.

martes, julio 03, 2007

Children of the Rowling

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Lo confieso: mi relación con Harry Potter es lo más parecido al amor/odio que he tenido jamás. Supongo que la prefiero a mi relación con Tolkien que termino en un brusco divorcio tras su primer libro anillero. JK Rowling me enamoró en Harry Potter y la piedra filosofal, antes de la película off course, y me acojonó en su segunda entrega. De hecho, creo que eran dos libros perfectos: el primero funcionaba con la consciencia, que diría el maestro Tones, de estar creando una saga y por lo tanto estableciendo unas reglas. Pero el sentido del humor de Rowling se apaciguó en la tercera, creo yo o al menos eso me pareció. ¡Diantres! Pensaba, Dumbledore es un Merlín de mercadillo Y Potter me parecía una descarada y aumentada reedición del arquetipo de Tim Hunter. Por eso los disfruto. En el tercero me aburrí soberanamente: la fórmula estaba más gris que cualquier otra cosa. Y eso que el libro tenía un montón de ideas maravillosas: Sirius Black, viajes en el tiempo, licántropos. ¿Qué ocurrió? A mi juicio Rowling estaba completamente empeñada en insuflar épica a lo que es una saga de retales referenciales, que funciona más cada vez que se torna más apócrifa y viola sus aparentes códigos. La tercera entrega, a mi juicio, respeta cada uno de los patrones de la novela primera... y por eso se hunde. Pero ¡hey! Here comes the Cuarón, para sacarme del ostracismo potteriano y me hará leer cuarto y quinto libro para que vea la entrega que mejor pinta tiene: la QUINTA. Lo que ocurrió después de Harry Potter, es que mientras la saga ganaba integristas yo me pasé al bando de Lemony Snicket. Y ahí sigo: Daniel Handler ha pateado, reinventado y maravillado toda la literatura infantil en sus libros. Y espero leerme el séptimo, el The End de los hermanos Baudelaire como la más honesta muestra de aventura nonstop bien entendida.

Volviendo al niño mago: Harry Potter y el prisionero de Azkabán es una mala adaptación. Pero una adaptación netamente incorrecta, en su sentido literal. Por eso funciona y por eso tal y como asegura sabiamente Gerard, un fugitivo nato de Azkabán, (el culpable de que vea la película ¡GRACIAS!) tiene un ritmo tan vertiginoso, porqué no se empeña en igualar las dos horas y media (y más) de sus antecesoras. Pero además es lo que debería haber sido el tercero respecto a los otros dos: una expeditiva aniquilación del esquema, que en su segunda entrega ya había alcanzado su clímax de aventura (¡y pedía oscuridad a gritos, no a granitos! Y supongo que este problema viene del hecho de que la Rowling se empeñe en escribir siete libros, que esa es otra, aunque aún le veo el punto al disparate, un punto obviamente kingiano). Las dos primeras películas oscilan entre lo malo y lo infrafílmico. Chris Columbus estuvo en la mejor adaptación de Potter, que es El secreto de la pirámide. Y en su primera entrega de la saga falló ese componente netamente apócrifo para dar verdadero sentido de la aventura. La segunda entrega, que ya no me llevó al cine, la vi como el sedante en las horas de inglés y me pareció una cosa arrítmica, artrítica y bostezante. Pero los niños de Cuarón han crecido y para bien.

Alfonso Cuarón viola las reglas de Columbus y le da un estilo visual mucho más oscuro, un hiperrealismo que se traduce en un fantastique naturalista. Pero esto no termina aquí, Cuarón y Kloves parecen conocer a la perfección los problemas de un libro gris en el mal sentido y convierten lo desaprovechado en brillante: esta es una película de aventuras oscura y crecida, con viajes en el tiempo post-back to the future 2 que ¡sí! MOLAN por encima de cualquier cosa y un sparrowiano Sirius Black encarnado por el mejor y más nosferatuiano Gary Oldman. El resultado es espectacular. Uno adora a David Thewlis como Remus Lupin, uno confunde a Michael Gambon con Merlín (y no con Richard Harris, como ingenuamente pensaron los fans).

Pero no todo es tan redondo: la perfecta narrativa de Harry Potter y el prisionero de Azkabán encuentra sus trabas en la representación del patético Peter Pettigrew, encarnado por un burdo Timothy Spall. Spall pone en evidencia dos cosas: el exceso demasiado consciente de los buenos actores que hacen el tonto (Gilderoy Branagh on my mind) y la cabezonería de Steve Kloves y las mentes pensantes de la saga por adaptar algo que se les olvida que es ¡ay! Literario. Supongo que ese es el problema de todas las películas que he visto hasta ahora: esa condición, como aseguraba Don Noel Ceballos (otro de los potterólogos favoritos de este rincón), de resumen parcial del fenómeno.

Pero al margen, Harry Potter 3 es la victoria de Cuarón sobre todas las cosas. Y, afortunadamente, sobre JK Rowling. Cuarón mejoró su batalla con el destrozo del penoso remedo de PD James en otra película del pasado año que resulto... sí, una obra maestra. Pero antes ya demostró sus cualidades para rodar una película fantástica... de bien.

sábado, junio 30, 2007

La noche se mueve

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Petros Márkaris comentaba hace un par de años en su semana de la Novela Negra Barcelonesa que ésta es el verdadero testimonio social. Y además hay un subgénero claro tocado por el sol del mediterráneo. El debut en el largometraje de Jorge Sánchez-Cabezudo puede que se mantenga en lo primero, pero no en lo segundo. Su ambientación en la España Rural radiografía con singularidad una sociedad gris y desesperada, y su tono en ocasiones parece anunciar una suerte de Henning Mankell no serializado y sin tanta trascendencia sueca. O lo que es lo mismo, un James M. Cain en muy buena forma.

La noche de los girasoles es una excelente muestra de cine negro que abre muchas vías tópicas y traza un camino (hasta el final del recorrido) paralelo a todas ellas. El personaje del vendedor, uno de los desencadenantes de la historia, podría volverse un manido ejercicio de psychothriller con inicios y momentos vocacionalmente anticlimáticos y excéntricos. Con la presentación de los espeleólogos uno tiene una reminiscencia peckimpahiana de venganza. Y tampoco.

Así hasta llegar al maravilloso personaje de Celso Bugallo, Amadeo, un guardia civil derrotado que asume la mentira, el fracaso, el error y el bienestar como un auténtico acto de amor. Y Sánchez-Cabezudo tiene otros códigos de interpretación muy distintos a los de Frank Miller: para él basta con una canción de Antonio Machín para expresar una sensación coral. Lo que nos lleva directamente a dos territoriso conocidos: a Robert Altman, con la que la película comparte un tono muy parecido, y a el Largo adíos de Raymond Chandler, otra novela de destinos cruzados.

Pulp Fiction fue sin duda meritoria por, el otro millón de motivos aparte, saber aglutinar una reinterpretación personal y distinta de todos los lugares comunes y mitología noir en una única historia perfectamente enlazada y visible. La noche de los girasoles, comaparaciones odiosas aparte, comparte con la cinta de Tarantino el afán de reunir en una historia contada rashonomianamente la desdicha eterna de todos esos antihéroes. La diferencia elemental con Tarantino es que Sánchez-Cabezudo lo hace por la vía del humor amargo y en ocasiones excéntrico de unos personajes que viven en ninguna parte. Y la diferencia elemental con todas las pulpfictions movies es que Sánchez Cabezudo no necesita lanzar a un guiño e imitar el tono de un compañero, para abrir nuevas perspectivas a un género fascinante, quizá, como decía el sabio, el más perfecto de todos. Una película contenida y maravillosa aunque uno no disimule al final las ganas de saber más de ciertos personajes, como el de Rodolfo Sancho o el mismo Vendedor, llenos de un carisma arrebatador.

Best of Leatherface

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Yo no he visto, hasta ahora, ningún problema en la reinvención [pos]postmoderna (por llamarla de algún modo) del horror rural de los años 70 (que no del revival del horror moderno en general).. Y de hecho, La Matanza de Texas: El comienzo evidencia la gozosa salud del género. Pero, también la fragilidad del mismo.

Me explico: en esta nueva entrega, los muchachotes de Michael Bay parecen querer juntar ideas tan, a priori, atractivas como errores descomunales. Por un lado, en la producción vuelven a estar Tobe Hooper y Kim Henkel, a modo de testimonio de que el cover realmente mola (o si prefieren la versión hard: Hooper y su carrera lo necesitan). A eso le suman ustedes a David J. Schow (junto al guionista con futuro en la industria, Sheldon Turner), el director de la tercera, en la historia.

Ahora bien: la idea de una precuela en tono postmoderno (que TODO quede explicado, que TODO quede atado) aquí alcanza su condición de absurdo. Me explico: los continuos guiños a cómo fue ocurriendo todo le quitan ritmo y desvían una película, que por otra parte, funciona perfecta e independientemente con una independencia completa.

David J. Schow tituló su tercera entrega de la saga Leatherface, como declaración de intenciones demuestra aquí tener mucho savoir faire y regala un montón de imágenes icónicas del personaje (entre las más perdurables: el primer encuentro con la sierra y la primera caminata ; y por ende la imagen final de la tristeza del asesino sin víctimas ya). Pero también comete un error: su respeto y amor le pueden y en ocasionse la película juega a ser una suerte de recopilatorio de grandes momentos. Otra vez, las torturas de Nispel con despedida amorosa. Otra vez, como en la original, las comilonas grotescas, lo que da una sensación agradable pero se percibe un agotamiento un tanto desigual respecto a las otras propuestas del film.

Es una lástima que tras unos brillantes 50 minutos la película se pierda en detalles como la parálisis del tio Monty, del todo manidos. Y lo es porqué hasta entonces encontramos una película literal sobre el Vietnam, totalmente ácida y con detallazos maravillosos, que anuncian una suerte de bélico rural o lo que es lo mismo: puro deliverance. La cosa no se queda en esta idea y además introducen a los clásicos motoristas del infierno, con lo que la diversión parece asegurada. Es una lástima porqué está llena de personajes con gran fuerza, que aseguran mucha diversión (desde los dos moteros hasta el soldadito que quiere regresar a Vietnam, toda una colleja a Apocalypse Now) y una vez más el amor al icono, hacen que Schow se decida sólo por UNO.

Aunque todos estos gruñidos son más breves apuntes en lo que puede derivar esta necesaria reinvención que de momento no para de administrar oxígeno. Y de hecho, este El comienzo no es nada decepcionante: es capaz de remontar brevemente el vuelo (la reaparición de Dean, no tiene una muerte a su altura de pacifista sucio) y tras esta desilusión tener un cierre francamente melancólico. O dicho de otro modo: la película está a la altura de su serie de cómics y funciona con ese grado de diversión asegurada. Suena a tópico pero es así: disfrutar de cine de género así sigue siendo un lujazo.

jueves, junio 28, 2007

El Síntoma Chéjov

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Esta tarde he leído El síndrome Chéjov debut en la escena literaria de Miguel Ángel Muñoz. Entre las cosas que supuso este debut, está la obertura del blog, a priori, promocional del libro que enseguida derivó (afortunadamente) en una suerte de portal de la Resistencia del Relato en castellano no adherida a la Corriente General (gente como Ángel Zapata o Mercedes Cebrián han sido entrevistados, por si queda alguna duda de mi afirmación).

Lo curioso pese a la apariencia chejoviana, es que la mayoría de sus relatos me han parecido una Cheeveriana. Una puesta en escena de su teoría ejemplificante. El principal problema de la práctica es, curiosamente, su estricta fidelidad a su modelo teórico que entorpece el interés y la fluidez de una prosa personal en sus cuentos. Y lo digo desde la honestidad: por eso mismo, que los cuentos de Miguel Ángel Muñoz me parecen más interesantes que los de un consagrado como Sergi Pàmies. Muñoz demuestra hasta qué límites puede llevarse la influencia de los narradores norteamericanos como el maestro de Shady Hill o Carver y en ocasiones uno se da cuenta que a pesar de ser un aplicado alumno del autor de Falconer, Muñoz está más cómodo acariciando un lenguaje de jerga que lo emparentaría más con los cuentistas jewish (llamemos a Salinger, llamemos a Malamud) y le dan más vida.

El cuento de Chéjov es un doble salto mortal sin red del que se sale con el sobresaliente: ahí Muñoz desplega su encanto, su homenaje, su cariño y su complicidad desde la primera hasta la última palabra. Los chejovianos, desde luego, no le podrán hacer ni un reproche... pero tampoco los que buscamos una ficción distinta.

Me explico: uno nota síntomas de que hay en Muñoz un jugoso y brillante observador con esa maravillosa re-recreación del Homer Simpson-Santa Claus, dotada de una fuerza icónica e identificativa netamente pop: inmediata, sí, y además toda una declaración de intenciones. Pero mi relato favorito es (sí A PESAR DEL TÍTULO, lo digo bien alto) El rapto de Woody Allen. La jugada es mucho más suicida que el de Chéjov o al menos a su misma altura: explicar la love story de unos feos en la época del cine de Jared Hess. Muñoz sale sorprendentemente airoso. En su primera escena (como la pareja se conoció) evoca enseguida a todo el imaginario teen del cine de los ochenta. Todos tenemos claros aquella pareja de secundarios entrañables que sigue estando en nuestras vidas. Muñoz no los convierte en héroes: de ello ya se ha encargado el día del orgullo friqui y de una forma mal. Muñoz los conierte en humanos y resuelve su historia con un mensaje impresionante que le lleva hasta las alturas de las metáforas literales de Society de Brian Yuzna. La pieza más brillante y encomiable del libro sugiere un narrador de historias cortas con humor hardcore que le lleva más cerca de Joseph Heller (o Quim Monzó) que del mismo Allen, que además podría ser el narrador sin pretensiones fantastique con el espíritu más maravillosamente cercano a la Nueva Carne. Sólo este relato ya justifica la inmersión en las páginas de Muñoz.

El síndrome Chéjov es un libro recomendable para los amantes de la ficción doméstica (y de hecho es en su marco de perfectas variaciones dónde todo tipo de público encontrará su satisfacción asegurada) pero sus momentos más interesantes no están cuando el maestro se aleja de Chéjov, como se puede pensar erróneamente (de hecho, lo hace casi constantemente) sino cuando revela a un narrador que baraja otras posibilidades de metáfora social mucho más mordaces (y llenas de una frescura inmensa) que, quizá, plenamente elegantes.